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"Así pues, lo queremos todo y su contrario: que esta sociedad nos proteja sin prohibirnos nada, que nos cobije sin obligaciones, que nos asista sin importunarnos, que nos deje tranquilos pero nos envuelva en las densas redes de una relación afectuosa; resumiendo, que esté ahí para nosotros sin que nosotros estemos ahí para ella. "Dejadme en paz, ocupaos de mí". La autosuuficiencia de la que nos vanagloriamos es parecida a la del niño que se debate bajo la tutela de una madre omnipresente y alimenticia a la que ya ni ve a fuerza de estar arropado por ella. Nos comportamos entre los demás como si estuviéramos solos, sobrevivimos en esa ficción: un mundo en el que el otro sólo existiría para assitirme sin que por ello yo me convierta en su deudor. Cogemos de la colectividad lo que nos conviene, rechazamos su colaboración para todo lo demás. Erigido en norma absoluta, el principio de placer, es decir, la voluntad de no hacer más que lo que nos venga en gana, nos debilita y degenera en hedonismo mediocre, en fatalismo. Se opone pues menos al principio de realidad que al principio de libertad, a la facultad de no padecer, de no avenirse al orden de las cosas. La soberanía del capricho, llevada al extremo, no solo pulveriza el principio de la alteridad: debilita los fundamentos del sujeto. O, por decirlo de otro modo, un cierto individualismo desenfrenado se contradice en su principio mismo y establece el ámbito de su propia derrota" (Pascal Bruckner. La tentación de la inocencia. Barcelona, Anagrama, 1996)

Hace pocos días se celebró, sin pena ni gloria, el día Mundial del docente. He aquí lo que escribió Feliciano Robles Blanco, en Rebelión, a propósito de esté día y que, desde luego nos hace reflexionar a muchos a cerca del papel del maestro en nuestros días, del modelo y del futuro.
"Con motivo del Día Mundial de los docentes, he escrito unas reflexiones para reivindicar la figura de los maestros republicanos que tanto hicieron por el desarrollo cultural durante la vigencia de la 2ª República Española. (1931-1939) y que fueron duramente represaliados por la Dictadura franquista.
Normalmente las personas estamos influidos en nuestras vidas por algunos de nuestros ascendentes, unos reales y otros literarios.
Yo personalmente en la persona con la que más me voy identificando a medida que avanzo en la edad es con la figura de un Maestro que era mi padrino y que era un Maestro Republicano.
Aquel maestro, a quien yo tanto he admirado, tuvo la virtud de enseñar a leer y a escribir a mi madre, cuando esta tenía más de 25 años y estaba sirviendo en su casa cuidando de sus hijos pequeños y en las tareas domésticas. Tan útil fue su enseñanza que luego mi madre me enseñó a leer a mi en el campo cuando estábamos con el ganado, y me enseñó a mi a leer tal y como aquel maestro le había enseñado a ella. Y vaya si fue eficaz su enseñanza porque fui un lector muy eficiente desde que tenía tres años que es cuando aprendí a leer.
Quiero en estas líneas reivindicar a todos los docentes que durante la 2ª República iniciaron una campaña educativa en España como nunca se había conocido, basada en un humanismo regenerador.
Yo creo que nuestra sociedad necesita una nueva regeneración en las ideas, en los ideales, no me gusta nada el cariz que están tomando las cosas, la Educación entre ellos, pero también la Sociedad.
Solo hay que ver los medios de comunicación, principalmente la televisión, una auténtica basura embrutecedora.
Vivimos encima de un volcán donde brilla el egoísmo, y la insolidaridad, todos los problemas que yo veo en la Escuela provienen de esos males, el excesivo egoísmo, la competividad ,la insolidaridad y un individualismo enfermizo.
¿Por qué amigos, se llama buenos a los alumnos inteligentes y los no inteligentes se les llama malos? No hay una tremenda injusticia en tal valoración.
¿No os habéis encontrado con jóvenes, quizá torpes, quizá inquietos, quizá inadaptados que son unas excelentes personas?
¿Qué hacemos los docentes por ellos? ¿Qué quieren que hagamos en el futuro por ellos?
Me gustaría reivindicar a aquellos maestros y maestras republicanas que se propusieron crear ciudadanos y no crear pequeños monstruos como se pretende hacer ahora.
Caminamos hacia la peor de las dictaduras, la dictadura de la segregación, de la exclusión, de la insolidaridad.
Cuan alto hay que decir que eso es un error muy grande.
Os invito a incorporaros al espíritu de aquellos maestros y maestras republicanos españoles e iniciemos una etapa nueva de alfabetización en los valores humanos que dignifican a las personas y acabemos con esta farsa educativa que convierte a nuestros jóvenes en auténticos analfabetos funcionales"
La foto es de Lorenzo Luzuriaga

Hace pocos días el conocidísimo humorista José María Aznar nos quiso dar otra de sus lecciones de historia. Traigo aquí el comentario de Eduardo Manzano Moreno (A vueltas con al-Andalus) sobre aquellas hilarantes afirmaciones. Y es que fue él mismo, cuando ocupó la magistratura de presidente, el que abrió la sufrida profesión de historiador a todo tipo de tipo de charlatanes, humoristas y esgarramantas, que ya son pléyade revolviendo la historia, dándonos a todos sopas con honda y encima descojonándose. En fin, dedicado a esos que no descansan viendo blogs ajenos para dejar su deposición.
El ex - presidente del gobierno, José María Aznar, cree que los musulmanes deberían disculparse por haber invadido España en el año 711. Puestos a ello, es posible que también piense que los franceses deben hacer lo propio por la invasión napoleónica, o que sus amigos estadounidenses deben entonar el mea culpa por haber iniciado la guerra de Cuba. La lista de agravios históricos puede ser muy extensa, aunque uno tiene la sensación de que ciertos políticos usan el pasado como arma arrojadiza seleccionando siempre cuidadosamente lo que más división social puede crear. Por razones obvias, al señor Aznar le interesa mucho la conquista árabe del 711 y parece empeñado en hacer de ese suceso un espejo que refleje los acontecimientos que nos están tocando vivir en los albores del siglo XXI, de alguno de los cuales él ha sido desgraciado protagonista desatacado. Hace un par de años, en una sonada conferencia en la Universidad de Georgetown, llegó a afirmar que España tiene hoy en día un problema con los árabes que se inició con la conquista del siglo VIII. Cuando un editorial del diario El País le reprochó emplear un lenguaje equivalente a las barbaridades históricas que predica Usama bin Laden, varios dirigentes de su partido protestaron diciendo que era inadmisible comparar la figura de un ex presidente democráticamente elegido con la de un terrorista responsable del asesinato de miles de personas. Era verdad: por eso harían bien en exigirle que no razonara como un fanático. Quienes trabajamos sobre este período histórico estamos muy acostumbrados a que tirios y troyanos digan un considerable caudal de tonterías sobre él. No es un secreto que el nacionalismo árabe primero y el fundamentalismo islámico después han hecho de la España Musulmana –esto es, al-Andalus- un paraíso perdido e idealizado con tonos a veces insoportablemente rosáceos, a veces absurdamente reivindicativos. El señor Aznar y mucha gente dentro de su propio partido piensan que debemos tomarnos muy en serio esta retórica. Para hacerla frente no encuentran nada mejor que volver a las trincheras ideológicas de la “Reconquista”, abundando en el combate entre “ellos” –los musulmanes- y “nosotros” - los descendientes de Pelayo y los Reyes Católicos-. Poco parece importarles si en la querella se producen daños colaterales como los que sufren esos musulmanes que dan a la retórica fundamentalista el mismo valor que nosotros otorgábamos a las pomporrutas imperiales del franquismo, y que se sienten innecesariamente agredidos por unos planteamientos tan burdos e irresponsables. Y, además, desinformados. Parece que en las filas del PP se ha instalado una visión histórica más propia de la caverna decimonónica que de los avances en el conocimiento producidos en las últimas décadas. Según esa visión, los musulmanes nos invadieron en el año 711, les combatimos durante cerca de ochocientos años y finalmente, ¿con la ayuda de la Providencia?, les expulsamos en 1492. Produce cierto sonrojo comprobar que en un país que tiene arabistas de primera fila y que financia innumerables investigaciones sobre este período, haya ostentado las más altas responsabilidades políticas un ciudadano que cree que los “musulmanes” de hoy en día son culpables de lo que los “musulmanes” del siglo VIII le hicieron a sus supuestos “antepasados”. ¡Y luego nos quejemos de los nacionalismos esencialistas y excluyentes! Una breve lección de historia informaría al señor Aznar de que la conquista árabe (si, conquista, como la romana, la visigoda o la de los españoles en América: nadie es inocente aquí) puso en marcha complejos procesos de asimilación entre la población indígena. Doscientos años después del año 711 buena parte de esa población se había convertido al Islam y, en mayor medida incluso, había adoptado el árabe como lengua. Salvando las distancias, fue algo parecido a la romanización: las gentes dejaron de lado sus antiguas creencias y culturas, y adoptaron nuevas formas de vivir y de expresarse. ¿Por qué lo hicieron? Pues por muchas razones: a veces por medrar, a veces por deseo de integración, a veces por convencimiento… nada nuevo que no hubiera ocurrido antes y que no ocurriera después en casos similares. A mediados del siglo IX casi la mitad de los alfaquíes versados en los saberes islámicos eran gentes con tatarabuelos indígenas, tal vez dispuestas incluso a subirse a un montículo de cabezas de cristianos cortadas para entonar desde allí la llamada a la oración, como alguna vez ocurría en las expediciones contra el norte. Ahora bien, que el Islam y la cultura árabe ejercieran ese atractivo sobre las gentes de la centuria del 800 o que los jefes de las aceifas desplegaran toda su barbarie (similar a la que ejercían los cristianos cuando tenían su oportunidad) en absoluto tiene nada que ver con las circunstancias del presente, como absurdamente nos intentan hacer creer quienes disfrutan tanto revolviendo en el baúl de la Historia a la espera de encontrar allí los argumentos de los que muchas veces carecen en el presente. Lo peor, sin embargo, de la visión histórica del señor Aznar y de sus costaleros ideológicos no es ya sólo lo que tiene de ignorante y simplista, sino también lo dañina que resulta. Hace tiempo, en uno de esos foros en los que se discute sobre estos temas con esos patriotas pendulares surgidos en los últimos tiempos, manifesté mi hartazgo con las historias de creyentes, de nacionales y de buscadores de esencias primigenias, y mi convencimiento de que deberíamos avanzar en pos de una historia de los ciudadanos. Mi contradictor dijo no entender qué quería decir con un concepto que le parecía vacío y sin contenido. Curiosa falta de comprensión. Bastaría darse una vuelta por cualquier colegio para entender que el viejo discurso histórico es no ya sólo falaz, sino también inservible. Cuando en un mismo pupitre se sienta un niño llamado Ahmad al lado del niño Alberto, ya no es posible impartir historia hablando de las hazañas épicas del Cid y de la crueldad sanguinaria de Almanzor, o de las glorias de la Reconquista y de la opresión del yugo sarraceno. Si queremos que Ahmad y Alberto sean ciudadanos de una sociedad en pie de igualdad, ambos deberían conocer iglesias y mezquitas, reyes cristianos y califas musulmanes, barbaries y logros intelectuales de uno y otro lado de forma equilibrada y racional. Cada uno con su propia creencia, cada uno con su propia forma de entender la vida y la muerte, pero sin atadura alguna con un pasado que no merece convertirse en hacedor de guetos identitarios. Para llegar a eso sería preciso que fuéramos conscientes de que somos los hijos del cambio y no de las esencias ancestrales, por mucho que algunos se sientan tan amargados por su propio pasado que andan por ahí exigiendo que se les pida perdón.

Ya sé que un solo hombre no puede ser culpable de todo. Pero un solo hombre puede ser en sí mismo el más miserable del mundo. Y este lo es. Este que descansó con "Ansar" y con Blair fumándose un puro es la muestra más grotesca de lo siniestro que puede llegar a ser un gobernante. Y además poco inteligente. Ya sé que millones de personas lo respaldan, tanto allí como aquí, pero qué bien que desaparezca del mapa barrido por el viento de la democracia. Ya sé que no debemos hacernos ilusiones respecto a los Demócratas, que son capaces de echarse a la derecha para conseguir el poder. Dejar de ser tácticamente ellos mismos. Pero luego se vuelve costumbre. Qué se vaya Bush; que deje en paz al mundo. Miradlo con halo.
Y algo que me acongoja: ¿Por qué en los medios de comunicación, incluso en los sedicentes progres, se machaca tanto al Tripartito?¿Es que el PSC debería haber pactado con la derecha más rancia de este país, que gobernó nada menos que 22 años a Cataluña? Creo que lo entiendo todo y a todos. Confío en que hagan una política social y de izquierdas y se olviden un poco del pernicioso nacionalismo.
En estos días se está hablando, y mucho, de la violencia escolar, del acoso a profesores, etc. Resulta que ahora el personal se cae del guindo porque creía que la escuela era ese compartimento estanco donde los venerables profesores conseguían cambiar a una mala bestia llevada por su padres para que se eduque en un súbdito educado y útil para la sociedad. La escuela como lugar de aparcamiento y conversión milagrosa. La escuela hoy, y siempre, ha estado inserta en la sociedad en la que vive. Los maestros no son seres vocacionales, o no solo, sino que son individuos que salen de esa sociedad, que muchas veces solo quieren un empleo y que se les proporcione autoridad para contener la situaciones que tarde o temprano se presentan. Los modelos de comportamiento ya no se aprenden en la escuela. Eso era antes. Ahora los modelos de comportamiento, los valores o como se les quiera llamar se aprenden en todos los sitios menos en la escuela. Además, la escuela todavía espera dotar a los alumnos de conocimientos que, casi siempre, no tienen nada que ver con lo que alumno desea o necesita. Hay un choque que a veces, en una sociedad lastrada por un capitalismo salvaje que impone sus valores y sus modos, opta por una violencia difícil de combatir. Es cierto que en la educación hoy hace falta inversión, pero no todo lo soluciona el dinero. La administración, la de aquí al menos, lleva unos siete años de retraso, impone unas normas que nada tienen que ver con la mayoría de los profesores y está temerosa de lo que digan los padres. Y no digamos si son de la privada. Aquí se escucha poco a unos sindicatos por lo demás bastante suaves en sus formas; se les niega el pan y la sal; he sido testigo del desprecio de los que están ahora en el gobierno (¡socialista!) por los compañeros y compañeras que luchan por cada logro para el profesorado. he sido testigo del desprecio de la dministración cuando hemos dicho que necesitábamos (sólo) más espacio. La Consejera dijo en u medio de comunicación que politizábamos el asunto ¿Qué entenderá ella de política?¿CXreerá que debemos estar todos a la orden? El último episodio, el del asunto de la expulsión de unos alumnos del Colegio Condes de Aragón por pegarle fuego. El Colegio quiere echarlos de su seno, es decir, echarlos a la pública, y recibe con estupor la indicación de la Dirección Provincial de que no se le autoriza. Claro que la Dirección Provincial antes había intentado solucionar el expediente proponiendo en la Comisión de Escolarización a los sindicatos la transferencia de estos alumnos. La rapidez de los sindicatos impidió la operación. Que el colegio eduque a los que están mal educados, para eso está ¿no? De todas formas, la administración acabará transfiriéndolos por un procedimiento o por otro. Y la pública todo lo recoge. Así se gesta el descontento. Así se gesta la quemazón, la huída en masa hay cola en la jubilación anticipada de buenos profesionales ¿Qué quieren que hagamos en los Institutos, ante tanto despropósito? Por favor, hay que cambiar. Hay que escuchar Y hay que hacer un plan realista y urgente. Porque todo se mezcla, y la inmigración está ahí, creciendo y sin ninguna idea de qué hacer con esta generación que dentro de unos años quemará coches. ¿O no aprendemos nada de otros?
Ya sabemos que en este año se han cumplido los 75 años de la fundación (o refundación) de la Federación Española de Trabajadores de la Enseñanza, a fecta a la UGT. Pero menos saben que se han cumplido también los 30 de la constitución de la FETE en Zaragoza tras su desaparición después de la Guerra Civil. En efecto, en el Archivo de la UGT se conserva el acta de constitución de la FETE en Zaragoza que lleva fecha del 8 de abril de 1976 (se hace alusión al Congreso de la FETE en Cádiz al cual habían asistido Alfonso y José Félix Saenz Lorenzo). Los constituyentes eran: Manuel Ramírez, Manuel Contreras, María Teresa Siqueiros, Ángel Cristóbal, José Félix Saenz, Alfonso Saenz, José Luis Azofra y María Teresa Saenz.
Se hizo presentación pública el 15 de junio, a las 20 horas, en el Colegio Mayor Pignatelli.

Forges forma parte de la crónica de este país. A ves no hace falta nada más.
Estoy trabajando sobre él. Seguramente uno de los socialistas aragoneses con más proyección. Como siempre, tan desconocido aquí. Para muestra un botón. Un artículo titulado "Franco y los Borbones. La ceniza en la frente", que publicó en el periódico de los socialistas en Méjico que él fundó y dirigió, Adelante, en febrero de 1955. En él se aprecia una poderosa y rica prosa. Cuánto se perdió, cuánto perdimos. "El generalísimo ha hecho una jugada de las suyas. Después de su conferencia con ese lamentable pretendiente al trono de España, que merece ser llamado el de los tristes destinos con más razón que Isabel II, su jacarandosa bisabuela, permitió que la Falange hiciera pinitos de rebeldía oponiéndose a la hipotética restauración monárquica. Los jóvenes falangistas, con el arrojo que da la impunidad, han recorrido las calles y han malgastado a su gusto papel impreso para decirnos que no quieren rey. Ni rey ni Roque, a no ser que Roque sea Franco. Durante unos días los falangistas han levantado ruido, que es una manera de hacerse notar, hasta conseguir que los observadores norteamericanos, siempre tan sagaces, confesaran estar vivamente interesados por lo que acontece en España, como si en España aconteciera algo que salga de lo manido y sabido. Ese era el instante sicológico que esperaba Franco para salir a escena y cantar una aria glorificadora de los Borbones que, según él, no tienen ninguna culpa en la ruina de España. Todo estaba perfectamente ensayado. La Falange, prodigando sus berridos, cumplía un doble papel: valorar su importancia, bien necesitada de que alguien la apuntale, y fingir una demagogia revolucionaria que sólo inspira risa; el Caudillo, por su parte, aparecía como el paladín de la restauración, no porque realmente lo sea, sino porque de ese modo le vende más cara al pretendiente su protección y, tras de haber hecho mofa de él, lo obliga a gratitud.Para encontrar voces sinceras —sinceras a su modo—en el coro domesticado que es la España actual, habría que señalar—porque las demás están ahogadas—la de los carlistas, románticos añorantes de una causa fosilizada y sin esperanza, y la del cardenal Segura, ese estupendo ejemplar que parece escapado de las Cuevas de Altamira. Son voces bárbaras, broncas, que semejan un eco del medioevo, pero sin doblez ni mentira. En ellas, por lo menos, no hay adulteración ni hipocresía. Muchos menos respeto que los carlistas merecen los monárquicos alfonsinos—empezando por el pretendiente— que se agazapan y humillan antes que afrontar ningún peligro y, por añadidura, le hacen la rueda al dictador. Mucho más repulsivos que el selvático cardenal Segura, son los arzobispos y obispos que, con su primado a la cabeza, extienden el brazo y hacen entrar a Franco bajo palio en las catedrales, sacrilegio que en otros tiempos hubiera horrorizado a cualquier sacerdote virtuoso. El cardenal Segura sería inquisidor por vocación; los otros lo son por calculo y conveniencia, puesto que en el fondo son ateos. Mientras el uno se enfrenta al César, los otros, a cambio de las sinecuras y prebendas que el César les reparte, le dan al César lo que es de Dios.Puestos a corregirlo todo, el Caudillo y sus corifeos pretenden corregir hasta la Historia, por muy definitivo y unánime que haya sido el fallo de los historiadores al juzgar determinados períodos, sucesos y personajes históricos. Así resulta que los Borbones no han tenido nada que ver en las desgracias de España. De los continuados desastres que a través de los sucesivos reinados borbónicos fueron cayendo sobre España .somos responsables, al parecer, todos... menos los reyes. Ni las guerras infaustas con el exterior, ni el creciente desprestigio de España, hasta culminar en su eliminación como gran potencia, ni las estúpidas y aniquiladoras guerras civiles, ni la pérdida de las colonias después de la humillante guerra con los Estados Unidos, ni los reveses africanos son males que deban achacarse a los Borbones, paradigma de reyes y de caballeros los varones, espejos de virtud las hembras, aunque la vida íntima de unos y de otras resulte, como ciertas películas, no aptas pala menores. Hasta una figura tan siniestra y vil como la de Fernando VII está en vías de rehabilitación, empeño que incluso Gregorio Marañón, tan complaciente ahora, reputa imposible. En suma, España le debe a los Borbones gratitud. De los males sin cuento que trajeron consigo no les alcanza ninguna culpa. Y como tampoco es fácil que la tengamos los republicanos, resulta que la culpa de tantas desventuras no la tiene nadie o, de tenerla alguien, la tiene Meco.Pero acaso las dinastías borbónicas merecieran alguna disculpa si, en compensación de su desafortunada política exterior, hubieran sabido aglutinar y coordinar la vida del país impulsando la riqueza, estimulando el trabajo, difundiendo la cultura y, sobre todo, creando un ambiente político y social de tolerancia, de respeto a la ley, de defensa de la ciudadanía. Hicieron exactamente lo contrario, hasta desembocar en la situación presente, la más trágica y desalentadora en la historia de España. Franco, que ya se siente asimilado a la cadena dinástica, si no como rey, como hacedor de reyes, que es título mucho más alto, ha hecho buenos los errores y crímenes de todos los Borbones juntos, de los cuales se erige en cínico abogado. En sus manos España se ha empequeñecido tanto, se ha hecho tan sombría y miserable, tan pobre y doliente, que hace recordar una frase de don Gaspar Núñez de Arce digna de figurar entre las más lapidarias de Larra: "En España, lo único vivo son los muertos".
Ayer, martes 14, estuvo en nuestro Instituto, dentro del programa de Animación a la lectura, Benjamín Prado. Habíamos elegido a este autor para hablar de su novela Mala gente que camina. Nos parecía que, de cara a los alumnos, tenía muchas cosas que comentar desde el punto de vista histórico y desde el punto de vista literario. Primero fuimos a la Radio autonómica con dos alumnos. La entrevista fue agradable e interesante, tanto por parte del autor como por parte de nuestros alumnos, Jesús y Daniel. Después vinimos al Instituto para tener la sesión con el resto de los alumnos. Aunque hubiese falta un poco más de tiempo, la sesión resultó eficaz. Benjamín estuvo muy cercano, explicó el proceso de escritura de su novela y habló de su encuentro con Alberti. A él, al parecer, también le gustaron nuestros alumnos. En fin, una actividad reconfortante.
Casi siempre que tengo una idea y se me ocurre mirar antes el blog de Mariano Coronas, me quedo con lo que él dice, y con lo que dicen sus talentosos alumnos. Así que hoy pongo aquí parte de su último comentario:
Hemos seguido un poco la Conferencia de Nairobi a través de la prensa (colocamos en un expositor acristalado las noticias que van surgiendo sobre el tema) y en clase, paralelamente, hemos leído “La conferencia de los animales”: un libro que escribió el alemán Erich Kästner. El libro es una fábula que pone en solfa la poca capacidad que tiene el ser humano para ponerse de acuerdo con otros como él y terminar con algunas lacras mundiales. En Ciudad del Cabo va a celebrarse la octogesimoséptima conferencia para buscar la paz en el mundo. Los animales hartos de tantos fracasos humanos organizan una conferencia paralela en el Rascacielos de los Animales. Presionan de diferentes formas a los representantes de los países reunidos en Sudáfrica y ante el más que posible fracaso de la citada 87ª conferencia, deciden secuestrar a todos los niños del mundo para obligar a los seres humanos a ponerse de acuerdo. Al final, firman un tratado que incluye los siguientes cinco puntos: 1.- Se suprimen todas las fronteras. 2.- Se suprimen los ejércitos y las armas de fuego. 3.- La policía vigilará solamente que la ciencia y la técnica estén al servicio de la paz. 4.- El número de oficinas y funcionarios será reducido al mínimo imprescindible. 5.- Los funcionarios mejor pagados serán los maestros porque la tarea de educar a los niños para hacer de ellos verdaderas personas es la más alta y la más difícil.
Los chicos y chicas de la clase han escrito sus opiniones y éstos son algunos fragmentos de las mismas: Dice Gianluca: “No deberían existir tantas fronteras que nos dividen y separan porque todas las personas somos exactamente iguales. Una frontera quiere separar las diferentes culturas y por ello no debería existir”. Dice Álex: “Las personas deberíamos tomar ejemplo muchas veces de las actitudes de los animales que parecen ser más humanas que las nuestras. Por ejemplo, las leonas sólo matan para alimentar a sus cachorros y al resto de la familia. Los toros vivirían más tranquilos si no fueran perseguidos para ser utilizados en las grandes corridas de toros que se hacen en las plazas y donde lo único que se pretende es entretener al público clavándole al animal banderillas y espadas hasta que muere. El oso polar es seguramente un animal en peligro de extinción, los polos se van deshaciendo por las altas temperaturas...” Kamile piensa que “este libro nos quiere decir que dejemos de hacer todo lo malo: guerras, injusticias, contaminación... Como todos los libros, éste nos anima a leer. Me gustaría que no hubiese guerras, pero creo que eso no va a ser posible...”
Tiffany asegura que “lo que me ha encantado y ha sido muy bonito es que todos los padres (animales) les leían a sus hijos en voz alta y eso es algo que pocos seres humanos hacen con sus hijos”. A Roberta lo que más le sorprendió es que “los animales ya no querían más guerras porque ya estaban hartos de tantas”. Noelia dice: “Opino que este libro se lo tendrían que leer algunos políticos o personas relacionadas con eso. También me gustaría que todo lo que firmaron se cumpliera”.
“Este libro me parece raro, porque no se me hace a la idea de que unos animales hagan una conferencia, sólo para que los niños humanos no mueran en las guerras”, comenta Silvia. “Este libro me ha parecido creativo porque los animales son capaces de hacer llegar a las personas a un acuerdo para detener la guerra y destruir las armas. Ahora se me ocurre una poesía: Corriendo bajo las bombas / que caen del cielo/ ¿por qué no nos dan libros / para poder ir al colegio?”, escribe Guillem. “Este libro, este problema, me ha enseñado que, tarde o temprano, deberemos rectificar nuestros errores, siendo siempre justos para convertirnos en buenas personas, que no sólo debemos atender nuestras opiniones, sino también las de los demás”, concluye Santi.
A LA INMENSA MAYORÍA Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre
aquel que amó, vivió, murió por dentro
y un buen día bajó a la calle: entonces
comprendió: y rompió todos su versos.
Así es, así fue. Salió una noche
echando espuma por los ojos, ebrio
de amor, huyendo sin saber adónde:
a donde el aire no apestase a muerto.
Tiendas de paz, brizados pabellones,
eran sus brazos, como llama al viento;
olas de sangre contra el pecho, enormes
olas de odio, ved, por todo el cuerpo.
¡Aquí! ¡Llegad! ¡Ay! Ángeles atroces
en vuelo horizontal cruzan el cielo;
horribles peces de metal recorren
las espaldas del mar, de puerto a puerto.
Yo doy todos mis versos por un hombre
en paz. Aquí tenéis, en carne y hueso,
mi última voluntad. Bilbao, a once
de abril, cincuenta y uno.
Los días 23, 24 y 25 de noviembre se ha celebrado en Tudela un Encuentro Internacional de Expertos titulado "Guerra y sociedad en el Valle Medio del Ebro, 1808-1814". La reunión tenía por objeto establecer un estado de la cuestión y preparar el Congreso Internacional que se celebrará por estas fechas en 2007, en Pamplona y Tudela. Yo pude asistir el jueves por la tarde y me encontré allí a viejos conocidos como Lluis Roura, Alberto Gil Novales, Charles Eisdale y Vittorio Scotti-Douglas, entre otros. El ambiente es animado y creo que podrán abrirse nuevas líneas de investigación, que buena falta venía haciendo, porque el tema estrictamente militar está ya muy trillado. Ya en la conferencia de inauguración del jueves, de Leopoldo Stampa, se ponían de manifiesto muchos de los tópicos que todavía subisiten y la necesidad de nuevas investigaciones. En fin, un año pleno de trabajo.Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/