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Montborg. Bitácora, weblog o blog de Herminio Lafoz Rabaza

La verdad es que ayer, después del tortuoso camino que me trae hasta aquí, abrí la página y la volví a cerrar, un poco hastiado de los "temas de actualidad". Me veo en ocasiones encerrado entre lo que quiero comentar de la prensa de todos los días, de los medios de comunicación, y lo que me importa de la literatura, de mis amigos y conocidos portas, artistas, investigadores, personas. Unas veces, las más, he optado por esto último. Otras, las menos, por confiarme a lo acontecido. La verdad es que la situación de la frontera europea da, y dará, para mucho. Como siempre, todo es un guirigay, una algarabía; todos hablan, generalmente de lo que no saben o conocen y nadie se entiende. Lo que llamamos opinión pública está sumamente manipulada y todo parece llevarnos por derroteros no deseables. Supongo que no quedará más remedio que expresar opiniones (pues, ¡anda!, que lo del Estatut...)
Pero hoy recordaré a mi compañero de niñez Carlos Alejaldre Losilla, hoy Director General de Tecnología, que hizo en aquellos años un inolvidable Clotaldo en el montaje de La vida es sueño del hermano Antonio. ¡Cuánto debemos a este esforzado marista!.
Y hablo de un libro importante. Me refiero a la Historia universal de Paniceiros, de Xuan Bello (Barcelona, 2003). Hermoso textos lleno de sugerencias y de imágenes que evocan niñeces comunes en lo universal y próximas en los particular. A cada paisaje asturiano podría añadir yo un paisaje aragonés; a cada historia, a cada cuento, a cada sueño, podría yo añadir otra historia, otro cuento, otro sueño de mis territorios. Compartimos una prehistoria personal de diferentes sitios pero de iguales sensaciones. Por eso nos entendemos al final, por distinto y dispar que haya sido el lugar donde nos concibieron. Nos iguala tal vez la memoria de un paraíso perdido. Leed esto:

Paniceiros

Conozco un país donde el mundo se llama
Zarréu Grandiella Picu la Mouta Paniceiros

Un mundo que perdió sus caminos
Jerusalén levantada en la palma de la mano de un niño

Un mundo que era alto luminoso esbelto
Naciente y fuente y vocación de río

Donde los hombres callan y el silencio es renuncia
Donde olvidamos el ser Donde claudicamos

Un país donde la casa cae Cae el hórreo el puente
el molino la iglesia el hombre también cae

Donde la mirada era pura sencilla
la huella que había dejado la nube en el cielo

Donde tan solo nos queda la memoria
corrompida de la infancia Nuestra soledad

Ese abandono nuestro

Y en otro lugar, dice: "En Paniceiros, en el Picu la Mouta, se oye el mar ciertos días. Apenas nos separan treinta kilómetros pero una constante niebla impide, si no es el azul reflejado en el cielo, verlo. Oír sí que se oye y al Picu la Mouta subía mi bisabuela Eugenia a escuchar ese bramido sordo, la tierra entera convertida en una caracola, por ver si de allí llegaban noticias de sus hijos en Buenos Aires". Al leer estas líneas de Xuan Bello, mi evocación me lleva a otras palabras de Severino Pallaruelo o, mejor, de Enrique Satué en esa "memoria amarilla"; a ese rectángulo de fieltro donde vamos adhiriendo ordenados, como si fuera el periódico mural
del cole, nuestros recuerdos y nuestras emociones. Y acabo: "Paniceiros estaba hermosamente vacío. Ni un ruido, ni un movimiento: nada. Zoilo propuso que entrásemos en Casa Catuxu. Miguel y Lula se habían marchado a Madrid y allí habían muerto y nosotros, desde la infancia, no habíamos vuelto a entrar en aquella casa. Entramos silenciosos por la trampilla de la cuadra, como dos ladrones, que daba directamente a la cocina. Callamos y nos sentamos en el escaño, donde los dos ancianos nos recibían. No sé qué nos pasó, pero nos sucedió a los dos: vimos la fotografía de la familia W. y la miramos detenidamente, emociaonados. No sé qué sucedió pero fue como si nos metiésemos en ella, atrapados por una voz que nos llamaba desde lejos. Sentimos el entrechocar de las cucharas en los platos, el tintineo de las copas, las risas de los más pequeños. Ellos hacían como que no nos veían o tal vez no nos podían ver. Miramos a la izquierda y allí estaban: Lula y Miguel, Pedrín y Eugenia, Xuan y Lulu d´Anuca, Encarnación de la Fonte, Lulón de Santones y Soledá. Y gente que no conocíamos pero que nos conocían y miradas que eran la nuestra.
-El cielo de los payuelos -dijo Zoilo apagando un cigarro, mirando por última vez la Casa Catuxu, justo donde Paniceiros se convierte en agua"
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2 comentarios

Xuan -

Muchas gracias, Herminio, por tu comentario. Paniceiros hoy limita con las tierras de Aragón.
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Carmen -

Era un tiempo triste y gris, pero mi infancia fue azul y luminosa, con la huella de la nube en la mirada.
A cada historia, a cada cuento, a cada sueño...
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