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Montborg. Bitácora, weblog o blog de Herminio Lafoz Rabaza

Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2005.

CARLOS CASTILLA DEL PINO - 01/06/2005

Durante siete años recorrí pensiones de Madrid con un compañero de curso de la Facultad de Medicina de Madrid. Nos considerábamos íntimos. Después de muchos años, indirectamente supe que era hijo de uno de los fusilados por los falangistas en el monasterio de San Marcos en León... Muerto Franco, grabé una entrevista a Concha Castillo (que publiqué en el primer volumen de mi autobiografía, Pretérito imperfecto), testigo de la matanza que moros y falangistas llevaron a cabo en San Roque en 1936: el miedo a hablar la paralizaba; los hijos la incitaban a seguir hablando, advirtiéndole que hacia dos años que había muerto Franco, que estábamos ya en democracia, etc. El silencio de los vencidos se prolongó hasta después de la muerte del dictador. No había necesidad de decirles que callaran: lo estaban desde hacía más de cuarenta años. Tenía, pues, su lógica (una lógica personal) que permanecieran en silencio. Pero hubo muchos a los que hablar, además de doloroso, les parecía inútil, porque ¿era posible hacerles comprender a los demás lo que realmente sintieron? Tengo la convicción interna de que el suicidio de Primo Levi fue motivado (lo infiero de sus textos) por la imposibilidad de hallar palabras para la descripción del universo que le fue dado vivir.

Fueron tantos los años de la dictadura franquista que muchos de los silenciados han desaparecido sin que hayan tenido ocasión de decir. Pero no se puede decir por ellos. No es posible hablar por otro de lo que, por las razones que fuera, calló. Que cada cual diga lo suyo. La memoria es personal; no hay otra. Y lo perdido, perdido está.

Como metáfora (impropia, por lo demás) se dice que la historia es la memoria colectiva. No lo es; por eso no sustituye a la memoria en sentido estricto que, convertida en discurso oral o escrito, se denomina testimonio. Mientras el testimonio lo es de la vida de uno, y por lo tanto drama, la historia es crónica, necesariamente despersonalizada, de una sociedad y en una época determinada. El testimonio, pues, no suple a la historia. Y sin embargo, ésta precisa y se nutre de testimonios. Estas líneas mías son, pues, una invitación no a recordar -seguro que nada de cuanto habría que decir ha sido olvidado- sino a testimoniar. El testimonio es una manera de seguir viviendo. Uno no muere del todo mientras reside en el recuerdo de los demás. Sólo cuando estos han desaparecido y nadie nos recuerda, nos hemos muerto definitivamente. Dar testimonio como respuesta a aquel silencio forzoso es un requerimiento que en todo caso nace de uno mismo para sobrevivir en sus palabras; y es también una obligación moral, la de hacer saber a los demás lo que es el miedo, el dolor, el sufrimiento personal, que así pueden transferir a los que se fueron sin contarlo.

He tenido el privilegio de oír lo que algunos contaban de aquellos años, los veinte primeros de franquismo, cuando una mínima ruptura del silencio (una imprudencia) entrañaba el máximo riesgo.Y he visto, y no me tenía que ser contado, el miedo a que se oyera la más leve crítica del régimen, o que se supiera de una amistad peligrosa, incluso a que, no ya no con palabras, sino por una forma de mirar se sospechase "desafección al régimen" (ésta era la temida calificación). No sólo no se podía decir; había también que disimular cuando se oía.

Porque, ¿qué hacer si alguien criticaba al régimen? ¿Asentir? Era un riesgo temerario y gratuito. ¿Callar? Podía ser una manera oculta de asentir. Se podrá aducir, en contra del paisaje de terror que describo, que jamás hubo suficiente policía para conseguir el silencio generalizado de los vencidos. No era necesaria, porque en funciones lo fue buena parte de la sociedad civil, que podía obligar a callar, o marcaba haciendo saber dónde parece que éste está, y dejarlo así en el punto de mira. Es cierto que pasados los primeros veinticinco años el riesgo inmediato disminuyó, pero (los mayores se encargaban de advertirlo) "¿y si la situación volviera a ser la de antes?". España en silencio...

Toda dictadura hace silencios, distintos silencios. Desde luego el de los vencidos, al que me acabo de referir. Pero también el de los vencedores, de otra índole, pero inquietante y desde luego perturbador. Si son pocos los testimonios de vencidos, los de los vencedores, en tanto que tales, no existen. (Los recuerdos de éstos se refieren a la época en la que eran también vencidos: refugios en embajadas, ocultaciones, etc.). Pero ¿qué nos dicen de ellos como vencedores? Nada. El libro de Ronald Fraser (Recuérdalo tu, Recuérdalo a otros) es una prueba del contraste, ya en las postrimerías del franquismo, entre el discurso dramático del vencido y el mutismo del vencedor. Si el discurso de los vencidos es el del perseguido o encarcelado, o el del hijo o la esposa del ejecutado, ¿cuál es el de los que, como vencedores, persiguieron, encarcelaron o ejecutaron? Después de terminada la Guerra Civil, los franquistas podían seguir gritando "Franco, Franco, Franco" en los actos del régimen (el último, en la plaza de Oriente, unas semanas antes de la muerte del dictador). Pero con cualquiera de ellos, a solas, apenas logré hacerles hablar de qué hicieron en la retaguardia durante aquellos años de la Guerra Civil. ¿Por qué no hablar si podían hacerlo? ¿Qué tenían que callar? Tenían que guardar silencio. Ojalá hubieran podido borrar o cuando menos olvidar su pasado. Serrano Súñer lo intentó, inventándoselo; Ridruejo también, pero calló dolorosamente lo que pudo; Laín nos invitó a aceptar que él ignoró.Son sólo ejemplos que podría multiplicar. El franquismo, que no acabó con la memoria, hizo callar, desde luego, a los vencidos. Pero, aunque parezca paradójico, provocó, poco después de su victoria, el silencio (de otro carácter, claro está) de los vencedores. A ese silencio le llamo mutismo. (Un ejemplo de ello, sobre otro lado del problema, fue La Muralla,de Joaquín Calvo Sotelo, de 1954. Pero es interesante saber acerca de la repercusión social que por entonces tuvo). En Casa delOlivo he descrito con alguna amplitud este tipo de silencio que viví en la intimidad de la consulta en muy contadas ocasiones. ¿Por qué el mutismo? La calma en la retaguardia franquista fue absoluta. Tras las bandas de ejecutores estaban las de los que ordenaban ejecutar; más atrás, las de los que señalaban a los que deberían ser ejecutados; a espalda de ambos, los que asentían sobre las ejecuciones. En esta pirámide social invertida se asentó la paz que el franquismo otorgó a todos los españoles. Porque una actividad tan frenética como la que acabo de describir no es obra de unos pocos, ni siquiera de las autoridades de entonces: es tarea de muchos. El franquismo tuvo, además, buen cuidado en complicar (aunque algunos no lo necesitaran) a cuantos más mejor en esa tarea de pacificación, de la que algunos comenzaron a distanciarse. De esta forma quedaron moralmente tullidos muchos miles de personas, y aún hoy los supervivientes lo están, pero en secreto (hace poco me enteré de las actividades de una persona que durante años he tenido cerca de mí). Pasados los años en los que se hizo lo que había que hacer, sin reproche social ostensible, incluso más bien como mérito, emergió un malestar interior ante el que no cabía otra defensa que el mutismo y el deseo de que lo supieran los menos posibles, de olvidar todo ante la repugnancia del recuerdo. Un silencio activo, un "aquello ya pasó y mejor no hablar"; o esa forma de defensa que es la disolución de la culpa en el grupo ("todos hicimos lo mismo"); o la de la obediencia debida ("hicimos lo que nos mandaban"). Porque los vencedores, pasados los años en los que se podía decir en voz alta que lo que se había hecho tenía que hacerse,y utilizaron su victoria como prueba de que la razón estaba de su lado, iniciaron su íntima reconsideración. No todos hicieron, ni todos hicieron lo mismo. También en esa dramática tarea hubo una división social del trabajo. La tarea de los vencedores hasta lograr el silencio absoluto y prolongado de los vencidos fue de tal magnitud que resulta ridículo pensar que fuera labor de unos cuantos... Si hablo de ello ahora no es con ánimo de un tardío ajuste de cuentas, sino para señalar la imposibilidad de completar, en la conjunción vencedor/vencido, la del vencedor, hasta ahora poco conocida, saber qué fue lo que este último hizo, sintió y pensó como para que, años después, no quiera o no pueda reconocerse en ese sector de su pasado. Si el vencido temía al de fuera, el vencedor ha temido siempre al de dentro,a su memoria, y a la memoria que de ellos puedan guardar los demás.

*Fuente : La Vanguardia, 1 de junio de 2005
02/06/2005 09:38 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

El Cárabo

Hace dos días estuve en Antígona viendo libros y encontré un ejemplar de una revista mítica, El Cárabo, en la Transición. Era el nº 5 y recordé que yo tenía los cuatro primeros números, así que la adquirí. El Cárabo (subtitulada: Revista de Ciencias Sociales) forma parte de un conjunto de prensa política (y efímera) que se difundió profusamente en el postfranquismo. Nombres conocidos actualmente; por ejemplo, el Director periodista, era Joaquín Estefanía Moreira que hoy escribe en EL PAÍS. En cuanto a los artículos, el lenguaje de aquella época se destila ya en el Editorial: "Las elecciones [se refiere a las de 1977] están convocadas por los hombres del franquismo, por los gestores de su remodelación. La oligarquía se ve obligada a convocarlas, aceptando compartir, con otras facciones burguesas, su hasta ayer exclusivo control del poder porque el pueblo con su lucha ha hecho inviable la continuidad de las formas dictatoriales de gobierno. En este sentido, la existencia de elecciones es una victoria popular". Se dedica el primer artículo a las "Elecciones 1931-1977. Ruptura o pacto"; otro artículo de Enrique Bustamante, "Estructura de la propiedad de los medios de comunicación en España". Otros, "El capitalismo monopolista de Estado en la URSS" y "Nacionalidad, nación e imperialismo". En fin, este era el tono, que nos resultaba tan familiar a algunos. Es cierto que podía resultar un poco pestiño, pero nuestra formación ideológica (¿te acuerdas de cuando hablábamos de ideológíca?) Hoy ya no hablamos de ideas sino de ocurrencias. Hoy ya no existe El Cárabo, ni nada. El estado de nuestra capacidad dialéctica está al nivel de las gambas (con gabardina). La raíz de la madre de todas las derrotas está en el olvido de la poesía.

PD. Hoy ¡se discute! en nuestro ilustre y heroico ayuntamiento el hacer hijo adoptivo al arzobispo Yanes. Sólo se ha mostrado en desacuerdo la CHA. En fín. Cosas veredes, amigo Sancho. Aquí lo dejo y me tomo una cerveza con mi amigo Marxtínez.
03/06/2005 12:26 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

JESÚS INGLADA ATARÉS

Inicio una serie de comentarios, artículos y documentos que ponen de manifiesto la labor investigadora de profesores y profesoras de Institutos de Secundaria, preferentemente, aunque no únicamente, en Historia. El objetivo es poner de manifiesto la calidad del trabajo y la dedicación de una serie de profesionales con los que, a menudo, no cuenta la Academia. Su esfuerzo investigador queda muchas veces en el limbo, por mor, en el mejor de los casos, del desconocimiento. Estrena esta serie Jesús Inglada, profesor de Historia del IES Montes Negros de Grañén (Huesca), con el que he compartido en alguna ocasión cursos, presentaciones de libros y largas conversaciones. Este es el resumen de parte de su trabajo que publicaba hace unos días el Diario del Altoaragon, de Huesca:

"Jesús Inglada, profesor del IES Montes Negros de Grañén, comenzó en la primavera de 2001 a investigar sobre los deportados de Monegros, a raíz de su amistad con Mariano Constante. Sus minuciosas indagaciones le llevaron a conocer la decisión de Francia de conceder ayudas a los hijos de fallecidos en los campos nazis, a las que pueden acceder los descendientes de los 250 altoaragoneses que murieron en Mauthausen. “Se puede optar por un capital de 27.440 euros en una sola entrega o por una pensión mensual vitalicia de 457,35 euros”, explica Jesús Inglada, que está realizando una importante y desinteresada labor para informar a todos los beneficiarios.

Según comenta Inglada, los posibles beneficiarios deben presentar la documentación que se requiere en el Consulado de Francia en Barcelona, que es el encargado de cursar las ayudas. “En total, 7.000 españoles entraron en Mauthausen y sólo salieron con vida sobre 2.000”, subraya, y apostilla que “hubo prisioneros españoles en 15 de los 22 principales campos de exterminio”.

Jesús Inglada explica los motivos que han llevado a Francia a conceder estas ayudas. “En los años 60, la Alemania democrática se sintió en la obligación moral de resarcir a las viudas de las víctimas de los campos nazis, al igual que algunas empresas como BMW o Siemens, que se habían beneficiado de mano de obra de esos campos de concentración. Ahora es Francia la que se siente responsable subsidiaria de lo que hizo el Régimen de Vichy, con el mariscal Petain al frente del Gobierno”. Prosigue recordando, que “quinientos mil españoles fueron a campos de refugiados franceses, pero, a partir de la primavera de 1940, primero voluntariamente y luego a la fuerza, se incorporaron a las compañías de trabajadores extranjeros, una especie de servicio militar sin armas para trabajos de fortificación”. Otros muchos fueron empleados también como mano de obra agrícola".
06/06/2005 13:11 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

Cuando, después de pasar interminables horas mirando el papel blanco en espera de que te venga la inspiración, garrapateas dos frases y doblas el papel para meterlo en la botella que surcará mares y océanos hasta llegar a un destino arbitrario, es difícil volver a escribir de nuevo las frases (que pueden ser: ¡Arriba los pobres del mundo!¡En pie, famélica legión!) y que, enseñándolas a alguien, pueda entender sin más su sentido. Pues eso. Si yo escribiera ahora esto, habría quién preguntara: Pero, ¿quiénes son los pobres del mundo? Otro, sorprendido, diría: ¡Ah, pero ¿hay pobres?. Una tercera se preguntaría que para qué hay que desempolvar estos versos que son un arcano. El siglo XIX pasó y ahora estamos en el XXI. Los pobres lo son porque no han querido trabajar (esto se dice así ya desde el siglo XVIII) y no merece la pena que nos molestemos por ellos. Bolivia estalla de pobreza (y de riqueza) y a nosotros no se nos rompen las costuras que pulcramente cosió una multinacional. Las contradicciones del mundo no parecen despertar ni un pensamiento inteligente. Hay que seguir acumulando, hay que seguir atesorando,deprisa, deprisa, repartir entre cuantos menos, mejor. Expulsando a cuantos más, mejor. Inmigrantes, pobres, maricones, mujeres, niños, estudiantes. Solos, arios, limpios, católicos, ricos, españoles de bien. Pues no conteis conmigo. Cantaré. Yo, cantaré.
08/06/2005 13:16 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

José María Maldonado

Siguiendo la serie prometida de profesores de secundaria investigadores, le toca el turno hoy a José María Maldonado, que es profesor de Geografía e Historia en el Instituto de Educación Secundaria "Bajo Aragón", de Alcañiz. Su campo de trabajo en estos momentos, los bombardeos de la guerra civil en Aragón. Escribió un estupendo, y sorprendente, libro titulado Alcañiz, 1938. El bombardeo olvidado. Habrá que estar atento a sus próximos trabajos que prometen clarificar gran parte de lo que hoy no sabemos de las acciones de la aviación italiana fascista sobre todo. Añado la entrevista que Aragón Digital publicaba con este profesor alcañizano sobre su libro, a raíz de su participación en la jornada sobre la Guerra Civil española que tuvo lugar en el Centro de Congresos y de Interpretación de Arte Rupestre de la localidad turolense de Ariño, el pasado 13 de noviembre de 2004.

Pregunta.- ¿Por qué no se ha sabido nada de lo ocurrido en Alcañiz aquel 3 de marzo de 1938 hasta hoy?
Respuesta.- Los alcañizanos sí que habíamos oído cosas, pero nunca nos lo habían contado realmente. Hay personas que lo comentaban a los de su alrededor, pero no llegó a la mayor parte de la población.


P.- ¿Qué razones tenían estas personas para ocultarlo?
R.- Cada uno tiene sus motivos, pero la mayoría de los que lo vivieron coinciden en que no querían que su familia supiese el dolor por el que habían pasado.


P.- ¿Por qué conocimos el bombardeo de Gernika y no el de Alcañiz?
R.- El de Gernika no se pudo silenciar porque había periodistas extranjeros en ese momento. En el caso de Alcañiz fue diferente, ya que a los 11 días entraron las fuerzas nacionales, vieron lo que había ocurrido y se dieron cuenta de que eran culpables. Como no querían que la gente supiese lo sucedido, mintieron diciendo que habían sido los rojos los que lo habían hecho.


P.- ¿Qué hace especial al bombardeo de Alcañiz?
R.- Se produjo entre el final de la batalla de Teruel y el inicio de la ofensiva en Aragón. En ese intermedio, la población de retaguardia estaba desprevenida, y no pudo protegerse del bombardeo a pesar de los 38 refugios que había en la ciudad. Las 50 bombas de 100 kilos cada una y 120 bombas de 50 kilos que lanzaron los aviones italianos tenían como misión destruir lo más posible la población y la moral de los alcañizanos.


P.- ¿Se conoce el número total de heridos y muertos que provocó el bombardeo?
R.- No, y nunca lo conoceremos porque carecemos de un registro oficial. Las cifras que dan los testigos son tremendamente altas, hablan de más de 500 personas y llegan hasta pasar del millar.


P.- ¿Saldrán a la luz nuevos episodios que tuvieron lugar durante la Guerra Civil en el Bajo Aragón?
R.- Sí, porque fueron muchos los pueblos de esta comarca que sufrieron las consecuencias de los bombardeos de la aviación rebelde a cargo de los aviones italianos y alemanes. Caspe, La Puebla de Híjar, Híjar, Ariño, Alcorisa o Calanda son algunos ejemplos. La mayor parte de estos ataques se produjo durante la ofensiva militar y, afortunadamente para la población, sus consecuencias fueron menores.


P.- ¿Es difícil conseguir información sobre la Guerra Civil española?
R.- Sí, hay que perder el tiempo y rascar en los archivos de historia, una tarea complicada porque la documentación de la época es escasa, tendenciosa o simplemente inexistente.


P.- ¿Hay que olvidar hechos como este bombardeo?
R.- No, yo soy de los partidarios de que todo se debe de saber, siempre y cuando se ciña a la verdad. No consiste en que ganen la guerra los que la perdieron, pero es necesario saber qué pasó.

P.- ¿Se incluirá el bombardeo de Alcañiz en los libros de texto?
R.- De momento creo que todavía no aparece, pero sí en los libros de historia. “España en llamas. La Guerra Civil desde el aire”, aparecido en octubre del año pasado, es un ejemplo. Está escrito por los catedráticos Josep María Solé y Joan Villarroya, y en él nombran lo sucedido en Alcañiz como uno de los seis grandes bombardeos de España durante la Guerra Civil española.
10/06/2005 12:20 Enlace permanente. Hay 2 comentarios.

InvitaciónDía de San Antonio. He leído la, como siempre, hermosa página de Víctor Juan. Vuelve a su infancia. Yo también vuelvo porque S. Antonio era el patrón de mi barrio, el Barrio Jesús. En mi infancia (años 60), el Barrio Jesús era no sé si el principio o el fin de la ciudad. Mi madre decía que iba a comprar a Zaragoza, pues había que atravesar un puente para llegar al Pilar. Y en este Barrio, la educación se circunscribía al Colegio Nacional Hilarión Gimeno, vulgo "Las Eléctricas", que regentaban D. Alfonso y Dª Elisa, con sus hijos (uno de ellos, Fernando, compañero mío de Maristas; luego estaba Ana...), que lo mismo enseñaban que criaban pollos; estaba también la escuela de la señorita Nati (mi primera escuela en Zaragoza), vulgo "cagones"; y, finalmente, el colegio de los Padres Franciscanos, al que también asistí. Allí hice de monaguillo (me pagaba el colegio) y de cantor del coro. Allí me subí a la hermosa higuera del huerto. Allí conocí la bodad de Fr. José, ese campesino de la huerta de Valencia. Y también al Padre José Nemry, que solamente años más tarde supe que era un fascista de Degrelle, refugiado en España. Mi barrio primigenio, la sala de espera para los emigrantes. Algunos no llegarían al salón de la ciudad, se quedaron varados en los "environes" y en los "alentours". El plano de mi memoria era una calle, la calle, con sus juegos de ciclo (cada estación, un tipo de juego), con sus despertares a la vida, al sexo, a la obediencia, a la libertad. Una calle de casas sindicales, baratas del régimen, en las que nos sabíamos quién vivía en cada número: en el uno, esos comunistas, se decía en voz baja, mi amigo Rafaelito; en el trece, los Abrain; en el quince, nosotros. Historias de emigración, de sonidos. Esta calle limitaba con el confín de la huerta zaragozana: campos y campos de cereal; frutales donde robar fruta bien verde (que viene el hombre y... todos a correr). Mi barrio donde el mundo era un agujero de guá, y las clases se organizaban según la habilidad de jugador. Los estamentos y los estratos se ordenaban por la habilidad subiendo árboles, jugando al burro, a las chapas. El más allá era entonces la Central lechera y sus montones de botellas rotas y ese olor dulzón de la leche pasada; el aún más allá era el Cuartel de la Guardia Civil (el que volaría años después). Allí íbamos a ver a los amigos de mis padres, a las civilas; allí veía yo en la televisión "Guillermo Tell" y "Rin tin tín", con el pequeño cabo Rosty. Desde allí un día crecí y descubrí que había aún un más allá cuando mis padres me mandaron al Colegio de los Hermanos Maristas, a San Vicente de Paúl. Otras voces, otras gentes. Cuatro veces pasar el puente de Hierro al día. Casi la adolescencia. Pero estaba recordando a San Antonio. Le brindo a Víctor este otro canto, si cabe más antiguo, que cantábamos entonces:

Si buscas milagros, mira.
El mar, sosiega su ira,
miembros y bienes perdidos
recobran mozos y ancianos.

El peligro se retira,
los pobres van remediados,
díganlo los socorridos
cuéntenlo los paduanos.

Algo así.
13/06/2005 10:05 Enlace permanente. Hay 3 comentarios.

Mentiras convincentes

JULIÁN CASANOVA

Julián Casanova es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza

La historia de la Guerra Civil y de la dictadura de Franco continúa persiguiendo nuestro presente. Durante las dos primeras décadas de la transición, desempolvar ese duro pasado fue tarea casi exclusiva de un variado grupo de historiadores que revelaron nuevas fuentes, discutieron sobre las diferentes formas de interpretarlo y abrieron el debate a la comparación con lo que había ocurrido en otras sociedades. Esas investigaciones, difundidas en círculos universitarios, en congresos científicos, libros y revistas especializadas, modificaron y enriquecieron sustancialmente el conocimiento de ese largo periodo de la historia contemporánea de España, pero sus tesis y conclusiones no llegaban a un público amplio y rara vez interesaban a los medios de comunicación.

Las versiones de los vencedores de la guerra quedaron desfasadas, desmontadas, entre otras razones, porque se sostenían muy mal, con sus principales apologetas ya muertos o en retirada. Si se exceptúa la historia militar, un terreno en el que los autores franquistas siempre se sintieron a gusto, casi todo lo que se sabía a mediados de los años noventa, sesenta años después del inicio de aquella contienda bélica, era fruto o bien del trabajo de hispanistas, sobre todo británicos y norteamericanos, los primeros en desafiar con métodos científicos los mitos de la Cruzada, o de una nueva generación de historiadores profesionales llegados a las universidades españolas al final de la dictadura y en los primeros años de la transición democrática. Aquí no hubo "guerra de historiadores", como en Alemania, porque las responsabilidades colectivas eran menores y menos internacionales, y la renovación historiográfica, con sus luces y sombras, conllevó el abandono casi unánime de las ideas que sustentaron el edificio propagandístico de la dictadura de Franco.

Todo eso empezó a cambiar desde la segunda mitad de los años noventa, cuando salieron a la luz hechos y datos novedosos y contundentes sobre las víctimas de la Guerra Civil y de la violencia franquista. Aparecieron, como consecuencia del descubrimiento de ese pasado oculto, dos nuevos fenómenos. Por un lado, una desconocida dimensión social del recuerdo, mal llamado casi siempre memoria histórica. Descendientes de esas decenas de miles de asesinados, sus nietos más que sus hijos, se preguntaron qué había pasado, por qué esa historia de muerte y humillación se había ocultado, quiénes habían sido los verdugos y, en aquellos casos donde las víctimas no habían sido identificadas o se habían dado por desaparecidas, querían además saber dónde estaban enterradas.

Pero el registro del desafuero cometido por los militares sublevados y por el franquismo hizo también reaccionar, por otro lado, a conocidos periodistas, propagandistas de la derecha y aficionados a la historia, que han retomado la vieja cantinela de la manipulación franquista: fue la izquierda la que con su violencia y odio provocó la Guerra Civil, y lo que hicieron la derecha y gente de bien, con el golpe militar de julio de 1936, fue responder al "terror frentepopulista". Todas las complejas y bien trabadas explicaciones de los historiadores profesionales quedan de esa forma reducidas a dos cuestiones: quién causó la guerra y quién mató más y con mayor alevosía. La propaganda sustituye de nuevo al análisis histórico. Es la sombra alargada del franquismo, otra forma de vengarse años después. No hay nada nuevo en esa propaganda neofranquista y de revisión, pero funciona, con sus habituales tópicos sobre octubre de 1934, el terror rojo, el anticlericalismo, Paracuellos, las Brigadas Internacionales, las checas y el dominio soviético.

Son varias y poderosas las armas que utiliza esa propaganda. Están, en primer lugar, los seudohistoriadores, los encargados de transmitir en un nuevo formato, con libros bien cocinados y preparados para la divulgación, las viejas tesis franquistas que ya sólo servían para uso de la ultraderecha y de los nostálgicos de la dictadura. Para crear un nuevo espacio para sus maniobras, necesitan declarar a los cuatro vientos que la historia que hemos hecho los historiadores profesionales en las dos últimas décadas es revanchista, falsa y está al servicio de intereses políticos de los partidos de izquierda. Son relatos basados en fuentes secundarias y desprecian datos y hechos que no se adaptan a sus tesis. Sus conclusiones, además, son presentadas como novedosas por el marketing agresivo de sus editores, de quienes les hacen la publicidad y de quienes les dedican las reseñas, donde suelen destacar su valentía para enfrentarse en solitario a la dictadura de los historiadores universitarios. Aparecen, por último, en el tercer nivel de esa estrategia propagandística, los periodistas y tertulianos de los medios de comunicación que jalean y aplauden sus libros y opiniones e insultan y calumnian al contrario.

La propaganda, las técnicas agresivas de mercado y el poder de sus medios no explican, sin embargo, por sí solos el enorme éxito de público y de ventas que han tenido algunos de esos libros sobre los orígenes, mitos y crímenes de la Guerra Civil, un éxito nunca alcanzado por los historiadores profesionales. Lo que prueba ese éxito es que quedan todavía en España muchas personas agradecidas a Franco y a su dictadura, por su posición social, por sus creencias religiosas o compromisos ideológicos, por sus vínculos familiares con las víctimas de la violencia revolucionaria, que obtuvieron enormes beneficios, materiales y espirituales, de ese largo dominio y que, por supuesto, nunca sufrieron persecución alguna. Se habían acomodado ya a la democracia, habían acomodado su memoria a los nuevos tiempos, y de repente, como si de una nueva conspiración judeo-masónica se tratara, unos cuantos libros de historia sobre la violencia militar y falangista bendecida por la Iglesia católica, algunos documentales y la búsqueda de fosas comunes con los restos de los asesinados por el franquismo les han recordado su pasado y a los verdugos, que en paz estaban. Por eso quieren leer y escuchar la otra historia, la que ellos siempre habían conocido: que Franco y su dictadura resultaron beneficiosos para España, porque la libraron de algo mucho peor, la tiranía roja, y porque, al fin y al cabo, después del castigo normal por aquella guerra provocada por los republicanos, lo que trajeron fue desarrollo, modernización, carreteras y pantanos.

Da igual que historiadores, economistas y sociólogos presenten sólidas y rigurosas pruebas de lo contrario, de que la Guerra Civil la provocó un violento golpe de Estado contra la República y de que esa guerra y la posterior dictadura fueron desastrosas para nuestra historia y para nuestra convivencia. No se trata, para esos nuevos propagandistas, de explicar la historia, sino de cómo enfrentar la memoria de los unos a la de los otros, dos diferentes pasados de nuevo, dos formas de razonar sobre él, recordando unas cosas y olvidando otras, sacando a pasear otra vez las verdades franquistas, que son, como los mejores especialistas sobre ese periodo han demostrado, grandes mentiras históricas.

La mayoría de los historiadores profesionales, que ofrecen contribuciones positivas y contrastadas a los debates sobre ese traumático pasado, que estimulan nuevas investigaciones y llevan sus enseñanzas a las aulas y a congresos científicos, no parecen interesados en gastar energías en la crítica a esas nuevas versiones franquistas de la historia, algo que ya se hizo con quienes las construyeron por primera vez: Joaquín Arrarás, Ramón Salas Larrazábal o Ricardo de la Cierva. Habrá que pensar en ello, no obstante, porque la mentira sin respuesta se convierte en una forma simple de manipulación. Y hay dos maneras de evitarlo: utilizar el trabajo de acreditados historiadores para combatir la propaganda y confiar en el estudio riguroso de la historia para comprender mejor el mundo humano. Aunque sigamos por un tiempo rodeados de mentiras convincentes.

*Fuente : El País, 14 de junio de 2005

Ha fallecido Jesús Moncada
14/06/2005 10:35 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

¿Hay que trabajar más?

Cuando todos dan por fenecido el movimiento obrero, y las clases sociales, cuando la caída del muro de Berlín ha amansado y tranquilizado tantas conciencias dentro del propio movimiento y en la misma izquierda, es preciso decir que nada está acabado y que, con las adptaciones estratégicas y tácticas pertinentes, los intereses objetivos de los trabajadores siguen vigentes frente a las agresiones cada más rudas del capital. Y no olvidemos que en el siglo XIX, la clase obrera se "globalizó" (proletarios del mundo, uníos), a la vista de que el capital estaba implantado en todos los países con conexiones evidentes. Entre todo lo que hay que seguir debatiendo, está sin duda la propia organización del movieminto obrero en estos comienzos del siglo XXI. Y también está la discusión, muy querida desde el siglo XIX, sobre si hay que trabajar más, o si las sucesivas conquistas han permitido que la jornada laboral sea cada vez menor, en beneficio del ocio y de la vida de los trabajadores. Hoy, se justifica la vuelta a las 40 horas con la amenaza de la reducción de puestos de trabajo. Pues bien, ¿hay que trabajar más? Es lo que se pregunta Ramón Jaúregui Atondo, portavoz del PSOE en la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados, en esta artículo publicado en el diario El Pais de 27 de mayo de 2005. Lean, lean y opinen:

"En su reciente visita a la cúpula empresarial, el presidente del Gobierno tranquilizó a la CEOE: "No habrá semana de 35 horas, en España hay que trabajar más". Ignoro si el presidente se expresó así en una reunión privada, pero ése fue el titular de un periódico que me impulsó a escribir sobre un tema que me parece vital, y nunca mejor dicho, porque hablamos del tiempo de vivir.

Ha sido una constante de la historia que los avances tecnológicos producían una reducción progresiva de la jornada laboral. Cuando, a finales del siglo XVIII, apareció la máquina de vapor, que había desarrollado el ingeniero escocés James Watt, la jornada laboral bajó hasta las 80 horas semanales, unas 3.500 horas anuales, cerca de un 70% del tiempo total de una vida. Dos siglos después, a comienzos de los noventa del siglo XX, las horas anuales trabajadas se situaban entre las 1.600 y las 1.800 en Europa.

Pero no han sido sólo los avances tecnológicos los que han determinado esta reducción. La reivindicación sindical para reducir la jornada laboral y liberar así más tiempo para el descanso, la familia, el ocio, la cultura, la formación, es decir, para la vida, está en el corazón mismo de la lucha del movimiento obrero desde finales del siglo XIX. La vieja reivindicación obrera de una jornada laboral de ocho horas, para tener otras ocho de descanso y otras ocho de vida, se convirtió en una bandera social internacional a raíz de la represión policial de Chicago que conmemoramos todavía en la fiesta del Primero de Mayo.

De manera que la máquina de vapor, el motor eléctrico, el fordismo como técnica de producción, y otros muchísimos avances técnicos que a lo largo de estos dos últimos siglos hemos ido incorporando a nuestro acervo tecnológico, han permitido atender y hacer viable la demanda socio-laboral de una progresiva reducción de la jornada y de la vida laboral en general, hasta llegar a una cifra aproximada del 30% de trabajo a lo largo de la vida en la sociedad industrial de la segunda mitad del siglo XX.

Desde hace algo más de diez años, está teniendo lugar un importantísimo debate sobre la jornada laboral. La crisis económica del 93-94 produjo una destrucción enorme de empleo (en España, por ejemplo, 1,5 millones de empleos desaparecidos en menos de dos años) y un notable incremento del paro (superando el 10% en Europa y el 20% en España). En ese contexto, la reducción de la jornada fue vista como una fórmula de reducir el paro. Bajo el influjo de aquel viejo y bello eslogan "Trabajar menos para trabajar todos", muchos creímos que en la reducción general de la jornada se escondía una pócima maravillosa contra el paro. En aquellos años, siendo consejero de Trabajo del Gobierno vasco, puse en marcha un decreto con ocho medidas de esta naturaleza, cuyos resultados, debo reconocer, no fueron extraordinarios.

Pero esta filosofía la aplicó legal y masivamente Francia a los pocos años, cuando madame Aubry, ministra socialista del país vecino, puso en marcha la Ley de las 35 horas, en cumplimiento de una de las medidas estrella del programa electoral de la izquierda plural (socialistas, comunistas y verdes), que venció en las elecciones francesas de 1998. Los resultados de esta ley son objeto, todavía hoy, de una fuerte controversia. Su aplicación, sólo en las grandes empresas, ha producido una verdadera ingeniería social sobre la organización del trabajo y ha incorporado a las empresas a la cultura laboral de la jornada reducida (35 horas a la semana y 1.600 horas al año). Las cifras de creación de empleo neto son discutibles, porque muchos de los casi 500.000 nuevos empleos que los socialistas franceses atribuyen a la ley son cuestionados por otras fuentes y, en cualquier caso, la aplicación de la ley obligó a fuertes desembolsos públicos para compensar a las empresas. Pero el Gobierno de derechas de Francia anuló la medida, sin atreverse a derogar la ley, por el procedimiento de aumentar, de hecho, la jornada, autorizando las horas extra sin recargo económico.

¿Ha fracasado la experiencia francesa? Desde luego, su desarrollo ha sido literalmente yugulado. Ningún otro país parece decidido a iniciar una experiencia semejante y, por el contrario, la globalización está impulsando la prolongación y el aumento de las jornadas laborales. La reducción de jornada como fórmula de lucha contra el paro ha quedado fuera de juego, incapaz de ofrecer resultados si su implantación se propone aisladamente, en países o zonas concretas y si se hace sin tener en cuenta su repercusión en los costes de competitividad internacional. Dicho de otro modo, los teóricos franceses que han defendido esta fórmula -Guy Aznar, Alain Caillé, Robin, Roger Sue y otros- siempre han exigido que la reducción de jornada debía de ser masiva, generalizada y sin afectar a la competitividad, es decir, con reducciones de salario y fuertes compensaciones económicas al empleo creado. La reducción de jornada compensada sólo, en términos de costes, con los incrementos de productividad no genera empleo.

Pero esta clarificación no explica otra paradoja que estamos sufriendo. Efectivamente, contra el sentido histórico de los avances tecnológicos, la revolución científico-técnica de finales del siglo XX, la combinación de la microelectrónica, la informática, las telecomunicaciones y la biogenética, siendo, como es, la más importante revolución tecnológica de la humanidad y produciendo notables incrementos de productividad, no está reduciendo la jornada laboral, como ha ocurrido en otros momentos de la historia, sino que, por el contrario, unida a la globalización y a la competencia internacional, está generando un incremento general de la jornada laboral real en todo el mundo.

Armando Gaspar, dirigente de Daimler-Chrysler en España, declaraba recientemente: "La tendencia es volver a 40 o más horas de jornada". Los sindicatos españoles y alemanes negocian más jornada y más flexibilidad laboral, como contrapartida a las deslocalizaciones. The New York Times denunciaba que el sector tecnológico de Silicon Valley se ha convertido, de paraíso, en un infierno laboral. Muchas empresas compensan a sus empleados sus largas jornadas laborales con cafeterías, gimnasios y juegos de ocio en las oficinas, aunque los críticos creen que se trata de un engaño para trabajar más sin cobrar horas extra. No hay que irse tan lejos para comprobarlo. En miles de empresas españolas, auditoras, bancos, pequeñas empresas de servicios de las capitales, se trabajan 10 o 12 horas diarias con toda normalidad y a nadie se le ocurre reclamar su pago. Es más, curiosamente, la tecnología no nos libera, sino que nos esclaviza al trabajo. Más de la mitad de los empleados se quejan de que el teléfono no tiene horarios y que la dependencia laboral se prolonga al domicilio y a los fines de semana, con el ordenador, la agenda electrónica y el móvil como instrumentos o herramientas de trabajo permanente.Nuestra vida laboral empieza a parecerse a la imagen mitológica del dios Cronos / Saturno devorando a sus hijos, que tan acertadamente recogiera el genial Goya de su última época. A tan grave diagnóstico se llega si tenemos en cuenta el otro gran fenómeno social de los últimos años: la incorporación masiva de la mujer al empleo formal. Es decir, al empleo fuera del propio hogar, lo que provoca un desajuste social, cada vez más patente, entre familia y trabajo; entre educación de los niños y trabajo; entre trabajo y vida. Una vida estresante, fuertemente competitiva, invadida por las exigencias del mercado y de la competitividad y en las grandes capitales, agobiada además por trayectos cotidianos de ida y vuelta al trabajo de más de 60 minutos de media.

Una joven madrileña escribía recientemente una carta al director de EL PAÍS, bajo el título La jornada laboral de 35 horas no es rentable, y se quejaba de las condiciones de trabajo y de vida de la gente de su edad (25 a 40 años). "Diez o doce horas de trabajo diario y 50 a 55 semanales: llegar a casa, cenar, ver la tele una horita y a dormir. La mayoría preferiríamos tener más tiempo a tener más dinero".

En conclusión. La reducción de la jornada laboral no es una política de empleo, pero la prolongación de la jornada laboral es un contrasentido histórico y un gravísimo desajuste social. Dicho de otra manera, la expresión "hay que trabajar más" debemos aplicarla a que haya más trabajadores con empleo, es decir, a aumentar nuestra tasa de actividad. Pero, a comienzos del siglo XXI, no deberíamos trabajar más horas, sino menos, porque la productividad aumenta sin cesar y porque las familias y la organización social de nuestra convivencia reclaman más tiempo libre para lo que Ullrich Beck llama el "trabajo cívico". Es decir, la reducción de la jornada laboral como embrión de una reordenación de nuestra vida personal y familiar y de una nueva concepción de nuestra responsabilidad con la comunidad y con la sociedad en la que vivimos.

Nuestra civilización nos ofrece la oportunidad de ahorrar tiempo de trabajo, pero el mercado y su mano de hierro, ese enorme motor de la economía, sin alma y sin ojos, nos impone una jornada laboral mayor y una vida laboral compulsiva y absurda. Los efectos que estamos observando en la actualidad son conocidos: crisis familiar, aceleración en los ritmos de la vida laboral con sus derivadas psíquicas y fisiológicas, disolución de los lazos sociales básicos y vaciamiento social y cultural. Por eso las preguntas surgen con fuerza: ¿cómo avanzamos hacia la reducción del trabajo que nos permite la tecnología? ¿Cómo organizamos el tiempo de esta nueva sociedad?

Es aquí donde volvemos a la política. A la política con mayúsculas. A la política de la utopía. Ni el robot ni el chip tienen por qué condenarnos al paro, a la desigualdad o a la insania del tiempo acelerado y en fuga. Nos están dando los medios para reequilibrar necesidad y libertad, para crear una utopía concreta y cotidiana que nos permita recuperar el tiempo que vivimos".
15/06/2005 11:11 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

pel-005608s.jpgEl cielo gira

Ayer estuve viendo esta película tan excelente que viene avalada, además de por el boca a boca de los amigos, por un notable, ya, palmarés de premios internacionales. Pensaba yo mientras la veía qué era lo que aparentemente la hace tan atractiva al público que la estamos viendo y creo que la respuesta está en el pasado campesino de gran parte de la población y, los de determinada edad como la mía, nuestra infancia vivida en pueblos y aldeas semejantes a la que aparece en la película. Del mismo modo que se muestra de una manera muy pedagógica el sentido de la memoria histórica de los habitantes de Aldealseñor (la reflexión sobre los poblados celtíberos, sobre el palacio que, por cierto sirve de referencte tanto a cristianos como a árabes), y es que el pasado del que se reclaman se remonta a los romanos, porque los dinosarios vivían solos, nuestra memoria histórica son ellos, en el ahora y también en unas fotos de postguerra. Ellos, pues, somos nosotros. Y después de muchas vueltas, de muchos mundos conocidos, volvemos a la patria de la infancia para recordar que el mundo, en realidad, se reducía al que veíamos por la ventana, por el ventanuco de nuestras casas, y que era comprensible no solo por lo abarcable, sino porque estaba sometido a unas leyes, a las estaciones (se suele decir, los trabajos y los días). No sé como se definirá o en qué quedará la cosa, pero algo tendremos que hacer ante el hecho evidente de que somos una generación en busca de nuestro ventanuco. Somos una generación, creo que todas las generaciones han pasado por lo mismo y creo que las venideras también, que necesita explicarse la paleta de sus colores primigenios porque en algún recoveco, en alguna autopista, en algún tren, de su vida perdió la respuesta (quizá también la pregunta) y para recuperarla es preciso regresar al principio. Así lo siente Llamazares, en El cielo de Madrid,así lo sienten muchos de los que escriben, de los que fotografían, de los que pintan y de los que hacen música, cine... crean, en una palabra. Y así lo siente Mercedes Alvarez: "Yo tenía tres años el día que mi familia se marchó de Aldealseñor, a finales de los sesenta. Aunque yo y mis hermanos mayores nacimos allí -y mis padres, y los padres de mis padres- y aunque hoy puedo contar sin mezcla de olvido la vida de antepasados a los que nunca llegué a conocer, ese día de finales de los sesenta, en el fondo tan cercano, no puedo recordarlo; es como si no perteneciera a mi memoria. En los libros he leído que el pueblo tenía a principios de siglo cuatrocientos habitantes, luego trescientos, más tarde doscientos cincuenta... Hoy la comarca presenta más de cinco pueblos abandonados o en trance de desaparición. Y en toda la provincia de Soria se despuebla el paisaje y se arruina la memoria desde hace siglos en un proceso imparable, acelerado en las últimas décadas".
En resumen, una excelente película que a mí se me antojaba llena de blasillos forgianos, de forgendros, que con sus silencios (los del pastor que nunca ha bajado a la aldea y cuyo profunda tristeza, equivalente a su profunda soledad de siglos se reflejaba en una mirada) y su reflexiones subrayaban el dramatismo de una tierra inhóspita para vivirla pero tremendamente blanda y acogedora para dormir en ella el sueño del olvido.
16/06/2005 10:20 Enlace permanente. Hay 1 comentario.

recorte.php.jpegEs la razón la que está contra las cuerdas

EL PAÍS, 17-06-2005

La manifestación que se celebrará mañana en Madrid ha sido convocada por diversos grupos conservadores y por el Partido Popular "en defensa de la familia", pero, sin duda, se trata de una confusión, porque lo que los convocantes defienden es, simplemente, su idea de matrimonio. "Familia" es un grupo de personas emparentadas entre sí, que viven juntas. Nada tiene que ver el sexo de cada una. Obviamente, los manifestantes del sábado no pretenden defender la idea de la familia, que no está en peligro. Lo que quieren es que se reserve en exclusiva la denominación de matrimonio a la unión entre un hombre y una mujer. Es decir, se trata de defender el matrimonio tradicional, el rito que se ha venido manteniendo de generación en generación.

Por mucho que lo intenten disfrazar con lemas travestidos, lo que los convocantes del sábado quieren es que homosexualidad y heterosexualidad no sean consideradas equivalentes. No quieren que las dos inclinaciones eróticas, y su práctica entre adultos, merezcan el mismo trato, ni que se las considere "iguales en estimación, valor y capacidad". Por eso exigen que la unión entre homosexuales no se denomine igual que la unión entre heterosexuales. Tan simple como eso.

No sorprende que la jerarquía de la Iglesia católica comparta esa idea, porque es habitual que dedique más atención a cuestiones relacionadas con la sexualidad que a cualquier otra faceta de la condición humana. Más extraño resulta que el PP, que había mantenido hasta ahora una posición más tolerante respecto a cuestiones carnales, haya decidido alterar una imagen laica duramente ganada en los últimos 25 años y compartir la presidencia de una manifestación con el cardenal Rouco. (¿Qué hará Rajoy si algún día llega al Gobierno y la Conferencia Episcopal le exige que cambie la ley? ¿Anulará los matrimonios ya realizados?).

Es curioso también que la jerarquía católica esté dispuesta a combatir la nueva ley en la calle. O el tema del matrimonio tradicional es más importante para la Iglesia que cualquier otro, o se va a romper una tradición eclesial de décadas y a partir de ahora será posible solicitar a los cardenales que participen en manifestaciones contra, por ejemplo, la violencia doméstica o la pena de muerte. ¿Con qué argumentos se podrían negar?

Bromas aparte, la manifestación del sábado es importante porque responde a la larga preocupación de la jerarquía de la Iglesia por el imperio de la razón, lo que algunos de sus dirigentes llaman el fundamentalismo de las luces que impregna la sociedad occidental y que las religiones consideran, cada día más, su principal adversario, incluso su enemigo.

"El problema", escribe el profesor norteamericano de Ciencia Política Stephen Bronner en su carta a Benedicto XVI, publicada en la revista Logos (www.logosjournal.com), "no es el enfrentamiento entre civilizaciones (cristianismo frente a islam), sino entre partidarios de un Estado secular y partidarios de imponer las convicciones religiosas a los no creyentes". Lo que el Papa exige en la mayoría de sus textos es "recomponer" un equilibrio entre la razón y la fe religiosa. Lo que no acepta Benedicto XVI, como no aceptan los imanes o el presidente Bush, es la distinción entre fe y conocimiento. La jerarquía eclesiástica, sea católica o protestante, o los defensores del islamismo se niegan a que sus creencias sean consideradas asunto subjetivo. Lo que inquieta a Benedicto XVI, como a cualquier creyente chií o a los fundamentalistas de Cheney, es la idea de la separación entre razón y creencia.

"Fe, mito y dogma están en el corazón de la servidumbre y del autoritarismo", escribe Bronner. "Crítica, ciencia y tolerancia encarnan la pequeña esperanza que le queda a los sin esperanza. Hoy no es la religión, sino la razón la que está contra las cuerdas" (¿Tendremos que aceptar Guantánamo como campo de prisioneros? ¿Admitir que la tortura está justificada cuando son los occidentales quienes la aplican? ¿Abdicar de la razón?). "En un mundo de desinformación organizada, venganza entre comunidades e ignorancia santurrona, quizás sería útil para todos nosotros recordar las angustiadas palabras de Thomas Mann: "¡Como si alguna vez hubiera habido demasiada inteligencia!". Soledad Gallego-Díaz"
17/06/2005 14:11 Enlace permanente. Hay 1 comentario.

CAlegre.jpgLunes al sol

En general los lunes tienen de cara al mundo del trabajo mala prensa. Todo el mundo los odia. Hoy es lunes y no lo odio, pero está tremendemante pesado porque es el resultado, con un sol de justicia, de varias resacas, ninguna de ellas etílicas, por cierto. El viernes fui al homenaje a Carlos Alegre en su jubilación. Supongo que tenía que estar. Pero no pude evitar sentirme todo el rato nada más que espectador. Vi a mucha gente, saludé a diestro y siniestro. Por cierto, ningún político en activo para saludar a Carlos, solo algunos mensajes del Presidente de la Comunidad, de algún alto cargo... Mucho bullicio del mundo de la acción social, terreno en el que se ha movido, y muy bien, Carlos. No faltó el PSA, como un solo hombre, Marraco incluido; Tayo hizo un discurso político hermoso, político y ético, de los que ya no se oyen. ¡Cielos, cuánto talento desperdiciado! Es cierto que, como decía Mariano Berges, el tiempo de cada uno es cuando es y luego pasa. Pero todos sentíamos el regusto amargo de la manera del pasar. Un punto de sensación de injusticia histórica con Carlos, pero también con cada uno de nosotros. Porque su expulsión del mundo de la política, y la forma en que se hizo (algún día habrá que contarla), nos expulsó también un poco a nosotros. Es verdad que nosotros pasamos y hemos de aceptarlo. Pero ellos, los que lo echaron, los que convirtieron al socialismo aragonés en una ciénaga, siguen. Y los que no siguen ya, están con el riñón bien cubierto. Esto es lo que yo creo que sobrevolaba en la noche: una suerte de rabia colectiva. No quisiera pensar que resignación.
El sábado, a Vistabella.Comida colectiva amable, con los compañeros del Instituto y comedias. Las piezas de Paloma Pedrero ante un público interactivo.
Por lo demás, la manifestación contra los matrimonios (civiles) entre homosexuales puso de manifiesto una vez más que a la Iglesia el sexo le hace daño en los ijares. Buena imagen la de los mosenes, monjitas, pijas y dirigentes (ultra) derechistas, todos juntos. Niños y peinetas con mantilla, la España sempiterna. Fraga y cierra España. Las elecciones gallegas. ¿Por qué nadie dice que el dinero ha corrido abundantemente esta semana por Galicia para comprar, o recordar a quién pertenecen, las voluntades? Esto sigue siendo la Corte de los milagros. Si Valle levantara la cabeza...
20/06/2005 12:15 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

El abuelo de Javier Cercas

abuelo-delia.jpgHe escuchado esta historia en la SER, donde están recogiendo relatos de la guerra civil en los que se muestre la ayuda de alguien de un bando para con alguien del otro. Precisamente este relato tiene como protagonista a un abuelo de Javier Cercas, quien ni siquiera conocía estos hechos. Me ha parecido curioso y aquí lo pongo. Quien se dirige a la SER para contar la historia es Delia, la nieta del protagonista de la historia: "Mi abuelo (el de la foto) se llamaba Antonio. Durante la República fue el alcade de un pueblo de Cáceres. Al comenzar la guerra un grupo de militares moros vinieron al pueblo y se llevaron con ellos a todos los hombres de izquierdas, entre ellos a mi abuelo, al frente de Talavera de la Reina. Requisaron sus animales para ir tras ellos transportando su armamento y bajo esa humillación estuvieron los tres años de la contienda. Una vez terminada la guerra, los que habían sobrevivido regresaban al pueblo caminando. Uno de ellos era mi abuelo, muy debilitado por su edad y las penurias que tuvo que vivir...
Cuando aún no había dejado la provincia de Toledo pasó un camión de nacionales paisanos suyos que se encaminaban hacia el pueblo, y le invitaron a subir. Eran tales las ganas que tenía de llegar a casa que subió al camión. Dentro, un grupo que iba celebrando la victoria, intentó obligarle a que saludara con las consignas franquistas, pero él se negó. Quisieron obligarle a beber con la intención de tirarlo ebrio por el puente al cruzar el río Tajo y así librarse de él. Por suerte una persona escuchó lo que tramaban e intercedió por él y les dijo que mientras él estuviera allí a ese hombre no se le tocaba ni un pelo, ya que lo habían recogido para llevarlo sano y salvo a su casa.

Ese hombre maravilloso que salvó la vida de mi abuelo se llamaba Paco Cercas, y siempre había tenido una buena relación con él con independencia de las ideas políticas de cada uno. Ese hombre era el abuelo paterno de Javier Cercas, el autor del aclamado libro “Soldados de Salamina”. Desconozco si él sabe esta historia o si le agradará que os la haya contado. Pensé que una persona de su sensibilidad gustaría de conocer que más allá de lo narrado en su magnífico libro, alguien cercano a él fue protagonista de una historia tan humana y de gran valor."
21/06/2005 11:26 Enlace permanente. Hay 2 comentarios.

Nos-quitaron-la-miel-i0n182637.jpgDentro de la serie de profesores de Primaria y Secundaria que investigan, además de ejercer la docencia, me gustaría hoy reseñar a mi amigo y compañero Ángel Longás Miguel (Ejea de los Caballeros) que ejerce su docencia como catedrático de Filosofía en el IES Avempace, de Zaragoza. Además de haber ejercido siempre su docencia con decoro y con sentido progresista, en los últimos años ha cristalizado su faceta investigadora primero accediendo al doctorado y, posteriormente, publicando algunos libros y artículos fruto de muchos años de reflexiones. Acerca, precisamente, de sus reflexiones filosóficas en el ámbito escolar utilizando la técnica de los diarios, publica su libro Paisajes del alma, rincones del aula (Zaragoza, 2001); en El ojo femenino de la historia (Zaragoza, Cuadernos del Aula, 2001), reivindica la mirada de la mujer acerca de la guerra civil y la posguerra españolas. En Paseo literario. Antología de textos de autores aragoneses (Zaragoza, 2002) pone al alcance de los escolares la impronta del pensamiento multidireccional de lo aragonés. En El lenguaje de la diversidad (Zaragoza, PUZ, 2004) reflexiona sobre los hilos de la realidad (identidad y diversidad, igualdad y diferencia) que tejen la lingüística, irisan la naturaleza, disfrazan la cultura y colorean la afectividad. El último libro, El límite de la identidad (Zaragoza, 2005) complementa la reflexión iniciada en el anterior. Según resume en la contraportada: "Sólo hay conocimiento en la diversidad, porque ella nos permite tener identidad: es un bucle que selecciona y mezcla biología y antropología.
La identidad es el límite de nuestra conciencia que se sostiene con la incertidumbre de sus fragmentos. Aunque la memoria fije nuestra alma, aquella es el resultado de la acción del tiempo. Junto al modelo de la biodiversidad, debe construirse el de la humanodiversidad. O lo que es lo mismo, la conciencia son las teselas de nuestra historia que juega con el pensamiento fragmentario; con la asimetría de lo local y lo global; con la inversión del contrato social y su sustitución por un contrato natural; con la sombra del destino que es, a su vez, la frontera del mestizaje; con la tierra de nadie donde se unen y se separan el otro y yo, la diversidad y la identidad".

Por otra parte, ayer se presentó en la Biblioteca de Aragón el libro de Rosalía Sender Nos quitaron la miel (cuya portada aparece en la fotografía) Rosalía Sender Begué narra en primera persona sus vivencias como hija de exiliados españoles en Francia, las vicisitudes y la lucha por la supervivencia en medio de la epopeya que arrastró a miles de refugiados a un exilio que duraría décadas. Asimismo da cuenta de las raíces de un firme compromiso político, de su militancia comunista en los años de lucha clandestina, de su empeño insobornable por restituir las libertades, acabar con la dictadura y construir un estado democrático y plural. Son las memorias de una luchadora antifranquista, hija de los que perdieron la Guerra Civil. A través de este testimonio vivo del exilio en Francia conocemos en directo la experiencia traumática de la derrota y, a la vez, la determinación con la que algunos núcleos prosiguieron la lucha y emprendieron la reorganización de la resistencia. Accedemos así a una parte de nuestra historia que había quedado en la penumbra. Además de sus peripecias como activista, se narran también las experiencias personales de Rosalía Sender, su participación activa en la recuperación de la democracia al final del franquismo y durante la transición. Se refleja en estas páginas toda una vida militante en la que destaca, asimismo, una dedicación y amor incondicionales por el arte, las letras y la cultura.
22/06/2005 10:07 Enlace permanente. Hay 1 comentario.

images.jpegMariano Coronas es un maestro. Un gran tipo. Y un experto en libros y en lectura infantil. Su trabajo, como ocurre siempre, no es demasiado conocido ni valorado aquí, por quien debería. Aunque trabaja para otras administraciones, como la Navarra. Todo su caudal de experiencias, de muchos años, de muchos ámbitos, sigue inédita para nuestra administración educativa. Pero él sigue. Para contribuir, modestamente, claro, a su conocimiento y difusión, hoy lo pongo en esta página que debemos leer dos o tres. Pero qué buenos lectores. Pongo una foto no muy buena (no tenía otra) de Mariano en la faena, y una entrevista donde habla de libros. Salud, Mariano. (¡Ah!, para quien quiera saber más de él, su dirección de bitácora: http://gurrion.blogia.com)

Cuando hablando de Bibliotecas Escolares citamos a Mariano Coronas nos estamos refiriendo a una de las personas pioneras en este campo cuya trayectoria profesional es reconocida en todo el estado. Así que en esta ocasión el equipo de la revista no dudó en desplazarse a las bellas tierras oscenses para mantener con él la siguiente charla

Cuéntanos algo sobre tu biografía que pienses pueda ser de nuestro interés.

Nací en Labuerda, un pueblecito de la comarca de Sobrarbe, en la provincia de Huesca. Mis horizontes en la infancia fueron las montañas: las Tres Sorores (con Monte Perdido a la cabeza), la Peña Montañesa y otras de más baja altitud que rodean mi pueblo.

Nací en 1954, en la habitación de mis padres. Mi padre estaba trillando. Mi madre, como es evidente, metida en otras faenas.

Hasta los diez años fui a la escuela de Labuerda. De ella guardo un recuerdo relacionado con la lectura. Con el maestro, D. José María (que un sábado de octubre falleció de "muerte repentina" dejándonos bastante huérfanos) ayudábamos a leer a quienes tenían dificultades o a quienes estaban aprendiendo. Me preparé el ingreso a bachillerato en Escanilla (el pueblo de mi madre); pueblo al que me llevaron mis padres porque había una buena maestra y estábamos cinco niños y una niña en la escuela. Con once años cumplidos empecé el bachillerato en el recién inaugurado instituto de L´Aínsa. Todos los días cogía el "coche de los estudiantes" para bajar de Labuerda hasta L´Aínsa. El bachiller superior y magisterio los hice en la capital de la provincia, en Huesca.

En septiembre de 1974 tuve mi primer destino como maestro. Me hice cargo, como tutor, de una clase de 5º de EGB con 33 niñas y niños en el pueblo de Boltaña (comarca de Sobrarbe, también). Guardo un recuerdo especial de aquellas criaturas y de aquel curso. Yo tenía veinte años y los alumnos once. Fue la ocasión en la que, por edad, estuve más cerca de la de mis alumnos y alumnas...

Estuve medio año en Tamarite de Litera (al finalizar el servicio militar) y cuatro cursos consecutivos en Canovelles, provincia de Barcelona. La escuela de Canovelles fue un extraordinario centro de aprendizaje y el lugar donde otros compañeros y yo empezamos ya a trabajar con un perfil innovador que -cada cual en su actual destino- no hemos abandonado. Ya teníamos biblioteca escolar, aunque con otro concepto.

Actualmente ¿dónde trabajas?

El 1 de septiembre de 1981 comenzó en Fraga una etapa de mi vida en la que aún sigo.

¿Qué recuerdos guardas de tus primeras lecturas?

Mis recuerdos lectores se remontan, como flashes inconexos a mis primeros años. Tengo grabados en mi memoria tres o cuatro recuerdos que me gustaría compartir. El primero es el momento en que mi padre me acompaña hasta la tienda de mi pueblo a comprar la primera cartilla. Yo creo que era una tarde-noche de febrero o marzo. Él fue quien en casa comenzó a acercarme las letras y las palabras, pues quería que en mayo me incorporase a la escuela.
El segundo recuerdo (fechado varios años más tarde) tiene que ver con los libros que había en mi casa cuando era pequeño; una edición ilustrada del Quijote, un diccionario ilustrado de la lengua (con más de mil páginas), una gramática castellana y un libro de corte y confección con patrones desplegables... ¡Hombre, no era el mejor material para animar a la lectura, pero también ayudaron! Especialmente el diccionario, del que leía palabras y significados y contemplaba las ilustraciones pequeñas y en blanco y negro; también el Quijote con dibujos muy interesantes.
El tercer recuerdo, la llegada de mi madre en el coche de línea de alguno de los viajes a Barbastro (la ciudad más próxima a mi pueblo, a unos 60 kilómetros). Siempre compraba el TBO y con mis hermanas y hermano pugnaba para ser el primero en localizarlo entre los paquetes y ser el primero, por tanto, en leerlo.
El cuarto recuerdo viene con una cama y un buen número de ejemplares del TBO y de Hazañas Bélicas para hacer más soportable el tiempo necesario para curar unas anginas, un resfriado o alguna de mis "debilidades", fruto de mi crecimiento y de mi delgadez en los años de la adolescencia.

Tampoco he olvidado las largas tardes-noches de otoño y de invierno en las que nos reuníamos en la cocina de la casa, con buen fuego y con pequeñas faenas para ir haciendo: desgranar judías o maíz; quitar la cáscara a las nueces o a las almendras ("escoscar", decimos en aragonés)... Se trabajaba pero no se paraba de hablar: de este o de aquella; se contaban cuentos; se recordaba a personas populares o a familiares... Las palabras transmitían alegrías, tristeza, sorpresa, ilusión... La transmisión oral se ponía en marcha.

¿Cómo empezaste en "esto" de las bibliotecas escolares? ¿Cuál es tu situación actual?
Antes de interesarme por la biblioteca escolar, me interesó que hubiera biblioteca en mi pueblo. Con otro compañero animamos al ayuntamiento a solicitar una "agencia de lectura". Hace más de veinte años de eso y aún sigo siendo "bibliotecario voluntario" de la biblioteca municipal de Labuerda.
A mediados de la década de los ochenta, ya en Fraga, comienzo a trabajar con otras compañeras y compañeros en una incipiente biblioteca escolar que no se materializará hasta comienzos del curso 1987-1988, momento en que en un nuevo edificio construido para eliminar unos barracones que servían de aulas de clase, encontramos el espacio para ello.
La biblioteca se amuebla con estanterías viejas y mesas y sillas también viejas. Todo era viejo menos los libros, el recinto y la ilusión. Tras unos trabajos iniciales de registro, clasificación, amueblamiento, etc., el 14 de marzo de 1988, la biblioteca escolar abre por primera vez sus puertas.
Desde entonces funciona también un Seminario de Biblioteca y Literatura Infantil que agrupa a un número indeterminado de maestras y maestros cada curso escolar y que son quienes dan aliento, quienes insuflan algo de vida a la BE. Desde entonces las preocupaciones han sido básicamente las siguientes: que estuviese abierta todos los días, que pudiesen participar niñas y niños en su gestión, que todas las clases acudiesen semanalmente hasta ella, que cada año aumentase y actualizase algo sus fondos, que desde ella se organizasen todos los cursos una o dos actividades de animación cultural partiendo de los libros, que el alumnado (orientado por el profesorado) aprendiese a manejarse en ella con autonomía...
Somos un grupo muy animoso. Nunca hemos recibido ni un duro de subvenciones oficiales. La única entidad que ha premiado nuestros esfuerzos ha sido el A.P.A. del centro que ha puesto dinero para comprar libros o para comprar nuevas estanterías cuando, después de diez años de funcionamiento pudimos cambiar la biblioteca de lugar, ganando espacio e iluminación.

¿Qué futuro auguras a las bibliotecas escolares en la sociedad de la información?

Las bibliotecas escolares, en general, tienen mucho futuro porque han tenido un precario pasado y viven un azaroso presente. No obstante su futuro depende de que se tomen algunas decisiones políticas, que hasta el momento no se han tomado. Si no se crea una red de bibliotecas escolares en cada Comunidad Autónoma, dotadas de personal con horario para atenderlas y con dinero para actualizar fondos, seguiremos con lo mismo, con la incertidumbre de si funcionarán o no, dependiendo de que quien se ocupe de ellas tenga realmente ganas de dinamizarla, de hacerla funcionar y apechugue como hasta ahora con una dosis excesiva de vocación y voluntarismo. A mí hace tiempo que me sorprendió que una sociedad que mayoritariamente ha crecido con el libro a su lado haya abrazado con tanta fe los medios audiovisuales y dejado de lado al libro y a la lectura, ¡País!...
Hay un dato que quiero señalar: después de organizar adecuadamente una BE y de hacerla funcionar durante un buen montón de años, bastaría un trimestre de indiferencia, de cierre... para que la labor realizada se fuera a pique. Igual encontráis esta opinión algo pesimista, pero en este tema no estamos para celebraciones ni para lanzar las campanas al vuelo. Hay que ser perseverantes y no dar pasos hacia atrás. Es necesario consolidar cada logro para no tener que estar siempre comenzando, una de las tareas más inútiles que uno puede llegar a imaginar.

¿Porqué consideras importante el desarrollo de estas medidas de apoyo a las bibliotecas?¿ Qué repercusión puede tener en el centro?

Creo (aunque la fe en estos asuntos es muy quebradiza...) que aquellos centros que disponen de una buena biblioteca escolar (bien nutrida, abierta y utilizada) están en mejores condiciones para afrontar los desafíos educativos. La BE tiene sentido, por otra parte, cuando el profesorado es dinámico e innovador y entiende que el libro de texto es prescindible o que simplemente sirve para consultar algunas cosas. Para quienes no se despegan del libro de texto, la BE es un incordio porque se sienten obligados a ir hasta ella de vez en cuando pero no saben qué se puede hacer con los materiales que alberga y piensan que después de varios siglos de enseñanza tradicional, ¡qué falta hace bajar a la biblioteca escolar o ir a la biblioteca pública!

¿Cuáles consideras que son las funciones de la Biblioteca Escolar en el Centro Educativo?

Creo que las bibliotecas escolares deben posibilitar cuatro grandes bloques de acción en un centro educativo:
- Acceso a fuentes de información diversificadas.
- Animación a la lectura.
- Animación o estímulo a la escritura.
- Dinamización cultural del centro educativo y de la comunidad.
En los cuatro enunciados anteriores caben tantísimas posibilidades de trabajo innovador y creativo que eso sólo es ya un desafío muy sugerente para que quienes trabajamos en la enseñanza podamos caminar por senderos nuevos y dibujemos nuevas perspectivas.

¿Tienen algo que ver entonces las bibliotecas escolares con las familias?

Por otra parte la biblioteca escolar debe ser un espacio abierto al alumnado, al profesorado y a las familias. En ese sentido, lo adecuado sería que la utilizasen los tres estamentos nombrados con total naturalidad. De hecho, hasta que no llegue esa "total naturalidad" seguiremos hablando y hablando de biblioteca escolar, de animación lectora... lo que pondrá de manifiesto que la cuestión aún no está normalizada.

¿Cuáles son tus principales aficiones?

A mí me gusta leer y guardo todos los libros que caen en mis manos. Me cuesta mucho deshacerme de un libro y me duele su pérdida. También me gusta escribir y crear espacios donde otros escriban para que exista comunicación. Es por ello que desde hace muchos años estoy metido en pequeños proyectos relacionados con el mundo editorial en pequeño: EL GURRION (revista trimestral que dirijo), AULA LIBRE (revista del Movimiento de Renovación Pedagógica del mismo nombre, que coordino) y otros títulos que desde siempre he ido impulsando en el aula, en el colegio. Y hablando de mirar y de leer, me gusta caminar, pasear por el campo, por los montes para leer los paisajes, las huellas en el suelo del camino o del bosque. La interpretación, la lectura de la naturaleza te ofrece puntos de vista desconocidos y necesarios.

¿Qué echas de menos en este mundo de las bibliotecas escolares?

En el mundo de las bibliotecas escolares echo de menos varias cosas. En primer lugar, la falta de voluntad para ponerlas en funcionamiento o para consolidar aquellas que funcionan aceptablemente. En segundo lugar, una mayor voluntad de todo el profesorado por conocer sus potencialidades y estimular su uso entre el alumnado. También hay cosas que sobran, como la enorme hipocresía de algunos responsables de cultura o de educación que, reconociendo que las BE son imprescindibles para ofrecer una educación de calidad no mueven un dedo para conseguir que funcionen.
23/06/2005 09:55 Enlace permanente. Hay 2 comentarios.

recorte.php.gifLas cosas de la Iglesia están tomando unas proporciones tan monumentales que sería necesario empezar a pensar que hay que pedir a nuestro gobierno que revise (y lo digo por lo suave) el Concordato vigente. No podemos permanecer impasibles ante la ofensiva eclesial contra la sociedad civil Hagamos una plataforma, busquemos firmas, movilicémonos. Además, como ocurrió, y sigue ocurriendo, con la historia, que la derecha cuestiona los avances científicos de los historiadores profesionales, creando una masa amorfa de refrito, mentira e ideología fascista que llena las librerías, hace con los principios "científicos" expuestos el otro día en el Senado por Aquilino Polaino: la derecha dice que criticar las barbaridades que dijo este sedicente científico es atacar la libertad de expresión. Es decir, la libertad sólo es para criticar los que ellos consideran rojo. Todo esto es muy peligroso. Y nosotros, cerca del verano. Nuestros talentos políticos de izquierdas, tomando el sol. Para pasar el finde, no hay nada mejor que la viñeta de El Roto.
24/06/2005 11:14 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.


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