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Para esta página me gusta mucho acudir, ya lo sabe quien la lee, a mi alacena de poetas y lecturas queridas que quiero compartir con el que está más allá de la pantalla. Y hoy, después de unos días de vacaciones por la celebración de los pilares, vuelvo a donde solía. Y como me tiene harto este país de locos, gritones y medio fachas, me refugio en mis libros. Me gusta mucho recordar la hermosa carta, dentro del libro de hermosas cartas (El árbol del erizo, Barcelona, Bruguera, 1981)que Antonio Gramsci escribió desde la cárcel a su hijo Delio, intitulada "Estudiar la Historia", y que podría dedicar a mis alumnos y alumnas: "Queridísimo Delio: Me siento un poco cansado y no puedo escribirte mucho. Tú escríbeme siempre y en especial sobre lo que te interesa de la escuela. Yo creo que te gusta la historia, como me gustaba a mí cuando tenía tu edad, porque se refiere a los hombres vivos y todo lo que está relacionado con los hombres, con todos los hombres posibles, con todos los hombres del mundo, en cuanto se unen todos ellos en sociedad y trabajan y luchan y se mejoran así mismos, te tiene que gustar más que otra cosa. Pero ¿es así?. Te abrazo. Antonio". Y ya puestos, ¿no os parecen interesantes estos versos de José Agustín Goytisolo?:Cuando se quieren contar nada más que las cosas que pasan se puede escribir mucho, llenar el blog (que, por cierto ha cambiado de diseño en estos días y me ha despistado un poco su nuevo funcionamiento). Sí, quería decir que la semana pasada estuvo llena de actividades: comida con los chicos del Centro del Libro el jueves a medio día; apertura, ese mismo jueves, de un ciclo de conferencias y debates que organiza la Fundación Bernardo Aladrén. Esta primera sesión, presentada por el periodista José Luis Trasobares, contó con la presencia del diputado socialista José Andrés Torres Mora, que fue jefe de gabinete de ZP durante cuatro años, y que expuso brillante y sugestivamente "Republicanismo: el socialismo de los ciudadanos". Luego, en la cena, pudimos conversar sobre temas de actualidad, de intercambiar en corto opiniones y escuchar cosas próximas a la maquinaria del poder, siempre cosas interesantes. El viernes inauguramos las comidas de los viernes en el Instituto y a la vez presentamos el libro Cocer y Contar, que recogía los comentarios literarios de Simeón Martín, nuestro maestro de Gramática, de los años 1998 a 2004.
Ayer lunes comencé mis sesiones en la Universidad de la Experiencia. De nuevo comenzamos con mis "chicos" a reflexionar sobre la comprensión de la Histroria. Me vienen muy bien estas clases porque me ayudan a pulir reflexiones sobre cuestiones que las clases diarias en el Insti no me permiten. Después, Ana Vieitez, presentada por la Fundación Bernardo Aladrén y el PSOE, habló de la memoria perdida, de la recuperación de la dignidad, de la defensa del republicanismo. Acabé con mis molidos huesos en la librería Cálamo donde se presentaba el libro Palabras por la biblioteca, escrito, entre otros, por algunos buenos amigos como Mariano Coronas, que no pudo asistir, y por Chus, nuestr bibliotecaria zufariense. Qué bien, qué gusto lamerse viejas heridas entre gentes que trabajan con, por y entre libros. Uno de ellos nos dijo que los bibliotecarios siempre utilizaban preposiciones en los títulos de sus libros. Y es verdad. Vivir y soñar entre, sobre, tras las proposiciones. Qué envidia.
He buscado denodadamente, y al fin he encontrado, un hermoso (así me parece a mí un libro de poemas de Ángel Gracia, que fue alumno de nuestro Instituto, titulado Libro de los ibones, premiado por la Delegación del Gobierno en Aragón. Selecciono el titulado Li Bo
Los árboles han descendido.
Mis manos han medido la montaña.
Doy celos a la tierra
besando el agua.
El ibón y yo
nos hacemos hielo,
velamos
en la última luz del día.
Plagio el blog de mi amgo Mariano Coronas. Sólo quisiera añadir cómo se puede vivir sin biblioteca cuando tienes un local, libros, alguien que se ocupa de ellos y, sin embargo y paradójicamente, la biblioteca no existe. Cómo podremos hablar de calidad de enseñanza, o tan solamente de enseñanza. La ausencia de las bibliotecas escolares n os debería sumir a todos en una depresión que estallara el mundo.
Estos días, viendo a mis alumnos de 3º de ESO pienso que qué estamos haciendo. Es cierto que trabajan poco, que da la sensación de que en sus horizontes no está precisamente la adquisición del saber. Vienen seguramente porque el sistema, y sus padres, les empujan (aunque sus padres no a todos y no siempre), y aquí en el centro, unos encuentran acoso de sus compañeros, otros extrañas amistades, otros nada y todos una especie de desesperanza de futuro. Sé que si lo vemos desde el punto de vista tan de moda de los sentimientos, erramos. Hay que verlo desde el punto de vista social. ¿Qué mostruosidad de sociedad hemos (¿o han?) creado, que no importan para nada las grandes masas de alumnos y alumnas de la pública que, en el mejor de los casos, tendrán que competir duramente por los mejores puestos de la sociedad que ya están repartidos? Y el resto, carne de cañón. Hemos creido que con capitalismo (algunos le llamaban de rostro humano) solucionábamos el problema. Una vez derrotado el pernicioso comunismo, la sociedad ya podía liberarse de indeseables y progresar. Nadie calculó que el progreso lanzaba cada año a miles de chicos y chicas a centros de enseñanza degradados en la mayoría de las ocasiones por la falta de presupuestos, en busca de un estar mientras tanto. Estos chicos, mezclados con inmigrantes que han tenido a bien venir a nuestro país de golpe en los últimos años, se mueven en lugares estrechos, no tienen desdobles ni atención a sus especiales situaciones. Algunos buenos proyectos que existían se han suprimido y todo de repente se convierte en un duelo de autoridad y de disciplina de la buena. Las clases trabajadoras del futuro se están deformando a modo entre encuestas que se publican curiosamente entre los meses de septiembre y octubre sobre los aspectos más variopintos de la juventud: que si las drogas, que si el botellón, que si el sexo, que si la violencia; siempre mostrando la perversión de esta juventud, con gran asentimiento de los mayores. Como si fueran virtudes teologales de este capitalismo salvaje que nos atenaza. Hemos visto ya bastantes películas de la destrucción de las grandes tradiciones obreras y sociales de Inglaterra y solo aprovechamos lo que de situaciones risibles tienen; nada sabemos de los miles y miles de trabajadores arrojados al paro y a la prejubilación. Florece la prejubilación. En realidad, cuando hacemos la oposición a profesor ya la hacemos con prejubilación adosada. Queremos escapar porque ya no somos los encargados de santificar a las clases dirigentes del país, eso lo hacen las empresas de formación de alto standing. Nuestro papel parece haber ido de la excelencia (nos creíamos científicos y respetables por nuestro leal saber), a cuidadores de adolescentes a los que no interesa para nada adquirir un saber, que, si en nuestra época liberaba de la miseria y te hacía una persona de provecho, ahora no sirve ni para los concursos. Ya no preguntan cosas en la tele para lucirse. Ahora en la tele uno luce su body de danone y su estupidez. Pero, aun viendo esto, que lo vemos unos cuantos, no nos rebelamos: esperamos resignados (o aliviados) nuestra prejubilación LOGSE. Y los sindicatos, en vez de meter mano en la herida, nos procuran más jubilaciones LOGSE. Es un triunfo de la FETE firmar en una mesa (¿en una qué?) más prejubilaciones. Nadie afronta la cuestión: más espíritu, más formación, más margen. Y exigiendo que si hemos de jugar el papel que jugamos, al menos que nos den látigo y silla. Porque esto va a ir a más. Ahora se mantiene la ilusión de que todo está bien porque vivimos de las rentas de nuestros años buenos, pero debajo de nuestros pies, en muchos centros públicos de los barrios de las ciudades, se oye el bullir social. No sé qué monserga de valores dicen que enseñemos (extraños valores propios de curas) y no enseñamos el que es el valor fundamental: la democracia ¿Nos la creemos?¿O pensamos colocar a cada uno en su lugar? Es decir en su cajita, en su escaño, en su estamento. Que nadie salga de donde tiene que estar. Pondremos cámaras de vídeo para vigilarlos, policías, más policías, nosotros mismos de policías. Pero ni una palabra de pedagogía, del diseño de espacios pedagógicos para los centros, de proyectos de renovación. Qué dirían aquellos maestros republicanos. Qué dirían de los hijos de la clase obrera.
Para ayudarnos a pensar un poco este fin de semana, quiero transcribir algunos textos sobre educación:
"Reformar programas suele ser una obra ilusoria: lo que ha de cambiarse en la escuela es el carácter del maestro y la actitude del alumno. ¿Se ha reflexcionado bastante sobre la situación inconveniente en que colocamos a nuestros alumnos desde el primer día? La actitud lastimosa que adoptan es la de un acusado que a cada instante puede ser sorprendido en flagrante delito de ignorancia. Y si el escolar se presenta como un culpable, es debido a que el maestro -como si olvidase que ha de instruir y ayudar a los niños que se le confían desarrollando lo que haya de bueno en ellos-, adopta en seguida el tono y el procedimiento de un juez, y cuando les interroga se propone casi siempre reconocer en aquella cuadrilla de sospechosos los que merecen censura y los que han de ser absueltos, a veces con felicitaciones. Al efecto lleva un registro donde anota en un lenguaje cifrado e impresionante, junto con algunas apreciaciones favorables, las declaraciones, frecuentemente abrumadoras, de los que han sido sorprendidos (...)
Como se necesitan notas, muchas notas, siempre notas, la escuela fracciona todo el saber humano en dosis mínimas, cada una de las cuales puede dar materia para una interrogación rápida. Así, el joven Mauricio, que recitó el martes la primera mitad de una fábula, dejó sin aprender el resto para el viernes; de modo que con medias fábulas, tercios de teoremas y cuartos de verdades, migajas de ciencia, se nutre ordinariamente la inteligencia de los escolares" (Henri Roorda van Eysinga. "El escolar es un procesado". Boletín de la Escuela Moderna, nº 6, 1 de octubre de 190
"Ante todo hay un primer error en el hecho de confundir los buenos alumnos de la escuela con los que han obtenido triunfos escolares, es decir, el certificado de estudios primarios. Para la mayoría de los maestros el buen alumno es el niño dócil, aquel cuyo temperamento le inclina a plegarse fácilmente a la autoridad magistral y al sistema disciplinario corriente; el que atiende a las lecciones, el que mejor recita de memoria y es más capaz de responder sin perturbación a lo que hoy se llama una pregunta de inteligencia y que no suele ´ser más que una pregunta mnemotécnica (...)" (Maurice Dubois. "La escuela primaria y la preparación a la vida". Boletín de la Escuela Moderna, nº 12, 1 de abril de 1909)
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