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Montborg. Bitácora, weblog o blog de Herminio Lafoz Rabaza

Teruel, Teruel

Teruel, Teruel

¿Usted es de Teruel?¿Del mismo Teruel?

Hace unos años, mi amigo José Giménez Corbatón escribió un bello texto titulado Crespol: mito y ausencia, para ser incluido en las Actas de unas Jornadas sobre Pueblos Abandonados (Jaca, 1994). De ahí entresaco el texto siguiente, que refleja su -nuestro- estado de ánimo respecto a nuestra tierra: "Con Teruel no se ha cometido "una" injusticia. la historia de Teruel, indagando sólo en este siglo, es una historia de despropósitos y deslealtades. Teruel, me duele mucho decirlo, recuerda a un moribundo crónico en fase terminal. Es una de esas provincias que parecen acaparar el olvido, el desamparo y la inoperancia falaz de los políticos -empezando por los zaragozanos-; víctima también, es probable, de la impotancia resignada, del fatalismo de sus gentes. Unas gentes que han crecido, en su mayoría, con la idea incrustada en el alma de que el más grande se come siempre al más chico. Es como si llevaran décadas viviendo -sin ser muy conscientes de ello- en un exilio interior que más tarde o más temprano se paga con la muerte. El que tarda en sucumbir vive abrumado por la pérdida de un pasado que asu vez es ya muerte. Una ausencia difusa hecha de múltiples y pequeñas carencias. Yo soy un poco como ellos -me pregunto si cada ser humano no debería de aprender que no somos más que una deserción permanente de nosotros mismos- y por eso quizá me interesan sus historias".

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1 comentario

De Antón Castro -

He pasado en esta plaza, querido Herminio, algunos días, tardes y noches irrepetibles. Incluso allí le hice fotos a César Antonio Molina, Mercedes Monmany, enrique Vila-Matas, Paula Massot e Ignacio Martínez de Pisón. Allí jugaba al fútbol con mi hijo Diego a medianoch, contábamos cuentos de miedo a medianoche. A esa plaza le he dedicado muchas, muchas páginas. Desde ahí, al columbrar el horizonte de Mirambel, me dijo un señor: "Si usted supiera que en esas rocas hay una ciudad sumergida". Y se quedó tan ancho. Un abrazo.Magnífico el texto de José Giménez.
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