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Montborg. Bitácora, weblog o blog de Herminio Lafoz Rabaza

La mirada de Ulises

La mirada de Ulises Cuando hace unos días Félix Matute me dijo que estaba viendo algunas películas de Theo Angelopoulos, recordé cuánto me había impresionado la visión hace unos años, y en pleno conflicto de los Balcanes La mirada de Ulises, del cineasta griego, lamentablemente desconocido, Theo Angelopoulos. Para comprender este film es preciso recordar sus palabras: "nuestro siglo comienza y termina en Sarajevo". Es pues un recorrido circular a partir de la mirada primigenia, unos planos de Las hilanderas, de los hermanos Manakis, considerado el primer film rodado en la península balcánica. De ahí, la búsqueda de la inocencia va llevando al protagonista A hacia las entrañas de un conflicto: un itinerario que convoca en su memoria la muerte cotidiana y el (re)nacimiento del cine, las heridas vivas de la tragedia y las huellas dejadas por el pasado. El protagonista va recorriendo su vida y la historia mientras, como una poderosa metáfora, ve bajar por el Danubio una barcaza con una imagen a piezas de Lenin. El recorrido acaba en la Cinemateca de Sarajevo donde El nacimiento de una nación, Perdona y Metrópolis, así como muchas otras imágenes, permanecen encerradas en sus latas. El proyector está envuelto en plástico, las butacas destrozadas, la pantalla desaparecida, los espectadores ausentes: no hay luz para iluminar aquellos filmes ni miradas para contemplarlos. Los fotogramas primitivos de los hermanos Manakis siguen cautivos y sin revelar. La memoria del cine sobrevive a duras penas bajo la guerra y el conservador de la institución se pregunta: "Al fin y al cabo, ¿quién soy yo, sino un coleccionista de miradas desaparecidas...?". Luego A sale a la calle con el conservador donde una orquesta de jóvenes croatas, serbios y musulmanes toca entre la bruma. Luego baja la niebla y aparecen los francotiradores. La niebla, la carencia de visión. Un largo plano secuencia (más de siete minutos y medio) con un encuadre vacío y fijo, rellenado tan solo por una espesa niebla que deja en off el campo de visión durante dos minutos y solo el sonido hace intuir la presencia de la muerte. La niebla como principio y fin de la vida. Pasada la niebla, aparecen los cadáveres. Vuelto a la cinemateca, vemos al protagonista, un soberbio Havey Keitel, su rostro contraido por un intenso dolor generado por la vivencia de la Historia y anonadado por la visión de la primerada mirada, esa mirada primigenia, esa inocencia perdida, su Ítaca soñada. Dice Carlos F. Heredero que, sobre el rostro de A llorando se concentra en ese momento el destilado de una dolorosa experiencia. De esto habla precisamente La mirada de Ulises, de lo urgente que es recuperar para el cine contemporáneo la urgencia del presente, la función de la memoria, el sentido de la necesidad y el valor de una imagen. En definitiva, Angelopoulos nos propone un debate sobre la relación del cine con la Historia, una reflexión sobre la ceguera del cine contemporáneo frente a una realidad histórica tan hiriente (ayer Sarajevo, luego Albania, siempre los Balcanes). Finalmente, mirando la pantalla y dirigiéndose a una mujer imaginaria, A convoca de nuevo el rito fundador de la palabra y del relato oral: "cuando regrese, lo haré con las ropas de otro hombre, con otro nombre (...) te hablaré del viaje durante toda la noche y también la noche siguiente. Entre abrazos y susurros de amantes, te contaré toda la aventura humana, la historia que nunca se acaba". Este texto es una recreación de Angelopoulos y Tonino Guerra a partir de varios diálogos del capítulo de La Odisea en el que Penélope reconoce a Ulises. En fin, quizá la intención de esta forma de contar de Angelopoulos se resume en estas palabras del instructor de O Megalexandros (Alejandro el Grande, 1980)al pequeño Alejandro:"Si te hablo con parábolas es para que lo entiendas mejor. No se puede definir el horror y sin embargo existe, porque avanza en silencio".

(Me he ayudado de un excelente artículo de Carlos F. Heredero en el monográfico, nº 24, que la revista de cine NOSFERATU dedicó a Theo Angelopoulos en mayo de 1997)
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