Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2008.

Bueno, pues pasó otra vez el verano. Instituto, moreneces, aprobados en las oposiciones, y suspensos; caras nuevas y los viejos que ya no están, parte de defunciones... El verano se ha ido entre calores, expos y crisis. Para que haya de qué hablar. Hemos leído bastante, los que han podido, hemos descansado, los que lo han hecho y volvemos otra vez a la lucha con espíritu renovado. De pronto ya todo son urgencias. Pero las dejamos para mañana. Hoy quiero recordar un artículo de Almudena Grandes ("In memoriam") en El País Semanal. Recoge de forma hermosa, rigurosa e intensa lo que ya ha llegado a ser cuestión fundamental para muchos de nosotros que nos consideramos de izquierda y, por otra parte, lo que parece que una parte mayoritaria, a lo que parece, del melindroso PSOE entiende, y es esto: ¿Cómo es posible que se sigan venerando imágenes religiosas, pidiendo desagravios, nombrándolas alcaldesas y otros cargos "terrenales"? (Me malicio que nuestra virgen aún es capitana generala, y más en este año bicentenarial donde sólo parece que la pólvora, las gónadas de nuestros antepasados y la milagrería relucen) ¿Y cómo es posible que, por contra, se olvide a esos maestros, hombres y mujeres de "carne y hueso" que dedicaron su vida al hermoso deber de ascender el nivel cultural de los niños?. Almudena dice: "José Tirado Franco, la escritora lo repite muchas veces, para que no se olvide; José Garrido Moreno, y lo dice otra vez, y otra, y otra más. Ellos no eran tallas de madera, sino hombres de carne y hueso. Por eso murieron, y nunca se ha sabido cuándo, dónde, a manos de quién ni a qué cuneta fueron a parar sus cadáveres. José Tirado Francoa, José Garrido Moreno, maestros. La escritora se teme que ningún Ayuntamiento celebrará jamás un pleno para colocar una placa con sus nombres, pero desde el pueblo donde enseñaron, donde vivieron, donde murieron, quiere convertir esta página en un homenaje a su memoria".
Pues aquí, hay un largo listado, que amenaza continuamente con aumentar (tan pobre es aún nuestro conocimiento), de maestros asesinados por el único motivo de querer inculcar a sus alumnos ideas que los elevaban a mayores estadios de dignidad como personas. Y también me temo (yo he publicado en dos libros distintos, y voy a por el tercero, el listado de estos maestros y profesores, que además militaron en su mayoría en el sindicato socialista FETE) que por aquí, ningún alcalde, ninguna Consejera recordará sus nombres. Una lástima.
Vaya lío que ha organizado Garzón. He oído hoy, y he leído, muchas opiniones (de la carrera judicial, de los políticos, etc.) y casi todos (casi, pues he oído a Jiménez Villarejo apoyar la solicitud que hace el juez) se salen por la tangente diciendo pestes, más o menos educadas del ilustre juez. Yo no sé si es el camino o si está condenado al fracaso, pero por la movida que ha organizado ha dado en el blanco. El gobierno, que hizo una Ley de Memoria que dejó un poco perplejos a los de la "peña", se ha visto cazado en renuncio pues nada se ha ejecutado hasta ahora de los compromisos que se adquirían en la Ley. La administración tiene que hacerse cargo de hacer el censo, claro que sí, y restituir los cuerpos que se pueda a las familias, claro que sí. Así que si sirve para que estas cosas avancen, pues bravo por el juez. Aquí, las ayudas del programa "Amarga Memoria", han salido tarde y mal. Sin entrar en detalles (que luego dicen que soy un resentido), las ayudas se solicitaron en diciembre y se han fallado en julio, con poco espacio para llevar los programas a cabo. Las Asociaciones que reciben estas ayudas normalmente no tienen otras fuentes de ingresos y las actividades hay que pagarlas con lo que, como la administración no paga más que con justificación, pues hay que pedir a las entidades bancarias créditos puente a un interés que, excuso decir. Muchos programas se frustran y así va la cultura. Si a esto añadimos que no ha habido casi nada para ayudar a exhumaciones, pues, una de dos, o las hace la DGA de oficio, como ya desde aquí reclamo (además el director general de patrimonio es arqueólogo), o el progama "Amarga memoria" se queda solo en "amarga". Y es que, como decía Bécquer, qué solos se quedan los muertos... pobres.

Boris Groys, autor de esta frase, nació en Berlín Oriental en 1947. Se formó en la antigua Unión Soviética, en Leningrado, donde estudió Filosofía y Matemáticas (curiosamente otro hombre de la cultura aquí, hablo de Juan Mayorga, naturalmente, también estudió Matemáticas y Literatura). Hay más currículo pero me interesa señalar que, desde 2001, es rector de la Academia de Bellas Artes de Viena. Ha publicado una novela, Bajo sospecha, donde dice "En la época de la cultura del espectáculo, todo el mundo quiere ser protagonista, y de paso tener éxito". "Y quién es el espectador", se pregunta. Yo creo que esto nos lo preguntamos todos al ver el extraordinario éxito de los programas televisivos donde cada uno hace la gracieta, los famosos castings que itineran por toda la geografía española descubriendo protagonistas, o dice su opinión, voluntaria o involuntariamente. En la entrevista que le hace José Andrés Rojo en Babelia (26.07.08), vuelve sobre la afirmación transcrita más arriba: "...ahora todo el mundo quiere ser protagonista, todos quieren mostrar lo que saben hacer (...) Ahí estan MySpace o YouTube: todos quieren expresarse, todos son artistas. Con lo que hay un nuevo problema: ¿quién es el espectador? Guy Debord, el analista más lúcido de la cultura del espectáculo, se suicidó. El último espectador atento se suicidó. Así que hablamos, pero no sabemos quién está escuchando, escribimos y no sabemos si hay alguien que lee. Para que haya espectáculo tiene que haber espectadores". Me parece que puede ser un buen tema para la reflexión.
Lo más reseñable del día me parece el artículo que ha escrito hoy como firma invitada Paco Pariacio en El Periódico de Aragón:
El pasado julio fueron desenterrados en Albalate de Cinca 17 republicanos muertos en el año 1938, entre ellos cinco mujeres, una de las cuales era una joven embarazada, otro joven de 17 años secretario de las juventudes libertarias y el resto, varios ancianos algunos de los cuales formaban matrimonio. Aquellos tiempos convulsos provocaron en la localidad ribereña una matanza cargada de odio.
El campo donde yacían los 17 asesinados ha permanecido yermo durante estos 70 años, todo un símbolo de cómo aquel terreno encerraba en su entraña, la prueba de una tragedia antigua. La acequia que permitía el riego fue utilizada, tras los homicidios, como fosa común de aquellos desdichados. A lo largo de esa zanja estrecha y amontonados unos sobre otros fueron encontrados los cadáveres. Todos ellos, salvo uno, que sigue sin identificar, eran vecinos de la localidad de Albalate de Cinca.
El cadáver desconocido puede pertenecer a un amigo o familiar de alguno de los republicanos muertos que procediendo de alguna otra población se encontraba en Albalate fatalmente, el día de esta represalia. La identificación del resto de los asesinados ha sido realizada gracias a la colaboración de los familiares de los fallecidos. El desenterramiento y posterior traslado al cementerio municipal ha sido auspiciado por la asociación Foro por la Memoria Histórica de Aragón que coordina Carlos Castán y ha sido posible gracias a la iniciativa de Javier y Elena Garrabella nietos de Francisco Puyal y Tomasa Escanilla, uno de los matrimonios republicanos allí enterrados, pues los hermanos compraron el terreno para poder realizar la exhumación en cuanto fuera legalmente posible.
La arqueóloga Julia Justes que ha dirigido los trabajos afirmó que algunas de las víctimas sufrieron algún tipo de tortura antes de ser fusiladas pues uno de ellos tenía clavado un hierro en la columna vertebral. "Ha sido un trabajo extremadamente delicado y especialmente duro que espero no tener que repetir", declaró la arqueóloga. El señor Francisco Puyal Puyal vecino de Albalate que vivió de cerca aquellos atroces crímenes y que en la actualidad cuenta con 84 años, permitió gracias a sus precisos recuerdos que fuera localizado el lugar exacto de los enterramientos y dijo haber oído contar en su juventud que la mujer joven allí enterrada, estaba embarazada y otra mujer fue violada después de ser asesinada, relató cómo los despiadados verdugos festejaron la matanza con borrachera y gritos. Uno de aquellos desalmados se suicidó pasado algún tiempo del feroz crimen.
Las circunstancias de la ocupación por las tropas franquistas del municipio ribereño desencadenó esta terrible matanza de mujeres y ancianos que no tenían en su haber otro delito que ser de izquierdas o tener algún familiar en el frente que defendía la República. El ejemplo de Albalate de Cinca es paradigmático pues previamente a la sublevación militar, se había llevado a cabo durante la dictablanda de Primo de Rivera la desamortización y posterior reparto entre asalariados y jornaleros de parcelas procedentes del patrimonio del Duque de Solferino. Albalate era un municipio mayoritariamente de izquierdas; en las elecciones municipales del año 36, de nueve concejales, las izquierdas sacaron siete y las derechas dos. Tras la sublevación militar del 18 de julio de 1936, se organizó por los republicanos, liberales y libertarios de la población una Colectividad Agraria donde la mayoría de los vecinos colaboraron activamente y que, aún con dificultades, funcionó y envió alimentos al frente. Estos antecedentes en modo alguno justifican, tanto horror, pero sí explican cuáles eran las ideas, los ideales y las utopías que aquellos bárbaros pretendían aniquilar.
Han sido necesarios 70 años para volver a acercarse a aquel campo yermo, y restaurar cierta dignidad a los restos de aquellos infortunados, pero resulta triste comprobar como aún hoy perviven viejos rencores, tal vez el resquemor por perder añejos privilegios, la incapacidad para reconocer la dignidad del que piensa distinto u otros presupuestos más inconfesables, han determinado que el Partido Popular de Albalate, que ha gobernado durante los últimos 16 años y que ahora está en minoría en el concejo municipal, votara en contra de conceder el permiso para que los restos de aquellos infortunados encuentren definitiva sepultura en el cementerio municipal. ¿Por qué desoyen esta petición de las familias? ¿Qué inexplicable mensaje quieren lanzar estos ediles populares al negar el suelo municipal a aquellos desdichados vecinos?
Se da la circunstancia de que un alcalde popular destacado miembro del partido en la provincia de Huesca comentó a sus compañeros cuando gobernaban en esta localidad del Bajo Cinca, la necesidad de realizar el desenterramiento de aquellos restos, pues su bisabuelo materno estaba allí enterrado. Se ha perdido así una oportunidad histórica para recomponer el mapa de la convivencia. Hermosa hubiera sido la unanimidad municipal para practicar esa obra de misericordia que se llama "enterrar a los muertos".
Afortunadamente los concejales socialistas que gobiernan ahora el municipio han apoyado la iniciativa del Foro por la Memoria y de los familiares de aquellas víctimas. Descansen en paz.
Director de Titiriteros de Binéfar. (Firma este artículo con José Luis Paricio).

Sin saber por qué, ayer volví a leer el poema de Miguel Hernández, Vientos del pueblo. Y mi mente se fue a finales de los años 70 cuando siendo joven profesor del Instituto de Barbastro, cantaba esta canción (en la impresionante versión de La Bullonera, pues había otra de Los Lobos), acompañado de mis alumnos y amigos, Jesús y Cristóbal. Entonces no eran los vientos sino los huracanes del pueblo que nos recorrían el espinazo geográfico de Aragón. Nosotros contribuímos en lo que pudimos pateando los escenarios de tercera regional amplificando lo que los cantatutores oficiales lanzaban sobre un público ávido de acabar de una vez con la incuria del franquismo. No puedo evitar una sensación de ternura, pero también de nostalgia. Miguel nos llamaba a todos, convocaba a los resistentes de todas las geografías para dinamitar la mugre (Sí, esa mugre que, al parecer, limpiaron el rey y los otros, Suarez y Carrillo, ellos solitos). En recuerdo de aquellos días, la letra. En la foto, Miguel, como si la estuviera recitando.
Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.
Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.
No soy un de pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.
¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
¿Quién ha puesto al huracán
jamás ni yugos ni trabas,
ni quién al rayo detuvo
prisionero en una jaula?
Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpagos,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza,
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la minería,
señores de la labranza,
hombres que entre las raíces,
como raíces gallardas,
vais de la vida a la muerte,
vais de la nada a la nada:
yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,
yugos que habéis de dejar
rotos sobre sus espaldas.
Crepúsculo de los bueyes
está despuntando el alba.
Los bueyes mueren vestidos
de humildad y olor de cuadra;
las águilas, los leones
y los toros de arrogancia,
y detrás de ellos, el cielo
ni se enturbia ni se acaba.
La agonía de los bueyes
tiene pequeña la cara,
la del animal varón
toda la creación agranda.
Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.
Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.

Llevamos varios días mareando la perdiz. Como siempre. Y en los temas que merecen la pena. Hemos llevado al debate a si el juez Garzón es o no un figurín. Y nos hemos olvidado de lo sustancial. Todavía no sabemos quiénes, cuántos, dónde están y sí, también, quiénes los sacrificaron. Todo lo demás es estéril. Dejando a una parte a la derecha que, coherente hasta el fin, quiere seguir negando lo que les concierne políticamente (y muchas veces personalmente). También, por qué no decirlo, hay munícipes de derechas que han recuperado la memoria de los republicanos. Pero a lo que voy es que el problema, carajo, está en el tacticismo izquierdista. Si todo se reduce a un tema técnico, de listas, vale, tenemos muchos expertos en documentacioón que, naturalmente con dineros, saben qué buscar y dónde, tratar la documentación y preparar un informe. Pero es que creo que estamos, repito, desde la izquierda, con el viejo problema de cogérnosla con papel de fumar: a ver si no se molestan, etc. Muchos alcaldes, gordos ellos, de izquierda, se niegan a ver lo evidente. Y el PSOE sigue sin atreverse a, de una vez por todas, acabar el trabajo de dignificar a los muertos y represaliados que, esto es lo que más me hace flipar, en buena medida fueron socialistas, como creo modestamente haber contribuido a demostrar. Todo es demasiado oscuro y demasiado sórdido. Y uno se cansa. Y le dan ganas de mandar a estos a la mierda y tirar por la calle de enmedio. Que nuestro gobierno regional rosiazul dé las subevenciones que da para la memoria histórico (y a quién las da), clama al cielo. No se enteran. Todo está alrededor del poder (no del PODER que ese está en otro sitio), sino del poder pequeño, de los estómagos agradecidos, de los cagapoquito que como moscas están tomando decisiones muchas veces sin oir lo que pasa más allá de los despachos. Ya está bien. Para los pocos que lean este blog, decir que nosotros, los trabajadores voluntarios de la Fundación Bernardo Aladrén, hemos puesto nuestro grano de arena con un recurso (http://www.liberadosdelolvido.org) donde se puede encontrar un listado de unos 34.000 nombres de aragoneses represaliados en la guerra civil y en el franquismo (en todas las modalidades: económicos, depurados, asesinados, exiliados, que sufrieron carcel, etc.). Obviamente es una primera aproximación y los datos son limitados (nombre, apellidos, localidad, cargo político, la represalia concreta y la fuente de donde se ha sacado el dato), pero vamos depurando y corrigiendo y añadiendo continuamente nombres. En un par de meses y sin publicidad, el recurso ha recibido casi 6.000 visitas. Esto es lo que hay y lo que queremos que se sepa. Un trabajo coral de historiadores, sindicalistas, documentalistas, etc. Sin nombres, casi sin financiación, pero ya no calladamente. Sin adjetivos y a lo fundamental. Y allá películas con Garzón. Vale.
¿Qué os parece ésto? No hace falta más palabras. ¿Cumple el PP la Ley de Memoria Histórica? Ponen a un colegio público en Huesca el nombre de un general golpista La extrema derecha está de enhorabuena. El Ayuntamiento de Albalate de Cinca (Huesca), gobernado por el PP, ha rebautizado al colegio público de la localidad con el nombre de General Solans, uno de los primeros militares que se unieron a Franco en el Golpe de Estado contra el régimen legal y democrático de la República en julio de 1936 que desembocaría en la Guerra Civil. |
La noticia la ha publicado el portal ultraderechista infonacional.com, quien asegura que en el mes de febrero un grupo de personas denunció en un acto público el hecho de que el ayuntamiento aprovechara unas reformas en el centro escolar para colocar la placa con el nuevo nombre de “Colegio Público General Solans”. Por supuesto, los extremistas han apoyado esta iniciativa a pesar de que “despreciamos totalmente al Partido Popular y su acomplejada política”. ![]() Telegrama El general Solans fue el que dirigió las tropas golpistas en la ciudad de Melilla y es famoso por un telegrama que remitió a Franco el día 17 de julio en el que decía: “Este Ejército levantado en armas contra el Gobierno, habiéndose apoderado de todos los resortes del mando. ¡Viva España!”. Solans también es conocido por mentir al jefe del Gobierno republicano, Casares Quiroga, cuando se sospechaba que la sublevación había estallado. El general golpista se apresuró a responder: “No pasa nada, presidente”. En contra de la Ley de Memoria Histórica Esta iniciativa impulsada por el Partido Popular va en contra del espíritu de la Ley de Memoria Histórica aprobada por el parlamento nacional a finales del año pasado y que contempla la retirada de los símbolos franquistas de las ciudades y pueblos españoles. |

Pues sí, como las serpientes de verano, la prensa (no sé si la prensa consciente) saca a relucir las carencias de la educación española cada mes de septiembre coincidiendo con el comienzo de curso. Se vocea que las encuestas dicen que cada español gasta x dinero (mucho, demasiado) en educación a comienzo de cada curso. Claro, que se nombran siempre los uniformes (¿recordais esa enternecedora campaña de uniformes para la pública porque ahorran en gasto de ropa de paisano?). Muchos uniformes y muchas clases de extraescolares en la concertada y privada, sí que elevan el gasto. Pero, ¿qué pasa con la pública?. Pues, según el último informe voceado, el de la OCDE, vamos de los últimos (no sé en qué, porque las encuestas siempre son confusas y sorprendentemente interesadas) en todo del mundo y, además, los niños están perdidos de droga (ayer en Antena 3, donde las imágenes eran sobrecogedoras: voces de niños evidentemente marginales de barrios más marginales aún, ¿esa es la media española?). Se preguntaba la locutora si no seríamos demasiado permisivos. Caña a la pública que es la única que acoge a todas las clases sociales sin excepción y gratuitamente, tiene el mejor profesorado, sin ninguna duda, y pese al desinterés de la mayoría de los media, sigue haciendo lo que puede, que es bastante, por la educación en todos los sentidos, ahorrando de paso a los contribuyentes otros gastos en psicólogos y terapeutas, labor que desarrollan, además de los profesionales, los propios educadores. Pero la clase media se ha desentendido hace tiempo de la escuela pública (clama al cielo, como ejemplo de esta defección, que muchos de los enseñantes de la pública llevan a sus hijos a la privada concertada y a la privada simplemente). De la misma manera que se ha encastillado en urbanizaciones rigurosamente vigiladas, se ha encastillado también en colegios que chupan del Estado, pero filtran la entrada de la escoria social. Y los gobiernos, también los de izquierdas, han olvidado a la pública como demostraba hace unos meses el colectivo Luzuriaga. Nosotros, los profes, estamos domesticados. Caminamos hacia la jubilación final, hacia la nada, con paso cansino, rumiando pasados plenos de luchas y de decepciones. Pero el presente necesita también de luchas, hay que seguir los debates porque el tiempo pasa y todo se pasa. Lo que establecimos para ayer hoy ya no tiene tanta vigencia. Lo que ayer era progresista puede haberse adocenado de manosearlo. Así que tenemos que dar lustre, volver al conocimiento y al saber, que es lo nuestro, pero en una sociedad cambiante. Todo esto lo definimos perfectamente hace tiempo. Ahora es el tiempo de la educación. Por otros larguísimos 9 meses próximos. Ahora es el tiempo de enseñar a esos chicos que el mundo no es fácil, pero que será suyo al fin y será como les dejen que sea. Pero que solo el conocimiento, la ironía y la historia les ayudará a cambiar un poquito. Pero ese poquito puede significar simplemente un mundo mejor y más justo.

La genialidad de EL ROTO no precisa comentarios, sino reflexión (En EL PAIS del 4 de septiembre de 2008)

No quiero dejar ningún 11 de septiembre sin recordar a Salvador Allende, al presidente Salvador Allende, al compañero presidente. En las brumas de mi recuerdo de aquel 11 de septiembre está el café de Levante y la portada de Andalán. Fue un momento muy duro para las esperanzas de unos jóvenes que todavía creíamos que era posible una vía al socialismo de forma pacífica. Pero no. Muchos de aquellos jóvenes todavía vagamos en el desierto, por un desierto vacío de ideas donde el propio adversario nos enseña en anuncios de colores los posters de nuestros "santos". Así, el "Che", el de las camisetas. Pero prefiero al de los Diarios en motocicleta, o al del discurso de la ONU. No sé cómo encontraremos el norte, y lo que es más importante, como ayudaremos a las nuevas generaciones a encontrar el camino si no es con la ironía, la risa y la poesía; leamos este hermoso verso de Mario Benedetti, que titula "Allende"
Para matar al hombre de la paz
para golpear su frente limpia de pesadillas
tuvieron que convertirse en pesadilla,
para vencer al hombre de la paz
tuvieron que congregar todos los odios
y además los aviones y los tanques,
para batir al hombre de la paz
tuvieron que bombardearlo hacerlo llama,
porque el hombre de la paz era una fortaleza
Para matar al hombre de la paz
tuvieron que desatar la guerra turbia,
para vencer al hombre de la paz
y acallar su voz modesta y taladrante
tuvieron que empujar el terror hasta el abismo
y matar mas para seguir matando,
para batir al hombre de la paz
tuvieron que asesinarlo muchas veces
porque el hombre de la paz era una fortaleza,
Para matar al hombre de la paz
tuvieron que imaginar que era una tropa,
una armada, una hueste, una brigada,
tuvieron que creer que era otro ejercito,
pero el hombre de la paz era tan solo un pueblo
y tenia en sus manos un fusil y un mandato
y eran necesarios mas tanques mas rencores
mas bombas mas aviones mas oprobios
porque el hombre de la paz era una fortaleza
Para matar al hombre de la paz
para golpear su frente limpia de pesadillas
tuvieron que convertirse en pesadilla,
para vencer al hombre de la paz
tuvieron que afiliarse siempre a la muerte
matar y matar mas para seguir matando
y condenarse a la blindada soledad,
para matar al hombre que era un pueblo
tuvieron que quedarse sin el pueblo.
Salvador Allende, 11 de septiembre de 1973, del mensaje a los ciudadanos transmitido por Radio Magallanes a las 9,03 de la mañana. |

En el fondo, en medio del follón de estos días, uno siente una inmensa satisfacción por el hundimiento ante la faz del mundo del capitalismo como sistema económico. ¿Conque se autoregula? Laissez.faire... y ya vemos dónde nos está llevando. Una de las ventajas de la globalización es que la escena se puede contemplar desde todos los palcos. ¿Qué nos dirán ahora esos talentazos "liberales" para volvernos a convencer de que el capitalismo es la solución?¿Cómo nos volverán a engañar? Mientras volvemos al redil, estos días vale la pena leer incluso la prensa más liberal. Miguel Angel Aguilar, siempre tan lúcido decía en el comentario del mediodía de hoy (telegrama a Carlos Marx) que si bien las respuestas de Marx al capital no siempre han sido precisas, las preguntas siguen siendo válidas. Qué bien me siento hoy de no haber corrido presuroso, como tantos otros, a abjurar del marxismo.
Nota bene. Vale la pena leer el blog de APUDEPA sobre el caso insólito del contrato por el gobierno aragonés de dos señoras para realizar informes "orales" (una de ellas, alcaldesa de Sariñena y la otra, Encarna Mihi, presidente de la Asociación de Vecinos de La Almozara y conspicua diputada y portavoz del PSOE en la pasada legislatura. Así, como suena. Cómo está el patio.

Interesante la entrevista que hace Ferrán Casas al historiador Ferran Gallego, autor del libro El mito de la transición en el diario Público de hoy, 18 de septiembre de 2008
FERRAN CASAS - BARCELONA - 17/09/2008 20:57
Ferran Gallego ha hecho un trabajo (editado por Crítica y que se presentó ayer en Madrid) prolijo en citas, datos y hemeroteca. El lector encontrará perlas como cuando el rey dijo que, visto Arias Navarro, echaba en falta a Carrero Blanco. El mito de la Transición cae con Gallego, que incide en la “ejemplaridad negativa” de que altos cargos del régimen siguieran en el poder sin recibir reproche alguno.
¿El mito impide acercarse científicamente a la Transición?
Sí, va contra la complejidad del proceso. Se resalta el consenso pero entre la muerte de Carrero y las elecciones del 77 más que consenso hay movilización, combate social y partidos ilegales. Pero eso no es lo que nos transmiten sino acuerdo, renuncia a lo individual... Lo que hubo fue un choque de trenes entre las familias del franquismo y las de la oposición.
¿La Transición acabará siendo más célebre como proceso histórico o como muestra de autocomplacencia?
No tienen por qué ser dos cosas alternativas. En la medida en que el proceso se deforma es autocomplaciente. Los franquistas no se van y eso se simplifica a partir de premisas falsas. Siempre hay visiones positivas y almibaradas. Sólo hacen un juicio negativo los laminados por la Transición, como lo que queda del PCE. Entonces, no lo hicieron y fueron más partidarios que el PSOE de las renuncias y los consensos.
El principal fruto político de la Transición es la Constitución. ¿Debe sorprender la forma en que algunos satanizan su reforma?
En tu afirmación hay un elemento ideológico juzgándola de principal fruto. Para mí, el principal fruto es que se consigue que la élite política del franquismo controle el proceso de reforma y que, pese a llevarlo más lejos de lo que quería, siga controlando el aparato del Estado. El bloque social que apoyó el franquismo es intocable. Ningún sector económico se ve afectado y la Iglesia mantiene privilegios. La Constitución nace acompañada de unas instituciones controladas por la élite del régimen anterior. Su postergación llega gracias a las presiones sucesivas. La Constitución no parte de cero, no viene de la ruptura sino del reformismo franquista de la UCD. La satanización viene de la pretensión de reformar el modelo de Estado. El PP entiende que rompería el sacralizado y mitificado pacto constitucional. El tema del nacionalismo es el que se resolvió peor.
¿El encaje de las naciones del Estado queda pendiente?
Sí, pero también la forma de Estado entre monarquía o república. Sólo el PSOE mantuvo la tensión republicana pero el conjunto de la izquierda aceptó presentar la República como algo viejo y la monarquía como lo moderno. La monarquía tiene su legitimidad y origen no en la Constitución sino en el franquismo. El tema se ha excluido del debate político. Lo único que le preocupa al PSOE es si Leonor podrá o no ser reina. Es un ejemplo de tema pendiente pero también está el poder de la Iglesia, la escuela privada o la memoria histórica. En ningún momento se discutió la estructura del poder económico. Lo del nacionalismo fue, además, el origen de la crisis de la UCD. Nadie quedó satisfecho y de ahí el problema.
La receta histórica de la izquierda era la autodeterminación…
Sí, se hablaba del Estado multinacional. Conceder ese derecho no sé si habría sido la solución… Hablar así son términos de laboratorio. Habría sido necesario dar más derechos a territorios con identidad nacional como ya se hizo durante la República. Pero eso no se pudo conseguir debido a la correlación de fuerzas. CiU, por ejemplo, tenía más interés en impedir la hegemonía de la izquierda en Catalunya que la autodeterminación.
¿Podemos dar por acabada la Transición viendo la viveza del debate de la memoria histórica?
Es que en los setenta fue imposible. Ahora es otra cosa. Uno de los temas fundamentales de la Transición, que la historiografía oficial desdeña, fue legitimar el régimen franquista con un reconocimiento implícito. Fue el régimen el que preparó las primeras elecciones. No se estableció una continuidad con la democracia previa y llevaron la voz cantante el rey, Suárez o Martín Villa.
¿No fue entonces candidez de la izquierda sino de la correlación de fuerzas?
En la izquierda hubo errores de apreciación, como cuando el PCE reducía el franquismo a poco más que Franco y su familia. La sorpresa es cuando el franquismo tiene 10 millones de votos en el 77 a través de AP y UCD. Hay otro error de la izquierda. Cuando Suárez toma la iniciativa en el 76 con la amnistía y la reforma, la izquierda se parte e intenta consolidar su espacio.
¿El voto a UCD era franquista?
Bueno, es una pregunta provocadora. Es un voto que viene del franquismo. La UCD se apoyó en una gran cantidad de españoles que querían sólo la reforma. Suárez controlaba el aparato del Movimiento, sólo hay que ver las listas del partido en el 77. La suerte de UCD es que a su derecha tiene AP, que sólo contempla el aperturismo. El PSOE afirmó con razón que el peligro franquista estaba en UCD, que ganó con los gobernadores civiles.
¿Sorprende que la izquierda enarbole con tanta o más pasión que la derecha las banderas de Suárez o la monarquía?
No en la medida en que el compromiso con el pacto de la Transición lo incluye. El partido que ha gobernado más, el PSOE, difícilmente puede renegar. En el momento clave del proceso se hizo un pacto de élites.
¿Hay que anotar algo en el haber de la izquierda?
La crisis del franquismo y los inicios de la Transición. Nunca hubo determinación de los franquistas (aperturistas o no) para dar paso a la democracia. Suárez dijo que teníamos un estado de derecho y que para qué queríamos otro. La izquierda quiso la ruptura pero forzó la reforma. Entre 1973 y 1976 los del régimen que después harían la Transición no querían una nueva Constitución.
Las renuncias se vinculan con el "ruido de sables"...
Carrillo propuso al PCE aceptar al rey y la bandera apelando a la involución militar. Existe como coartada pero lo único cierto es que cuando se intentó, la involución fracasó porque ni los sectores del franquismo la querían. A partir del 81 se toman medidas como la LOAPA para evitar ir demasiado lejos. Había miedo de que más sectores que en el 23-F se sumaran al golpismo.
¿El mito de la Transición se usa con carácter involutivo?
Sí, por ejemplo cuando se lamenta que se rompa el espíritu de la Transición con medidas como la ley del aborto. En política el consenso no es lo normal. Lo es el conflicto entre opciones y de ahí la democracia. No hay un pacto que nos ate a la Constitución, que fue producto del momento.

Hace ya un año que se fue. He visto hoy la esquela que le recuerdan su compañera, Gloria, y su hijo. Llena de amor y de hueco. Ese hueco que tan dolorosamente nos enseña Paula y que, dice, es difícil de llenar. A mí lo que me gusta recordar (no me es difícil rememorar su sonrisa) sobre todo de él es su finura intelectual; lo que nos unió sobre todo, eran las breves discusiones sobre la política actual, las aportaciones de artículos leídos, la creencia de que la revolución era lenta, pero aún posible. Él me habló por primera vez de Ovejero. Leí lo que me indicó de él y comentamos la finura de las propuestas marxistas de este profesor. Hoy, no estoy muy seguro de que a Alfredo le gustara saber que Ovejero está con "Ciudadanos", pero no por eso dejaría de leerlo. En su memoria, en recuerdo de aquellas conversaciones, un artículo reciente de Ovejero Lucas.
Las fotos fijas ayudan a reconocer los cambios en el paisaje. Para situar "los cambios en la izquierda" hay muchas secuencias fotográficas a las que acudir. Una resulta especialmente iluminadora. Hace poco más de treinta años la izquierda europea más tibia incluía en sus programas diversas propuestas de propiedad pública o de redistribución de la renta. Apenas diez años más tarde, esa misma izquierda, en el gobierno, privatizó las empresas públicas y bajó los impuestos. En medio, no hubo mayores discusiones sobre la eficiencia y la equidad ni sobre el control político de las empresas públicas.
Hoy, en las tertulias radiofónicas, que, en lo que tienen de complicidades tabernarias, con sus condenas y aplausos desprendidos de cualquier argumentación, condensan bastante bien los tópicos morales y políticos que rigen las sociedades, cualquier propuesta de hacer el camino de vuelta hacia lo que se consideraba normal hace bien poco se juzga no ya "rancia" sino, directamente, un robo. Por supuesto, importan poco los datos o los análisis. Las descalificaciones no apelan a atendibles teorías sobre la eficiencia de los mercados en competencia perfecta. Las empresas públicas o los impuestos se condenan, sin más. Como se condena, en general, cualquier forma de intervención pública. Sin razones, como palabra última. A lo sumo, se acude a acartonadas consideraciones sobre la bondad de las empresas o los dineros en manos de la sociedad civil, como si unos pocos poderosos fueran más sociedad que todos los demás. A nadie le importa que, por lo general, en las privatizaciones, lo que era un monopolio público pase a ser un monopolio de unos cuantos, sin que el mercado asome por parte alguna, o que sociedades, como Suecia, con sistemas fiscales progresivos, en las que el gasto público alcanza al 60 % del PIB y las empresas públicas estén entre las más importantes, obtenga con notables niveles de bienestar y de calidad democrática. Y por supuesto tampoco se molesta nadie en recordar que sin un Estado fuerte no hay libertad ni que sin intervenciones planificadas, a estas horas, la gripe aviar se habría llevado por delante a millones de seres humanos.
El cuadro describe bien como han ido las cosas. Ese es el aire que respira la izquierda. Y en él, como otras veces, ha intentado rescribir sus flaquezas como conquistas. El procedimiento ha sido el habitual: una vacua discusión acerca de la "necesidad de renovar el ideario". Por lo común, esas gripes periódicas se saldan con tres o cuatro monográficos de revista y, si acaso, algún libro de algún académico reconvertido en periodista que, por primera vez, alcanza las librerías de los aeropuertos. La cosa se olvida al poco tiempo, sin mayores consecuencias. Hasta la próxima.
Pero esta vez, por circunstancias que merecen otra ocasión, las cosas han sido diferentes. Parece haberse creído en serio la cantinela de renovar "los principios". El innegable fracaso de muchos de sus proyectos lo ha tomado como el fracaso de los principios que los inspiraron y, como el otro Marx, ha decidido cambiar de principios. Para ello ha acudido a un conjunto de materiales que, bien mirados, no son más que versiones varias veces recicladas de pensamiento reaccionario. Reaccionario en sentido estricto, de los que reaccionaron frente a la Revolución francesa: del historicismo alemán y su Zeitgeist. Eso sí, como la decoración importa, ha cambiado la presentación y la gastada idea tiene nuevas rotulaciones: multiculturalismo, diferencia, diversidad, comunitarismo. En lo esencial, la operación ha consistido en sustituir las políticas redistributivas y bienestaristas, inspiradas en unos principios universales de justicia que actúan como pautas de modificación social, por una multiplicidad de derechos particulares, asociados a distintos segmentos sociales, a distintas "minorías" supuestamente interesadas en preservar su particular identidad de grupo.
El resultado ha sido inequívoco: la dignificación de tesis ajenas a su mejor herencia. Mencionaré solo tres. La primera: una equiparación a priori de las "diversas culturas", bien porque se las juzga igualmente valiosas, bien porque se las considera incomparables. Una equiparación que, bien pensada, impediría la denuncia de injusticias y opresiones, que requiere baremos para calibrar el mundo. La segunda: una disposición a otorgar prioridad a las comunidades sobre las instituciones públicas a la hora de abordar los problemas colectivos. Una elección que debilita las posibilidades de emancipación de los individuos -y en particular de las mujeres-- y la crítica de las diversas formas de despotismo, de dominación arbitraria que se dan dentro de los grupos culturales. La tercera: la ignorancia de la raíz material de muchas desigualdades, y, por ende, de que, una modificación de las condiciones económicas es el paso obligado para acabar con muchas fuentes de discriminación. Vamos, que la vida de los árabes de Marbella tiene poco que ver con la de los árabes de los suburbios de París.
La consecuencia condensada de la "renovación" ha sido la quiebra de lo que hasta ayer mismo constituía el nervio programático de la izquierda: el vínculo entre emancipación, entre libertad, y justicia social. La izquierda arrancó con un diagnóstico: las desigualdades de acceso a la riqueza -o lo que se entendía como lo mismo: a la propiedad-estaban en el origen de desigualdades de poder incompatibles con el ideal de autogobierno, de democracia y de libertad. Y aquí las palabras tienen un exacto sentido. Democracia quiere decir igual posibilidad de influencia política, de poder, la que, por ejemplo, cristaliza en el lema "un hombre, un voto". Y libertad, no sometimiento a ninguna forma de poder arbitrario, empezando por la voluntad de los otros. En una y otra cosa, los desposeídos puntuaban bajo. El que no tiene nada no puede decir que no y quien no puede decir que no no es libre. Antes de conquistar los derechos sociales, los trabajadores no podían decir que no a condiciones laborales que convertían a las empresas en territorios de despotismo, de autoridad sin razones. En las decisiones políticas, en las decisiones sobre la vida de todos, la única voz que contaba era la de quienes podían amenazar con su disgusto y como únicamente su disgusto contaba, estaban en condiciones de convertir sus problemas en los problemas de la sociedad.
La izquierda entendió siempre que la democracia podía cambiar esas circunstancias. En la Revolución Francesa, los situados a la izquierda en la Asamblea Constituyente defendían la abolición del veto real, la legislatura unicameral, una judicatura elegida, la supremacía del poder legislativo y el sufragio democrático. Y la tributación progresiva. La justicia social se anudaba a la libertad y a ampliación de la democracia. Quien depende materialmente no está en condiciones de elegir con plena autonomía sobre su propia vida, de decir que no y de ejercer plenamente sus derechos. Con esa convicción reclamaron y consiguieron el sufragio universal, la ampliación de las libertades civiles y los derechos sociales. Esa alianza entre libertad e igualdad es la que se ha quebrado.
Y no porque haya perdido vigencia. Las desigualdades han alcanzado magnitudes que hasta asimilarlo cognitivamente resulta difícil. Ayudará una imagen que tomo de David Schweickart. Compara la riqueza con la altura, equiparando los ingresos medios con una estatura media de 1, 80 m., y pone a caminar a los estadounidenses, uno tras otro, durante una hora. Unas cuantas pinceladas del desfile aclaran bastante las cosas. Hasta que no pasan cinco minutos nadie alcanza los 30 cm. A la media hora, los que desfilan tienen una altura de metro y medio. A los cuarenta y ocho minutos, la altura es de 2,50 m. A los cincuenta y cuatro, y durante tres minutos, desfilan tipos de 3, 70 metros. Gigantes que son enanos comparados con otros de 9,90 m, que en apenas treinta y seis segundos han desaparecido. Pero todos, al fin, son liliputienses comparados con los que aparecen en los últimos segundos, unos cuantos que superan los 300 m., otros pocos, que miden cuatro veces la torre Sears, algunos menos con más de 6.000 m y, discretamente, si cabe la discreción, rematando el desfile, Will Gates con unos 13 kilómetros de alturas. Intenten hacerse una idea de lo que supone levantar la cabeza y ver a su lado, desde su modesto 1,80, un individuo dieciséis veces más alto que el monte Everest. No alcanzan a verlo. Y ahora, el esfuerzo último: esos datos se limitan a Estados Unidos.
El problema, con serlo, no es sólo de justicia distributiva. Es también el de un poder no sometido a control democrático alguno. Andamos bien lejos del mito de la sociedad abierta, del mundo idealizado de leyes que enmarcan mercados descentralizados, en competencia, en donde nadie está en condiciones de imponer su voluntad. La realidad es bien otra. Es la de unos procesos económicos, imprecisamente designados como globalización, en donde poderes con capacidad de decisión muy superior a la de muchos estados, no se ven sometidos a controles jurídicos reales, en donde, llanamente, no hay lugar para las decisiones políticas. El camino de vuelta de la ilustración, del gobierno de las leyes, en lugar de los hombres. El camino que la izquierda quiso recorrer hasta el final, cuando aspiró que la política, el control democrático, hiciera imposible que la desigual fortuna económica se convirtiera en desigual influencia política, en poder de unos sobre otros.
Pero, se dirá, la historia de la izquierda es no solo la de las conquistas democráticas y sociales, es también, la barbarie del socialismo real. Y es verdad. El reconocimiento de esa circunstancia nos devuelve a la -interesada, pero esa es otra historia-confusión que estaba en el origen de la "renovación": la confusión entre los principios y las instituciones en las que cuajan. Sencillamente, el fracaso en las formas de institucionalización -y acaso haya que incluir aquí no pocas nacionalizaciones-- no equivale al fracaso de los idearios. La brutalidad del socialismo real no debilita la aspiración al igual acceso a la libertad, que es, puestos a decirlo con todas las letras, lo que hay detrás de la palabra igualdad. La caducidad no es de los valores, sino de las propuestas institucionales en las que se tradujeron.
Para quienes puedan pensar que no es más que un deshonesto modo de consolarse, quizá no esté de mas algún recordatorio histórico. El siglo XIX es el siglo del liberalismo, sobre todo su primera mitad. Bien. Ahora algunos datos: a mediados del siglo XVIII Gran Bretaña era el país que poseía mayor número de esclavos, cerca de 900.000. En pleno siglo XIX había en América del Norte más de seis millones de esclavos, casi veinte veces más que ciento cincuenta años antes. Salvo cuatro de ellos, todos los presidentes de Estados Unidos, hasta 1848 fueron propietarios de esclavos. En breve: no es que el liberalismo tardará en abolir la esclavitud, es que el número de esclavos aumentó con el liberalismo. Hasta hay razones para pensar que, doctrinalmente, el liberalismo resulta compatible con la esclavitud. Se podría citar no pocos clásicos. Por supuesto, el liberalismo ha evolucionado. El más fecundo académicamente de los últimos años, el liberalismo igualitario, una de las fuentes intelectuales que cualquier izquierda informada tiene que atender, ha revisado muchos de sus clásicos puntos de vista.
La moraleja es sencilla. Para el socialismo la escribió una de las mejores cabezas del panorama filosófico contemporáneo, el filósofo de Oxford, Gerald Cohen: "Creíamos que algo era bueno, tratamos de lograrlo y produjimos un desastre. ¿Deberíamos concluir, por ello, que lo que creíamos que era bueno, la igualdad y la comunidad, en realidad no era bueno? Tal conclusión, aunque es una a la cual se llega frecuentemente, es una locura. Las uvas pueden estar realmente verdes, pero el hecho de que la zorra no las alcance no nos demuestra que lo estén".

José Ramón Villanueva me regaló el otro día un libro sobre maestros. Sabedor de que yo sigo en lo mío con los maestros socialistas aragoneses, me trajo un libro sobre la represión y depuración del magisterio de Almería. Uno más. Vamos avanzando. Pero aún queda. Cuánto esfuerzo nos está costando saber qué les pasó a aquellos profesionales que tanto creyeron en su mayoría en la República. Sobre el libro de Antonio Sánchez Cañadas (que así se llama el autor, profesor de Teoría e Historia de la Educación en la Universidad de Almería), se dijo en la presentación: "El autor del libro ha considerado que recordar a los maestros y a las maestras que fueron sancionados tras la Guerra Civil, recuperar sus nombres y apellidos y reivindicar su valor cívico es una obligación de la democracia y un deber para los que se dedican a la historia de la educación". Eso creo yo. Por eso hay que saludar la aparición de ese nuevo trabajo (Memoria y dignidad. Depuración y represión del magisterio almeriense duante la dictadura del general Franco. Edit. Córduba, Sevilla, 2007)
Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/