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Montborg. Bitácora, weblog o blog de Herminio Lafoz Rabaza

Meditación para mí mismo

Meditación para mí mismo

Aceptar sin orgullo, renunciar sin apego

(Marco Aurelio. Meditaciones. Enseñanzas para una conducta moral)

EL PAN DE LA HISTORIA

EL PAN DE LA HISTORIA

 La clave de la historia, del pan, está en mi tío Benigno. El era, o es, la memoria de la familia, el cabo de donde tirar para desliar la madeja. Algo de él, y del abuelo Martín, dice Antón Castro en un hermoso libro:

"La historia de Benigno Rabaza es también la de una parte de Cantavieja. Su padre, Martín Rabaza, un pintor de brocha gorda que tenía un admirable sentido del color, lo llevó en su adolescencia remota a pintar en la Casa del Bayle donde aún seguía residiendo el fantasma errante de Ramón Cabrera. Allí le enseñó a decorar paredes, a realizar cenefas, a imitar mármoles y maderas y a rotular"

"La pintura que me gusta hacer está próxima al impresionismo. Deseo que se entusiasme el paisano, el hombre que llega, alguien que pasa. Mi pintura es el reflejo de mis vivencias personales y me apasiona el colorido valenciano, el fulgor hiriente y a la vez íntimo del Mediterráneo, Sorolla especialmente, esa pintura de rasgo bravo (...) Aquí en el Maestrazgo están mis raices personales, mis orígenes"

"El verdadero artista debe dar testimonio de la vida que conoce. O de la que ha perdido. Y yo intento reflejar mi pasado que también es nuestro porvenir, la huella de nuestra vida desde el goce y la alegría ¿Cómo voy a olvidarme de mi primer amor o de aquel crepúsculo irrecuperable en el que mi padre me llevó a la Torre del Capitán donde las yeguas pacen a su albedrío, para contemplar las montañas, las sendas de perdices, este refugio agreste de masías, silencio y pedernales?¿Cómo voy a olvidarme de la Casa del Bayle, del mariscal Osset, aquel hombre barbado y enjuto, sordo como una tapia y herido en un brazo, que siempre me recordó al general carlista Ramón Cabrera? Eso no quiere decir que no me sienta un hombre del mundo. Pero el mundo empieza en uno mismo y yo he nacido en el pueblo, en Cantavieja, en el Maestrazgo". Esta frase es más que una estética: es un arazón de amor, el único pretexto del hombre y del artista Benigno Rabaza. este pintor que aparece y desaparece cada día en la ciudad sitiada con su caballete al hombro como si fuera un espectro errante o una aformación del paraíso más allá de los montes y del olvido.

Fragmentos del libro de Antón Castro, El testamento de amor de Patricio Julve (Ed. Destino, Barcelona, 1995).

Y quedarse es la tierna soledad

que descubre los párpados del día.

Quedarse, amada mía, es una playa

de cada mar adentro

                      y un sereno

aliento de jardines permitidos,

como el que llega a la esperanza

cuando el aire conmueve los desvelos.

La ciudad desde entonces mira abierta

La ciudad mira abierta y encendida

de ventanas.

                            Asoman las arcadas,

hay domingos de gentes y doncellas,

y olvidos de amor

 (...)

Esta es una pequeña muestra de la hermosa poesía de Adolfo Burriel en su nuevo libro La ciudad nombrada, que recibinmos colectivamente la semana pasada en una orgía de la palabra en la Librería Cálamo. Otras veces dice:

(Y la noche en que viven su gran danza

los recuerdos resumen mi tristeza)        

 Vean lo que dice de la presentación Javier Delgado:

Ayer nos presentaron el premio Ángaro 2005 (Ayuntamiento de Sevilla), un libro de poemas del ciudadano zaragozano Adolfo Burriel , que con éste su segundo libro lleva ya dos premios en su haber (el anterior, “Furtivos días” fue IX Premio de Poesía “Alegría” del Ayuntamiento de Santander y publicado con el nº 38 de la colección Algaida).  Esto de que un señor se ponga a escribir poesía en serio a los sesenta o setenta años ya es una noticia importante. Pero que además se dedique a enviar sus libros a premios de lugares remotos y los gane y se los publiquen esmeradamente resulta un verdadero ejemplo moral para quienes a los veinte años prefiere comenzar su “carrera literaria” pidiéndole a un amigo que se los pase por una imprenta y le cobre poco… Nacido en Aldealpozo, provincia de Soria, este zaragozano desde sus dos años sabe hace mucho tiempo lo que vale un peine y lo que conviene hacer con él cuando se peinan canas y se resienten las membranillas intercostales impares. Adolfo Burriel quiere ser un poeta además de ser un poeta. Y va y se pone a ello de la forma menos cómoda que existe: saliendo a alta mar y echando la caña (ni siquiera la red) a ver qué pasa. Adolfo Burriel, abogado laboralista en su juventud, fue uno de los dirigentes clandestinos del Partido Comunista en Aragón y luego durante unos años de legalidad fue incluso secretario general (o sea, el jefe) de la organización aragonesa de ese partido. Todo esto viene a cuento para que ustedes valoren como se debe la valentía de mi amigo (confesémoslo ya), que ha decidido reencarnarse en vida en él mismo pero haciendo y publicando poesía. La cual decisión no es cosa fácil ni siempre posible, y menos a la edad que Adolfo disfruta y que no le gusta nada que le recuerden como aquí hago y además exagero con toda mala intención.  El caso es que ayer un joven llamado Rosendo Tello, que ha pasado de los cien años volviendo a los casi ochenta en un abrir y cerrar los ojos, actuó (porque Don Rosendo actúa, como tiene que ser) ante un público selecto (y sudoroso, todo hay que decir en una crónica que se precie) y además entregado de antemano (también hay que decirlo por lo mismo) glosando, glosa que glosa, los textos poéticos del ya renombrado (al menos en este blog) autor. Precisamente los versos de su “Ciudad nombrada”, que Rosendo Tello dijo que eran seiscientos cuarenta y seis y Adolfo Burriel defendió que setecientos uno: he aquí un casus belli que no llegó a las manos ni nada; la cosa quedó en que como explicó detalladamente Rosendo Tello había algunos alejandrinos de los de gaitas gallega que desentonaban pero que en conjunto el libro era una maravilla, como a estas horas ya saben quienes lo han leído en su totalidad o en parte. No resumiré otros asuntos de los que expuso el presentador porque fueron innumerables y difíciles de comprender para quien no estuviera versado en versos. Sólo diré que en el libro hay una ciudad madre, una ciudad amante, una ciudad murada y una ciudad libre. No recuerdo cuál era la cuadrada y cuál la redonda: ése fue tema de otro excursus o rodeo muy jugoso y bien recibido por l@s presentes, incluso en el estado de vaporización en el que se encontraban a unos cincuenta grados de calor mineral, vegetal y animal. Pues con todo, aplaudieron. Bien es verdad que se surtía de hombres y mujeres acostumbrados a las relaciones sociales y algo más: dirigentes sindicales, vecinales, políticos, municipales, dirigentes en vías de desarrollo y en estado de tránsito, dirigentes de diversísimas dirigencias cívicas plurales. Estaba también el amigo Emilio Gastón.  Adolfo, por último de los dos, habló (mas breve pero no menos interesantemente, aunque ya en plan de poeta, no de crítico ni glosador) y dijo bastantes cosas amables sobre l@s presentes, llamando sabios a José Carlos Mainer (en persona frente  y a pie firme frente al poeta) y al mismísimo Rosendo Tello del que hemos tomado y dado nota. A los demás creo que nos abrazó y nos calentó los oídos (¡en esas circunstancias!) y no dejó de mencionar cariñosísimamente a su hijo Jaime y a su mujer Sofía, de la que habría mucho y bueno que hablar e incluso lo haré en otra ocasión en la que no pueda pensarse que da sombra a su marido ni siquiera ahora que es poeta reconocido: a Sofía Bernardo, abogada, le debe esta ciudad concretamente Zaragoza muchas de sus pequeñas pero irrenunciables libertades privadas y públicas. Lo dicho: en otra ocasión. Y acabamos esta crónica de urgencia con un solo verso del libro “La ciudad nombrada” de Adolfo Burriel. Atentos a la jugada, que es memorable: “EL ALMA ENTERNECIDA DE MARFIL”

  Amén.

La foto también la pone Javier Delgado, sobre un cuadro de Jorge Gay.                                         

He estado toda la tarde trabajando sobre la memoria de nuestro viaje por el Maestrazgo. Y creo sinceramente que es un buen método, que es válido el proyecto. Sin pretensiones, pero acercándonos a lo que de verdad importa: el contacto con la gente y la experimentación de primera mano de lo que constituye el conocimiento y por ende el conocimiento científico. Viajamos y a cambio giramos y, sin querer, al mirar, la mirada se ve atrapada en las preguntas de los barrancos, en las interrogaciones de los rostros, en los gritos y las risas de unos emigrantes que nunca soñaron con que existiera un lugar como Cantavieja, que se asemeja a una patera en un  mar de piedra. Quién fuera muchas veces emigrante de otros continentes ignotos. Y a cada paso, sobre cada piedra, sobre cada historia aún no escrita, aletea la muerte. Nunca se ha vivido tan cerca de la muerte como en la frontera, frontera histórica y extramadura de sueños. La muerte es algo con lo que siempre se ha contado. Por eso nuestras madres no esconden en su filosofía vital la certeza de que todos pasaremos por el Calvario. Allí debió sentir la muerte tan de cerca aquel Martín bueno que fue separado del rebaño que iba a ser inmolado en la locura de la guerra. La muerte hasta sonríe a veces con los esfuerzos que hacemos para no nombrarla. Pero allí está. Y quizá no como el final de todo sino como el principio de algo. Quizá sea sólo que caminamos al revés, vamos de la muerte hacia el nacimiento. Quizá. Quizá. La nostalgia me ha atrapado de nuevo. Como aquella vez que vi a mi tío-pintor subido en el andamio de la iglesia, cual si fuera un miguelangel del maestrazgo (poco después sería retratado por Patricio Julve). Esta vez miré al muro y ya no estaba Benigno sólo su pintura ingenua y religiosa. La muerte, la muerte. Sólo ecos de todo aquello que constituyó, o debió constituir una historia en la que yo figuraba en algún programa. Debía haber partido de mí, yo un eslabón para un futuro incierto y emigrante. Pero ya nada. La muerte. Pasea continuamente y va desde la calle del Rosario hasta el Calvario y luego a la ermita del Loreto donde el tío sigue borrando el humo de los militares con miga de pan. El pan que fue nuestra vida. Venimos del pan y vamos a la muerte porque nos hemos quedado sin historia

No se fusila en domingo

No se fusila en domingo

He acabado, por fín, de leer, las excelentes memorias del médico Pablo Uriel. Sin duda se trata de las mejores que he leído sobre la guerra hasta ahora. Dice Ian Gibson en el prólogo: "Libro admirable, en fin, con muchos momentos que se graban en la memoria, como si los hubiera vivido uno mismo (¡milagro del lenguaje y de quien sabe manejarlo!) Y sobre todo un documento de una profunda humanidad. Después de leerlo, uno siente cierta desesperación, qué duda cabe. ¡Tanta crueldad!¡Tanto sadismo!¡Tanta ignorancia!¡Tanta torpeza!". Un libro lleno de hallazgos, humanos y del lenguaje. Es verdad que, además, carente del maniqueísmo tan propio de este género. A Gibson, y a mí, le ha impresionado la observación de Uriel: "Si veinte siglos de catolicismo en España no habían  logrado que los católicos fuesen menos sanguinarios que los ateos, era evidente que los textos en los que se aprendía esa doctrino no eran muy convincentes". En fin, un libro para leer. Mi amigo José Giménez Corbatón hizo una interesante reseña en el suplemento de Arte y Letras del Heraldo de Aragón.

Me gusta este poema de Rosendo Tello. Y sobre todo me gusta oírselo recitar:

 

Nadie vendrá a decirme: "¿cómo estás,

que haces ahí, tumbado junto a un muro

de hiedra, resguardado con sombrilla

de seda y plata oscura?¿Por qué cantas

tenaz como cigarra, por qué escarbas,

echado sobre la tierra, las semillas?"

 

Alguien, quizás, recordará un momento

de mi vida y se diga: "¿Vive aún

aquel señor que vimos una tarde

atravesar la calle solitaria

y adentrarse hacia el fondo de un café?

Sí, el que escribía versos. ¿Pues no había...?"

Si, muerto, muerto, dílo, ¿no era eso?

 

Cómo el silencio pesa, cómo duele

la luz y qué cansancio cada día

por mantenerme en pie y perder alcance

a un presente que huye, componiendo

las piezas que quedaron sin casar

en el rompecabezas de la vida.

 

Y qué furores, que desprendimiento

de pieles y retinas, qué espesura

de gritos y tambores a mi espalda.

debo de andar tan lejos de mí mismo

que hasta mi sombra me resulta extraña,

tan cerca de mi sombra que no acierto

a dar la hora en punto, extraviado

por un desierto oscuro, extravagante

por una eternidad de aparecido,

en la desoladora transparencia

de un alma que aún porfía en no sé qué.

 

Y qué trajín de puertas y ventanas

abiertas a la noche estridulante,

en una amanecida con fronteras

cerradas frente a un alba sin salida.

En esta insoportable soledad

de qué sé yo por qué no viene nadie

a decirme: "Hola, amigo mío, ¿estás,

estás ahí?¿Aún vives?".

(Augurios y leyendas de un tiempo que se va, 2000). La foto es de Julio Álvarez

ANIMALES NOCTURNOS

El 3 de mayo, dentro del programa "Animación a la lectura", tuvo lugar en el IES Avempace la representación de la obra Animales nocturnos, de Juan Mayorga. Asistió a esta representación el autor. No es la primera vez que el IES Avempace utiliza este programa para montar obras teatrales de autores contemporáneos. Hace tres años, montó el "Guernica", de Jerónimo López Mozo; hace dos, Terror y miseria del primer franquismo, de José Sanchis Sinisterra; el año pasado estrenó ante Paloma Pedrero un espectáculo compuesto por tres piezas de esta autora; la primera es una adaptación del texto de Paloma Yo no quiero ir al cielo, donde se nos hace un recorrido por la vida y la obra y los "demonios" de la autora, y dos obritas pertenecientes a las Noches de amor efímero, obras en las que la autora "mira a la calle con ojos sabios y pinta el amor tierno y cruel". Todo un catálogo envidiable de propuestas teatrales que suelen pasar para la mayor parte de los ciudadanos sin pena ni gloria, pese a que esta fiesta está organizada por el Departamento de Educación, Cultura y Deporte, que podría aprovechar, por poco dinero, para hacer un circuito de los montajes. Se conoce que este eximio Departamento en los últimos decenios sólo se dedica al deporte (véase a nuestro presidente inaugurando campos de golf) y a la cultura de altísimos vuelos, como los montajes y desmontajes del Fleta o de la Escuela de Artes. ¿Dónde buscará esta gente a Goya? Y lo que me inquieta más ¿para qué lo buscan y lo quieren encerrar en un espacio? Y hablando de espacio. Como no nos amplían el espacio, nos reducen -parece- a los alumnos. Dios aprieta pero no ahoga. En fín, que lo importante era decir lo del estreno de los animalicos. La cosa tiene más importancia de lo que parece. Para completar, unos datos sobre el autor, Mayorga:

Nace en Madrid en 1965. Realiza sus estudios superiores de Filosofía en la UNED y de Matemáticas en la UAM. Obtiene la licenciatura en ambas disciplinas en 1988. Amplía estudios en Münster (1990), Berlín (1991)  y París (1992). Se doctora en Filosofía  en 1997 con una tesis sobre Walter Benjamin por la que recibe el premio extraordinario. Su investigación filosófica se ha centrado en los campos de Filosofía de la Historia y Estética.

Ha estudiado Dramaturgia con Marco Antonio de la Parra, José Sanchis Sinisterra y en la Royal Court Theatre International Summer School de Londres.Desde 1998 enseña Dramaturgia e Historia del Pensamiento en la RESAD de Madrid. Miembro fundador del colectivo teatral El Astillero.Es autor de, entre otros, los siguientes textos teatrales: Siete hombres buenos,  Más ceniza, El traductor de Blumemberg,  Concierto fatal de la viuda Kolakowski, El hombre de oro , El sueño de Ginebra, La mala imagen, Legión, La piel, Amarillo, El Crack, Ángelus Novus, Cartas de amor a Stalin -estrenada en el Teatro María Guerrero de Madrid como producción del Centro Dramático Nacional, La mujer de mi vida, Brgs, y El gordo y el Flaco. Su obra ha sido traducida al catalán, croata, gallego e inglés y ha sido puesta en escena en España, Argentina, Venezuela y Croacia.Ha realizado versiones de La visita de la vieja dama de Friedrich Dürrenmatt y El monstruo de los jardines de Calderón de la Barca.

Ha obtenido, entre otros, los premios Calderón de la Barca, Borne, Ojo crítico y Celestina.

 Completaremos la visión del autor con una entrevista para la revista La Ratonera (Revista asturiana de teatro), que lleva como titular:

«UNA DE LAS MISIONES DEL TEATRO ES PONER A LA SOCIEDAD Y A CADA HOMBRE ANTE SUS CONTRADICCIONES»

La escritura teatral contemporánea ha encontrado un pozo de sabiduría y templanza dramatúrgicas en los aplicados textos de Juan Mayorga (Madrid, 1965). Doctorado en Filosofía en 1997 y perteneciente al consejo de redacción de la revista Primer Acto y al colectivo teatral «El Astillero», lleva 8 años impartiendo las materias de Dramaturgia, Historia del Pensamiento y Sociología en la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid. Su carrera como autor público arrancó en 1989 al lograr un accésit en el «Marqués de Bradomín» con Siete hombres buenos. Desde entonces ha publicado o estrenado piezas como: Más ceniza, El traductor de Blumemberg, Concierto fatal de la viuda Kolakowski, El sueño de Ginebra, El jardín quemado, La mala imagen, Legión, La piel, El crack, Angelus Novus, Cartas de amor a Stalin, La mujer de mi vida, Brgs, El Gordo y El Flaco, Hamelin, Últimas palabras de Copito de Nieve o Himmelweg (Camino del cielo). En la siguiente entrevista, el autor nos ofrece su punto de vista sobre algunos aspectos presentes en sus piezas y en sus mismos planteamientos escénicos.

–Se han concentrado en los últimos meses tres estrenos suyos en las carteleras nacionales: Hamelin, Últimas palabras de Copito de Nieve y Himmelweg. ¿Está el teatro de Mayorga de moda o es el fruto de un trabajo paciente que ve ahora la luz?

Mi primera obra publicada, Siete hombres buenos, lo fue en 1989. Y mi primer estreno, el de Más ceniza, tuvo lugar en 1994. Por tanto, llevo mucho tiempo comprometido con el teatro. De los estrenos que mencionas lo que más me alegra es que mis textos están siendo defendidos por grandes actores.

–Lleva publicados más de 20 textos, ¿en alguno de ellos considera que como autor tocó el cielo con los dedos?, ¿se arrepiente de haber publicado alguno?

–Tengo muchas dudas acerca del valor de mi trabajo. Los textos que más aprecio son Camino del cielo (que acaba de estrenarse en Londres, en el Royal Court), Hamelin y El jardín quemado (que nunca ha llegado a escena). Entre los que he publicado, no me gusta Concierto fatal de la viuda Kolakowski; tengo pendiente reescribirlo. Tampoco estoy contento con Angelus Novus, que se puso en escena pero que nunca he querido publicar.

–Desde Siete hombres buenos y Más ceniza, reconocidos con un accésit en el «Marques de Bradomín» y con el primer premio en el «Calderón de la Barca», ¿cómo contempla el camino recorrido?, ¿ha habido rectificaciones o renuncias en sus postulados dramáticos?

–Creo que hay una continuidad temática y formal en mi trabajo. Sin embargo, me parece que tengo ahora mayor capacidad de comunicar que cuando empecé. Nunca quise ser un autor hermético, pero a veces pude parecerlo por mera incompetencia.

–¿Ha caído en la tentación de reescribir, al cabo de los años, sus antiguos textos?

–Reescribo mis textos permanentemente. Unas veces, animado por el proceso de una nueva puesta en escena (como ha sido el caso de Camino del cielo en Londres o de Animales nocturnos en Barcelona) o de una nueva edición. Otras veces, movido por la simple insatisfacción (como ha sido el caso de Siete hombres buenos, cuya versión revisada está inédita).

–A sus cuarenta años, ¿está satisfecho con las puestas en escena de sus creaciones o les pondría serios reparos a quienes las han llevado a cabo (Adolfo Simón, Guillermo Heras, Carlos Rodríguez, Salomé Aguilar, Alberto San Juan, Cristian Popescu, Luis Blat, Andrés Lima, etc.)?

–Desde luego, he gozado de puestas en escena magníficas de mis textos y he sufrido algunas decepcionantes. Pero siento mucha gratitud hacia todos los que han trabajado por llevar mis obras al público.

Hamelin ha sido definido por su director como «una perversión de las palabras» y en Últimas palabras de Copito de Nieve el discurso del mono-tótem es empleado con valor acusador. ¿Le concede especial relevancia a la identidad mediante el lenguaje y la distorsión que provoca, por ejemplo, la traducción de las manifestaciones gestuales?

–En Hamelin, el juez, la psicóloga e incluso el pedófilo son dueños de lenguajes desde los que pueden atacar y defenderse. La miseria de la familia del niño empieza por la carencia de un lenguaje semejante. Y el niño sólo tiene el silencio. En Últimas palabras de Copito de Nieve se explota la tensión entre el cuerpo del mono, tan rudo, y su espíritu, tan cultivado.

–Su formación filosófica está en la base del bagaje cultural de «Copito de Nieve», ¿no temió que el peso de Montaigne y Mostesquieu fagocitara al personaje con esa carga libresca?

–No intenté hacer de «Copito» un pedante portavoz de Montaigne, sino un ser que comparte con nosotros su experiencia de la muerte y al que Montaigne ayuda a hacer ese último tránsito.

–Se detecta en sus propuestas una decantación por el monólogo, ¿es que está nuestra sociedad abocada a un individualismo aislador?

–No, no creo que nuestra sociedad aboque necesariamente a esa atomización. Y el monólogo, al contrario que el soliloquio, es un ejercicio de comunicación.

–En Himmelweg nos presenta un caso ciertamente duro de presos de un campo de concentración obligados a representar su otra falsa realidad, y en Últimas palabras de Copito de Nieve asistimos al entrañable, por cruel y justo, ajuste de cuentas de un mono con la querencia que los hombres estimaban recíproca. ¿Se cree usted proclive a subrayar la hipocresía impostada, el fingimiento implacable en el que nos hemos instalado?

–Efectivamente, un tema de esas dos obras y de El jardín quemado es la violencia que unos hombres ejercen sobre otros y que obliga a éstos a enmascararse –a renunciar a su vida más auténtica– para sobrevivir.

–Declaró en una ocasión que «hay que provocar la desconfianza del público». ¿Tan anestesiado lo ve como para que precise que le zarandeen y le saquen de su modorra?

–Una de las misiones del teatro es poner a la sociedad y a cada hombre ante sus contradicciones. Lo que domina en la industria del entretenimiento es el mensaje contrario: «Ustedes son formidables».

–¿Hay que reconducir al público al teatro para entablar con él un diálogo a varias voces sobre la realidad o no es ésa la función que persigue usted con su escritura?

–Trabajo en teatro porque quiero compartir con la gente mi experiencia del mundo.

–¿A qué atribuye su propensión al empleo de personajes históricos en algunas de sus piezas?

–La historia nos ofrece situaciones extremas capaces de representar, de forma especialmente intensa, experiencias humanas universales. En ese sentido miré hacia el pasado en Cartas de amor a Stalin, en El jardín quemado o en Camino del cielo.

–¿Es usted partidario de una relectura de la tradición y de la oralidad?

–El pasado es imprevisible. Cada presente –y cada hombre en ese presente– construye su propia tradición: aquel pasado con el que quiere dialogar.

–¿Es el humor, bufonesco o negro, un componente al que Juan Mayorga no renuncia en sus piezas, acoplado al tono y ritmos impuestos por cada texto en particular?

–El humor es parte de la vida, y por tanto ha de ser parte del teatro.

Hamelin incide en temas como la culpa y la pederastia, y Últimas palabras de Copito de Nieve aborda la eutanasia y la libertad. ¿Hay que ahondar, entonces, en el teatro en nuestros demonios interiores, en nuestra dimensión social y colectiva, y olvidarnos de piruetas performáticas vaciadas de contenido?

–No creo que Últimas palabras de Copito de Nieve sea una obra sobre la eutanasia, sino sobre la muerte, tema universal que rebasa cualquier coyuntura. Hamelin, en cambio, sí tiene voluntad de representar precisamente nuestro tiempo, tan convulso.

–¿Ha compaginado en alguna ocasión la escritura paralela de dos o más obras teatrales?

–Las escrituras de Cartas de amor a Stalin y de El Gordo y el Flaco se cruzaron. También las de Camino del cielo, Animales nocturnos y Hamelin.

–A la hora de componer sus textos, ¿ve mentalmente la representación?

–Intento que mis textos se abran a muchas representaciones posibles e imprevisibles. Pero quizá algunos de ellos sean más abiertos que otros; por ejemplo, Camino del cielo me lo parece más que Animales nocturnos.

–Usted ha adaptado o realizado versiones de obras clásicas o contemporáneas (Calderón, Dürrenmat), ¿en qué plano y actitud las afronta?, ¿le hacen situarse en una esfera de respeto superior, de menor capacidad de maniobra, o no tiene nada que ver?

–Como adaptador, intento ser un modesto traductor, que ayude al diálogo de nuestro tiempo con aquel para el que el texto original fue escrito. Por lo demás, la experiencia de sumergirse en un gran texto (como he podido hacerlo últimamente en Fuente Ovejuna) es para un autor una escuela impagable.

 Cierro este comentario de hoy, con un texto político, escrito a raiz de nuestra obligada participación en la guerra contra Irak:

 

Contra la guerra no vamos a guardar silencio

Texto leído durante la concentración convocada por la Plataforma de Cultura contra la Guerra y la Unión de Actores en la Plaza del Rey, en Madrid, el pasado 27 de marzo, Día Internacional del Teatro.

El teatro es un arte político. El teatro se hace ante una asamblea. El teatro convoca a la polis y dialoga con ella. Sólo en el encuentro de los actores con la ciudad, sólo entonces tiene lugar el teatro. No es posible hacer teatro y no hacer política. Por eso piden un imposible quienes reclaman a las gentes de teatro que no se metan en política. No pedirían al pez que saliese del agua, pero nos piden que guardemos silencio ante lo que pasa. "Vosotros no entendéis. Salid de la calle y volved al teatro", nos dicen, como si para nosotros fuesen distintos el teatro y la calle.

Pero no sólo a nosotros nos mandan callar. También a vosotros, ciudadanos, también a vosotros os piden silencio. Están voceando ese mensaje por toda la ciudad: "Volved a vuestras casas. Vosotros no entendéis". Quieren convencernos de que el mundo es un enigma cuya solución sólo ellos conocen. Quieren convencernos de que nuestro mundo es tan misterioso como el de los antiguos griegos, los cuales debían acatar ciegamente los oscuros designios de sus dioses. Por pequeños que sean, los hombres que nos gobiernan se creen dioses, y como dioses nos exigen silencio. Olvidan que el teatro nació precisamente para interrogar a los dioses. Y para desenmascarar a los hombres que se disfrazan de dioses.

En "Los persas", la obra teatral más antigua que conservamos, Esquilo describió la derrota del poderoso ejército persa. Su rey fue vencido porque olvidó que sólo era un hombre. Qué vicio tan viejo, el del gobernante que se cree dios. Como dioses, nuestros gobernantes están arrojando fuego sobre Bagdad. Como dioses, nos piden silencio. Pero no vamos a guardar silencio.

No vamos a guardar silencio porque amamos las palabras, y necesitamos oponer palabras claras a esas palabras oscuras que manejan los nuevos dioses. Palabras oscuras que quieren convertirnos en personajes de una función infantil donde sólo hay buenos y malos. Palabras oscuras que llevan a inocentes al sacrificio.

No vamos a guardar silencio porque tenemos memoria. El teatro es un arte de la memoria. Recordamos todas las guerras desde los griegos. Todas las víctimas, cada una de ellas. Y todas ellas están hoy, otra vez, en peligro. Porque sólo hay una forma de hacer justicia a las víctimas del pasado: impedir que haya víctimas en el presente. No vamos guardar silencio porque nos debemos a nuestra ciudad, y también nuestra ciudad está en peligro. Ciudadanos: cada uno de nosotros está en peligro. Nos están educando para la barbarie. Nos están educando para dominar o para ser dominados; para dominar a otros o para resignarnos al dominio de otros. Nos están educando para matar o para morir.

No vamos a guardar silencio. Hoy menos que nunca vamos a guardar silencio. No.
 
  

 

BE SOS EN LA PIZARRA

BE SOS EN LA PIZARRA

Releyendo cosas "antiguas", me he encontrado con un librito de poemas que editamos en Borja, en enero de 1981. Se trata de una edición en ciclostyl con portada hecha en la imprenta de Fernando Sancho e hijo que recoge un grabado de Javier de Pedro. Se trata de un taller de poesía que hizo en sus clases José Luis Calvo Carilla, que se colgaron en cuerdas para su exposición cual si de ropa se tratara y que quisimos inmortalizar en este libro. No me resisto a transcribir la presentación que hacía José Luis Calvo:

 REPROBACIÓN DE LOS JÓVENES POETAS QUE COMPONEN ESTA ANTOLOGÍA

Queridos amigos poetas:

No pienso leer vuestros poemas, y creo que sabéis la razón. Estáis en lo cierto cuando suponéis que jamás os voy a perdonar vuestra ligereza en hacer versos con la misma inconsciencia -la llamaré ingenuidad o atrevimiento, no sin cierta benevolencia por mi parte-, con que os asomais al rizado vértigo de la vida o alardeáis de un personalísimo estatuto de Autosuficiencia para amar o soñar.

No me gustan estos poemas porque aborrezco esa irrefrenable capacidad vuestra para ilusionaros con cualquier cosa, así, sin darle importancia, como quien no quiere. Porque no tendré más remedio que soportar con complicidad de voyeur vuestra voluntad de airear impúdicamente la celosa región del sentimiento o la premeditada insensatez con que hacéis como que estrenáis la vida y que es inédita la anfibia magnitud de vuestras pupilas. Me inquieta que asumáis la atávica presilidad del hombre en el orbe de guadaña de vuestros brazos, indefensos cauces de la fiebre. Comprenderéis que no puede dejar de preocuparme el hecho de que no seáis capaces de reconocer esa palamaria maquetación de horizonte que os ofrecemos, y que está ahí, ante vuestros ojos, y que no sé por qué lo buscáis en otra parte con mirada delatora.

Qué más da mordisquear con aire indolente el desgastado extremo de un verso o las uñas, pero vosotros me recordáis con una violencia desmesurada que el poema no es un peine de palabras y que vuestro desconcertante infierno se parece muy poco al cotidiano infiernillo con que caliento el café con leche y las manos.

NO PIENSO LEER, PUES, VUESTROS POEMAS E INVITO A TODO EL MUNDO A QUE TIRE ESTE CUADERNO A LA BASURA SIN ABRIRLO, pues sería intolerable que llegáramos siquiera a imaginar la remota posibilidad de que todo hombre guarda su rincón lírico inexplorado y que además es capaz de expresarlo, con el consiguiente peligro para las leyes de la oferta y la demanda poética establecida.

Y porque esta escritura -oscilante, animosa, desgarbada-, está cargada de futuros sobresaltos, y no es posible que, a través de esta fugaz experiencia, ya no sea para muchos de vosotros tan extremadamente difícil "llegar al atisbo de cuál es el poema que cada uno puede llegar a escribir".

 Entre los varios alumnos que dejaron sus poemas (hicimos una selección), hay una, Inmaculada Irache, que hoy, años después, es profesora de Lengua en nuestro instituto actual, el Avempace, y por tanto compañera de sus profesores entonces, Simeón Martín y yo mismo. Estos eran sus versos de entonces:

PASEO

Camino silenciosa, sí, camino.

La tarde está triste,

yo, camino.

Mis pies sienten el polvo,

algo hace que me pare,

algo que me susurra al oído:

-"es el aire, amigo"

Es el aire contándome un secreto,

y yo, camino.

Alzo la vista y veo un cielo agrisado,

las nubes se pasean por él,

la tarde va cayendo,

y yo, camino.

Camino silenciosa, sí, camino.

DE NUEVO LA LECTURA

DE NUEVO LA LECTURA

A veces no queda más remedio que robar material de otros blogs. Es lo que me pasa a mí hoy. Leí a mi amigo Víctor Juan y le he tomado "prestado" el material para construir mi comentario de hoy. Se trata de unas Instrucciones para enseñar a leer a un niño, de Gustavo Martín Garzo. De su página oficial tomo los datos biográficos necesarios para situar al autor, por si alguien no sabe quién es. Psicólogo de profesión, cuando recibió en 1994 el Premio Nacional de Narrativa por su novela El lenguaje de las fuentes, ya gozaba de prestigio en los ambientes profesionales gracias a sus tres novelas anteriores, pero también debido a sus críticas literarias y a su vinculación con la revista "Un ángel más". Sin embargo, Martín Garzo se volvió un autor popular en 1999, tras la obtención del Premio Nadal por Las historias de Marta y Fernando. Nacido en 1948 en Valladolid, su formación católica familiar le proporcionó un conocimiento de la simbología religiosa que él ha convertido en material literario. Se confiesa hombre metódico y sin prisas y asegura no haber sentido nunca la necesidad de abandonar su ciudad porque "cualquier lugar contiene el mundo entero, los mismo conflictos, los mismos anhelos. Basta con saber mirarlos". El comentario en cuestión es el siguiente:

Conviene empezar cuanto antes, a ser posible en la habitación misma de la clínica de maternidad, ya que es aconsejable que el futuro lector esté desde que nace rodeado de palabras. No importa que, en esos primeros momentos, no las pueda entender, con tal de que formen parte de ese mundo de onomatopeyas, exclamaciones y susurros que le une a su madre y que tiene que ver con la dicha. Poco a poco irá descubriendo que las palabras, como el canto de los pájaros o las llamadas del celo de los animales, no son sólo manifestación de existencia sino que nos permiten relacionarnos con lo ausente. Así, muy pronto, si su madre no está a su lado echará mano de ellas para recuperarla en su pensamiento, o si vive en un pueblo rodeado de montañas les pedirá que le digan cómo es el mundo que le aguarda más allá de esas montañas y del que no sabe nada.

Palabras del día y de la noche
Por eso los adultos deben contarle cuentos, y sobre todo, leérselos. Es importante que el futuro lector aprenda a relacionar desde el principio el mundo de la oralidad y el de la escritura. Que descubra que la escritura es la memoria de las palabras, y que los libros son algo así como esas despensas donde se guarda todo cuanto de gustoso e indefinible hay a nuestro alrededor, ese lugar donde uno puede acudir por las noches, mientras todos duermen, a tomar lo que necesita. A estas alturas habrá hecho un descubrimiento esencial, que existen palabras del día y palabras de la noche. Las palabras del día tienen que ver con lo que somos, con nuestra razón, nuestras obligaciones y nuestra respetabilidad; las de la noche con la intimidad, con el mundo de nuestros deseos y nuestros sueños. Y ése es un mundo que necesariamente se relaciona con el secreto. Por eso, el adulto no debe hablar demasiado al niño de los libros, ni abrumarle con consejos acerca de lo importante que es leer, porque entonces éste desconfiará. La madre que guarda en la despensa los dulces que acaba de preparar, no lo proclama a los cuatro vientos, y así los vuelve más codiciables. Las palabras de la literatura tienen que ver con ese silencio, con lo que se guarda y tal vez hay que robar, nunca con lo que nos ofrecen a gritos, y mucho menos a la luz del día, donde todos puedan vernos. El futuro lector, en suma, debe ver libros a su alrededor, saber que estan ahí y que puede leerlos, pero nunca sentir que es eso lo que todos esperan que haga.

Sería aconsejable, si me apuran, que los padres no los tuvieran demasiado a la vista, sino que los guardaran dentro de grandes armarios, que a ser posible mantendrían cerrados con llave. Aunque de vez en cuando se olvidarían esa llave, o de cerrar esos armarios, dándole al niño la opción de llevarse los libros cuando nadie les viera. Pero lo más importante es que el niño vea a sus padres leer. Discretamente, sin ostentación, pero de una forma arrebatada y absurda. El rubor en las mejillas de una madre joven, mientras permanece absorta en el libro que tiene delante, es la mejor iniciación que ésta puede ofrecer a su niño al mundo de la lectura.

Jardín secreto
Pero los libros son como aquel jardín secreto del que hablara F. H. Burnett en su célebre novela homónima: No basta con saber que estan ahí, sino que hay que encontrar la puerta que nos permite entrar en su interior. Y la llave que abre esa puerta nos tiene que ser entregada azarosamente por alguien. En la novela de F.H. Burnett es un petirrojo quien lo hace, y gracias a ello la niña puede visitar el jardín escondido. El que ese petirrojo tarde en presentarse no quiere decir que no vaya a hacerlo nunca, pero incluso si así fuera tampoco se alarme demasiado, ni por supuesto llegue a pensar que su hijito es un caso perdido. Piense que la lectura no siempre nos hace más sabios, ni más inteligentes, ni siquiera más buenos o compasivos, y que bien pudiera ser que ese niño que adora fuera como los bosquimanos, que tampoco leyeron una sola línea y eso no les impidió concebir algunos de los cuentos más hermosos que se han escuchado jamás. No olvide, en definitiva, que el cuento más necesario, y por el que seremos juzgados, es el que contamos sin darnos cuenta con nuestra vida.

Artículo publicado el 17 de abril de 2003 por el suplemento Blanco y Negro Cultural del diario ABC

 

VERSOS COMO EL PAN DE CADA DÍA, COMO EL AIRE QUE EXIGIMOS...

VERSOS COMO EL PAN DE CADA DÍA, COMO EL AIRE QUE EXIGIMOS...

Hoy quiero traer a mi blog a dos poetas. Del primero, Jaime Gil de Biedma, transcribir unos versos que me gustan. El primero, se tituta De vita Beata y está incluido en su libro Poemas póstumos (1968):

En un viejo país ineficiente,

algo así como España entre dos guerras

civiles, en un pueblo junto al mar,

poseer una casa y poca hacienda.

Y memoria ninguna. No leer,

no sufrir, no escribir, no pagar cuentas,

y vivir como un noble arruinado

entre las ruinas de mi inteligencia.

El segundo poema, en realidad un fragmento de poema, está entresacado  del librito que, con ocasión de la exposición que se ha hecho en el Centro de Historia de Zaragoza entre el 15 de marzo y el 30 de abril de 2006, se regalaba a los visitantes. Me viene bien para expresar, como siempre, emociones propias que uno expresaría peor. El poema se titula Pandémica y celeste:

(...) Y no hay muslos hermosos

que no me hagan pensar en sus hermosos mulos

cuando nos conocimos, antes de ir a la cama.

 

Ni pasión de una noche de dormida

que pueda compararla

con la pasión que da el conocimiento

los años de experiencia

de nuestro amor

                        Porque en amor también

es importante el tiempo,

y dulce, de algún modo,

verificar con mano melancólica

su perceptible paso por un cuerpo (...)

 

La segunda parte, se refiere a Machado. Y es a propósito de la publicación de su biografía (Ligero de equipaje. La vida de Antonio Machado), confeccionada por Ian Gibson. Es notable el comentario que ofrecía hoy en Babelia nuestro querido y admirado José Carlos Mainer. No me resisto a reproducirlo:

Nuestro compatriota irlandés Ian Gibson tiene aquel don de la biografía que suele atribuirse, con bastante fundamento, a los británicos. En cuanto concierne a la historia de la literatura española, lo ha demostrado ampliamente con sendas semblanzas de Lorca y de Dalí, a las que hay poco más que pedir y que cito sin mengua de los valores de otras -en todo caso, menores- que ha dedicado a Rubén Darío y a Camilo José Cela. Las premisas de una buena biografía (y, por supuesto, las suyas lo son en grado de excelencia) estriban en la información abundante y la lectura inteligente de los textos, no como meros portadores de datos sino como síntomas de estados de ánimo; la capacidad de establecer hipótesis razonables y la expulsión de cualquier forma de engolamiento o retórica: lograr, en suma, un buen arte de contar. El único lujo retórico de una buena biografía debe ser el cuidado del detalle secundario y alguna modesta confesión personal de implicación: cuando en esta biografía de Antonio Machado se describe el cementerio civil de Madrid, la Casa de Pilatos de Sevilla, la Soria de 1907, o la impresión actual de Collioure, nos encontramos ante muestras ejemplares de una empatía casi física que el lector ha de compartir por fuerza; cuando aquellas últimas notas acerca del pueblecito francés o los comentarios a los textos machadianos de la guerra transparentan una legítima emoción o cierta cívica indignación, gozamos de cuanta retórica menor puede tolerar una biografía que, de suyo, es un género para gente que sabe escuchar y hacerse preguntas, tener el justo sentido de la vida ajena y escribir de todo con sencillez y meticulosidad.

No era fácil escribir una biografía de Antonio Machado. En rigor, el poeta nunca salió al encuentro de nada: las cosas le pasaron y vivió despacio y hacia dentro. A los 21 años no había concluido el bachillerato y sólo terminó la carrera de Letras cuando precisó el título para un traslado de instituto. Jamás tuvo casa propia: pasó por habitaciones de fondas de estables o por un par de cuartos en la casa familiar. Su vida es lo que acertó a transmutar en versos de persuasiva calidez o en una prosa cercana y divagatoria, velada de zumba. Aunque a Ian Gibson le fastidia -lo dice en el ’Aviso previo’- que sus poemas no tengan otra referencia que la numeración correlativa en romanos, lo cierto es que ese signo de continuidad es la plasmación de toda una concepción (y una misión) de la escritura: Machado siempre pensó en términos de poesías más o menos completas, equivalentes a "vida completa", como las que publicó en 1917, 1928, 1933 y 1936. Y uno de los méritos de este libro es incluir poemas enteros del escritor, apostillados por comentarios muy sagaces (Gibson es de los pocos que advierten que las "galerías" machadianas son pasillos en torno a un patio, y no túneles; lo habíamos señalado antes Enrique Baltanás y yo mismo). Nada mejor para entender la influencia de Verlaine que releer los versos de los Poemas saturnianos, traducidos por amigos de Machado, que aquí se copian. Y así se vuelve a hacer en otros momentos muy oportunos: cuando las primeras colaboraciones en la revista Electra (para apuntar los atisbos machadianos de la psicología freudiana), y cuando Machado recuerda a Soria y a Leonor Izquierdo desde Baeza. Gibson no es el primero que se ha sentido fascinado por el ’Fragmento de pesadilla’ y por el poema ’El quinto detenido y las fuerzas vivas’ (que no pasó a las Poesías completas), oportunamente transcritos y comentados aquí, pero pocos han visto con tanta viveza lo que hay detrás -fatiga, lucidez, melancolía- de los dos poemas finales de Abel Martín. Y tampoco ha sido muy frecuente señalar lo que de enigmático y terrible tiene el poema CLXXIV ("Abre el rosal de la carroña horrible / su olvido en flor..."), que no es la única, por cierto, de estas pesadillas de imágenes del escritor, que gustaba verse al borde del agotamiento de su experiencia poética (a mí me gusta el CLVI, ’Galerías’, menos visionario pero tan desconcertante como éste: valdría la pena que Gibson lo comentara en una próxima edición de su libro). Los críticos y los entrevistadores han llamado la atención sobre las páginas dedicadas a la relación de Machado y Pilar de Valderrama. Y es cierto que son muy certeras, aunque no haya grandes descubrimientos: a mí me impresiona poco saber que la fuente de los encuentros de los amantes se halle cerca de La Moncloa, pero me interesa mucho, en cambio, el perfil, ciertamente poco favorable, de aquella dama a la que el poeta llamaba "mi diosa", tan pacata, tan egoísta, bastante cursi y, sobre todo, tan distante de las ideas machadianas sobre su país entre 1931 y 1939. Como dice Gibson, inapelable, "la España de la mujer de Rafael Martínez Romorate no era la de Antonio Machado". Y, al respecto, ha sabido organizar con muchísima eficacia el diálogo imposible entre aquel amour courtois y los más decididos pronunciamientos radicales del Machado político. Sin embargo, aquellas cartas apasionadas, menesterosas y patéticamente cortadas a la medida de las luces de su "diosa" están ahí, y la imagen de Machado tampoco sale muy bien librada del episodio. En el fondo, la vida sentimental del escritor seguirá siendo un enigma, quizá algo turbio ("¿Empañé tu memoria? ¡Cuántas veces!"). Con su mala lengua inteligente, Gil de Biedma me señaló una vez (no lo escribió nunca) que más de una expresión del Machado viudo -aquella "fiebre de la mano"- hacía pensar en habituales prácticas masturbatorias, vividas con profunda mala conciencia (yo le había señalado a mi vez aquello de "pero a veces sabe Onán / mucho que ignora don Juan" y aquella invocación final de un soneto, "¡Desierta cama / y turbio espejo y corazón vacío!"); Gibson apunta aquí la innegable y, en su tiempo, inevitable visita a algún prostíbulo. Y ahora pienso que la admiración de Machado por Pío Baroja, a quien no trató, quizá aclararía algo: la pudibundez y las ideas sobre la mujer de ambos escritores son, a menudo, muy parecidas. He mencionado a Baroja y no a humo de pajas. Quizá lo único que echo de menos en este libro sea una presencia más viva de la emulación y la complicidad que el medio literario de su tiempo significó para Antonio Machado. No basta con las excelentes páginas en las que asoman Manuel, su hermano, y Juan Ramón Jiménez, o el joven Lorca. La relación de admiración discipular mantenida con Unamuno, el aprecio -teñido de distancia política- que sintió por Azorín, la devoción por Ortega y Pérez de Ayala (matizada también de ironía), es un tema que obligaba y obliga a una relectura del epistolario y de los poemas laudatorios, a veces no muy buenos, pero siempre inteligentes. Pero, en definitiva, si me atrevo a pedir esta ampliación de su libro a Ian Gibson, es en la medida en que nadie va a hacerlo con solvencia tan ejemplar. Los lectores tienen en este extenso volumen una segura guía de su lectura de Machado; los estudiosos de la literatura, un serio motivo de reflexión metodológica, tras tantos años de desconfianza por las biografías y de veneración por la obra en sí. Aquel "en sí" (como sabía Fernando Lázaro Carreter, que lo inventó) es siempre un complejo lugar poblado de muchas cosas.

 

 

 

 

 


 

Socialistas

Socialistas

Ayer día 2 de mayo, por fin se presentó el libro Dirigentes y cuadros socialistas y de la UGT de Aragón (1931-1939), casi en olor de multitud en los salones de Costa, 1, la sede de la UGT. Y los padrinos fueron de campanillas. No pudo tener mejor comienzo la andadura de este proyecto que trata de recuperar los nombres de aquellos que tuvieron responsabilidades políticas e institucionales en aquellos años, y que formaron la médula del movimiento obrero. Para empezar a recuperar la "memoria histórica", hay que empezar por recuperar a los sujetos, a los protagonistas; escribirlos en un gran friso, todos los nombres. Entre el público, compañeros, colaboradores, amigos.

Y hoy se ha celebrado en Madrid un acto por el 75 aniversario de la fundación de la Federación Española de Trabajadores de la Enseñanza (FETE), sindicato adherido a la UGT. El acto ha sido en el Ateneo y en él han intervenido, además del presidente del Ateneo, Profesor Abellán, el profesor Francisco de Luis, especialista en la FETE, el secretario general de la FETE, el aragonés Carlos López Cortiñas, la nueva ministra de Educación, Mercedes Cabrera, Cándido Méndez y el propio presidente del gobierno, José Luis Rodriguez Zapatero, el primer presidente de gobierno que es afiliado a la FETE.

En próximos días, la Fundación Bernardo Aladrén presentará sus últimas novedades en Alcañiz (5 de mayo), Híjar y Teruel.

Actos, palabras, encaminadas a dotar de referencia histórica e ideológica al socialismo aragonés, aquejado de parálisis en los últimos años. Ojalá que sirvan para recargar unas pilas que nos serán muy necesarias para encarar el futuro.

(En la foto, nuestra Palmira)

MUJERES

MUJERES

Entre los actos alrededor del Primero de mayo, la Fundación Sindicalismo y Cultura, de CCOO, programó el día 28 una velada poética, en la que se leyeron poemas de diversos poetas aragoneses, seleccionados por Adolfo Burriel, y excelentemente interpretados por él mismo, Magdalena Lasala, Luis Felipe Alegre y Mariano Anós. Fue una velada muy cercana y emotiva, una buena idea, pese a la escasa asistencia. Quiero seleccionar este poema, "Mujeres", de Manolo Vilas, porque me llegó especialmente. Es de su libro El nadador (Poesía, 1988-2002)(Colección Zigurat. Ateneo Obrero de Gijón, Gijón, 2003):

No las ves que están agotadas, que no se tienen en pie, que son ellas las que sostienen cualquier ciudad, todas las ciudades. Con el matrimonio, con la maternidad, con la viudedad, con los golpes, ellas cargan con este mundo, con este sábado por la noche donde ríen un poco frente a un vaso de vino blanco y unas olivas. Cargan con maridos infumables, con novios intratables, con padres en coma, con hijos suspendidos. Fuman más que los hombres. Tienen cánceres de pulmón, enferman, y tienen que estar guapas. Se ponen cremas, son una tiranía las cremas. Perfumes y medias y bragas finas y peinados y maquillaje y zapatos que torturan. Pero envejecen. No dejan las mujeres tras de sí nada, hijos, como mucho, hijos que no se acuerdan de sus madres. Nadie se acuerda de las mujeres. La verdad es que no sabemos nada de ellas. Las veo a veces en las calles, en las tiendas, sonriendo. Esperan a sus hijos a la salida del colegio. Trabajan en todas partes. Amas de casa encerradas en cocinas que dan a patios de luces. Sonríen las mujeres, como si la vida fuese buena. En muchos países las lapidan. En otros las violan. En el nuestro las maltratan hasta morir. Trabajan fuera de casa, y trabajan en casa, y trabajan en las pescaderías o en las fábricas o en las panaderías o en los bares o en los bingos. No sabemos en qué piensan cuando mueren a manos de los hombres.

1º DE MAYO

1º DE MAYO

Viva el primero de mayo.

Segunda República

Segunda República

Ya hace unos días que se cumplió la fecha del 75 aniversario de la proclamación de la Segunda República. Pero era Viernes Santo y estaba yo disperso por la geografía oscense. No obstante, brindamos por la Tercera y pusimos el himno de Riego en una curiosa versión cantada por Miguel Fleta. Otro año más, y el próximo el ¿76? o el primero... Mientras todo llega, bueno sería ir  hablando de lo que fue la esperanza de la República para los pueblos de España, de lo que significó de dignificación cívica; que, a pesar de los problemas, cosa de la que siempre se habla, por cierto, para decir de ella que fracasó, para minar su credibilidad, no hay momento más claro en la reciente historia de España para la cultura, la educación, la ciencia. De esto tenemos que hablar cuando nos dirijamos a los jóvenes, a nuestros alumnos, de cómo una generación sintió la fuerza suficiente para afrontar el enorme retraso que tenía una España que casi salía del feudalismo. De cómo se afrontó desde el socialismo la responsabilidad de alumbrar una criatura tan hermosa da fe el texto que transcribo

El PSOE y la UGT ante la proclamación de la República. Abril de 1931.
 
“Reunidas conjuntamente hoy las comisiones ejecutivas del Partido Socialista y de la Unión General de Trabajadores, para examinar la situación creada por los últimos acontecimientos, en la cual se condensa un espléndido rejuvenecimiento de la sensibilidad civil de España, unánimemente  acuerdan:
 
Prestar todo su apoyo al naciente régimen republicano a cuyo logro tan activamente han contribuído nuestros dos organismos nacionales, y oponerse con toda la energía que las circunstancias demanden a cualquier intento encaminado a obstaculizar el normal desarrollo de la República que empieza.
 
A tal fin, las ejecutivas del Partido Socialista y de la Unión General de Trabajadores recaban a sus representados la máxima disciplina y atención vigilante para cumplir inmediatamente las órdenes que fuera preciso circular, bien entendido que no deben atenderse otras indicaciones que aquéllas que proceden de los organismos responsables.
 
En ningún caso tomarán en consideración las sugerencias que pudieran deslizarse entre los afiliados al Partido Socialista o a la Unión General de Trabajadores con el propósito de crear desórdenes que perjudicarían al régimen cuya principal defensa nos está encomendada.
 
Es necesario que esta República española nazca rodeada de los máximos prestigios, así, pues, que todos nuestros compañeros sientan la responsabilidad del momento histórico que vivimos, bien seguros de que si en cualquier instante fuera preciso hacer uso de nuestra fuerza para salvaguardar el régimen que nace, el Partido Socialista y la Unión General de Trabajadores han de cumplir con su deber sin vacilaciones de ninguna clase.
Madrid, 14 de abril de 1931.
 
Por el Partido Socialista, Remigio Cabello y Manuel Albar, Secretario.
Por la Unión General de Trabajadores, Manuel Cordero, presidente accidental, y Francisco Largo Caballero, secretario.”
 
Nota del Partido Socialista y de la Unión General de Trabajadores,
La Vanguardia
, Barcelona, 15 de abril de 1931.

 

Cantavieja

Qué bien retomar mi blog desde un ordenador a tiempo contado (media hora, 1 euro) en el hotel Balfagón. Cuando veo la fecha de mi último comentario me da un poco de repelús, pero ya es hora. Ya he venido aquí a cumplir con la gran decisión de Martín Rabaza Ayora, que era mi abuelo. El que estuvo en el Calvario, el amigo oculto de Luis Lucia, aquel que quiso ser pintor y bohemio y las circunstancias, siempre las circunstancias, no se lo permitieron. He peregrinado hasta aquí para no ver nuestra casa (siempre será la  nuestra), para no llorar de nostalgia al mirar estos barrancos rotos contra la tarde. He venido aquí porque quería, y necesitaba venir. Para saber de vez en cuando quién soy y a dónde quiero ir.

Cultura obrera

Cultura obrera

Acabo de leer un interesante artículo de Sven B. Ek ("La misteriosa clase obrera". En Historia, Antropología y Fuentes Orales, 27, 2002, págs. 135-146) en el que reflexiona sobre la historia y la cultura de la clase obrera sueca. Hace afirmaciones aparentemente sorprendentes como: "La historia de la clase obrera se ha convertido en gran medida en la historia de sus representantes" o "Ni el Partido Socialdemócrata ni los sindicatos mostraron una auténtica preocupación por la historia o por la cultura de la clase obrera". Parece una provocación y sin embargo me parece que su reflexión es extrapolable a lo que ocurre aquí. Evidentemente -dice- la historia ha sido útil para el partido y para los sindicatos para dejar claro que las condiciones sociales eran malas antes de que de ellos existieran, pero habían mejorado y en la actualidad eran bastante buenas, si se tomaban en consideración los salarios y las condiciones materiales. Pero no había verdadero interés por la cultura de lo que había sido clase obrera. Como dice Pere Gabriel, el trabajo de Ek, "además de acercarnos a la realidad compleja de una historia que no sólo se construye desde la oficialidad más académica y ortodoxa de las universidades, nos permite entrar en la discusión de unos temas básicos e im portantes", apostando por un estudio a fondo sobre la cultura obrera así como la reinvidación del papel activo de la práctica de la historia oral, del diálogo entre etnología e historia, etc. Todas estas cuestiones deberíamos hacerlas aquí y acoplarlas a nuestra realidad. Da auténtica pena la falta de estudios serios sobre la cultura obrera; ni siquiera ha calado entre nosotros, lo que ya sería algo, la historia de los dirigentes. Algo de esto estamos haciendo desde la Fundación Bernardo Aladrén: hemos editado memorias de hombres y mujeres relacionados con la cultura obrera, ya sea socialista o anarquista. En este sentido puedo anunciar que dentro de unos días saldrá el número 5 de la colección Isidoro Achón, dedicada a las memorias de Antonio Garulo Sancho, el último alcalde socialista de Zuera. Pero hay mucha tarea aún por hacer.

 

Inventario

Hoy por la mañana he llevado a mis alumnos de 4º de ESO a ver cómo se está ordenando un archivo, el de la UGT. Me apetecía salir del centro y además con alumnos, caminando bajo un aire helado por todo el ACTUR. Al fin hemos llegado al Centro de Formación Arsenio Jimeno. Nos estaban esperando Elena y Julián. Allí han estado. Han escuchado a Julián. Luego, al cabo de una hora, ya se han cansado. Pero han salido y han visto que más allá de las paredes del Instituto hay vida. Quiero creer que se han dado cuenta de que existen lugares donde se trabaja calladamente y en silencio, donde se praparan los materiales que luego servirán al historiador. Hoy han podido, si han abierto sus ventanas, ser testigos del nacimiento de un centro de documentación. Tal vez mañana estos mismos alumnos vuelvan aquí para hacer sus trabajos, sus tesis. Que así sea.

Leo en EL PAIS una noticia que no sé cómo tomarme. "Carmen Sanz Ayán ingresa en la Academia de la Historia". Un momento, algo aquí no funciona. Cómo yo, que soy profesor de historia, creo que bastante informado, no sé quién es esta profesora (de Historia moderna). ¿Es que yo estoy menos informado de lo que yo pensaba?¿Es que esto de la Academia de la Historia está fuera del mundo? Confieso que no había oído hablar nunca de ella. Así vamos.

Me he despedido de la promoción de este año de la Universidad de la Experiencia. Han sido 30 horas juntos y, como les decía esta tarde, creo que hemos aprendido todos a ver la historia de forma diferente a como la aprendieron. Como un método de análisis de la realidad que nos ayuda a entender mejor lo que nos rodea. Ha sido un buen grupo. Uno de los alumnos, al final de la clase me ha dicho que conocía a m i tío Benigno y muchas otras cosas más. El bar Alegría, del Camino de las alcachoferas, que regentaban mis tíos en una época ya lejana, resulta que era el Centro Republicano de San José que dominaban los anarquistas. Su padre, que era de la UGT era el único que podía entrar allí. Su padre trabajó en La Zaragozana, donde era muy apreciado por los trabajadores. El día de la sublevación de julio, su padre se dedicó a quemar los archivos de la UGT. Unos días antes, se habían reunido unos 200 falangistas en el Frontón Cinerma y esos, así se lo contó su padre, fueron los que fueron directamente a los cuarteles en los que se preparaba el golpe. Me ha dicho también que los fascistas cogieron a algunos de los anarquistas más débiles y les hicieron "cantar". Cuando denunciaron a sus compañeros, que fueron ejecutados, les dijeron: "Ahora, id a Caspe, y allí hareis de espías nuestros, si no quereis que se sepa lo vuestro". Pero en Caspe lo sabían y los denunciantes desaparecieron y nuncas más se ha sabido de ellos. Un anarquista que trabajaba en Tudor, estuvo escondido en un agujero en la cuadra de su casa durante mucho tiempo... Todo esto, y algunas cosas más, en una conversación apresurada. ¡Cuánta agua retenida!

Después he bajado al Centro y he entrado en el Corte Inglés a ver libros. He visto lo de siempre. es decir, estanterías de libros, todos sobre dos o tres temas. Pero me he encontrado con Andrés Cuartero. Hemos hablado sobre el próximo libro dedicado a Antonio Garulo. Reflexiona sobre qué poco tiempo se pudo dedicar entonces a los viejos cuando había que actuar muy depresa para que no se cayera el invento. Todos llegaron tarde. Quizá traían un mensaje de otro tiempo, quizá sólo reclamasen árnica para sus heridas, ser escuchados, ¡qué sé yo! Pero es un drama sobre el drama. La supervivencia les dejó fuera de un mundo que trajeron con su sacrificio. Recordamos mucho estos días a las víctimas cadáveres (bueno, recordamos algunos), pero hemos olvidado a las víctimas-supervivientes. En resumen, cuando tanto se habla de atender a las víctimas, de mimar a las víctimas, cuánto silencio hay sobre todas esas otras víctimas.

Buscando el papel de la mujer obrera

Buscando el papel de la mujer obrera

He encontrado en la página de Asturias republicana una carta muy interesante para conocer mejor tanto el movimiento obrero que se fraguó en los años 70 del siglo XIX, como el papel de las mujeres en él y en la sociedad que se estaba construyendo:

Carta de una obrera de Barcelona a La Federación.


"Compañeros del Consejo de redacción de La Federación:

Queridos hermanos: No siéndome dudoso vuestro modo de pensar respecto a las ideas de La Internacional de trabajadores, me atrevo a esperar de vosotros que daréis cabida en las columnas de vuestro periódico a las siguientes líneas, a cuyo obsequio os quedará agradecida vuestra afectísima hermana, que os desea salud, trabajo y justicia.- Elisa Huigon.

Siendo la primera necesidad para el progreso de la especie humana la redención de la esclavitud de la mujer.

Considerando que el fanatismo religioso hace de ella un ser degradado y sin conciencia, que le obliga a permanecer indiferente ante el nuevo orden socialista obrero que se realiza dentro del colectivismo.

Considerando que otra de las principales causas de la esclavitud de la mujer es el bochornoso e insignificante papel que desempeña en seno de la familia, de cuyo jefe es la primera en sufrir las consecuencias de su suerte adversa y su mal trato, compartiendo raras veces con ella la felicidad y la dicha de que es objeto por su saber, por su lisonjero estado de salud, o por sus riquezas.

Considerando que, de no tomar parte en las graves cuestiones sociales que hoy se agitan con relación a la educación, consumo, producción, cambio y derecho al trabajo, que tan poderoso influjo ejercen en los destinos de la mujer, sería preciso resignarse a ver como un bien el grave mal que va minando nuestra existencia, y por consiguiente, la de las generaciones venideras, cuya ponzoña nos veríamos obligadas a legarles.

Que sería un crimen de lesa humanidad seguir por más tiempo perniciosas máximas teológicas, preocupaciones anti-naturales, cuando tenemos un programa explícito de economía social en perfecta consonancia con la ciencia y con la naturaleza de la mujer.

Por estas razones y otras que pudiera emitir, recomiendo a mis hermanas J. Sánchez, de Palma de Mallorca; María Rodríguez y Fernández, de Madrid; Modesta Periu, de Zaragoza; Narcisa de Paz y Molín, de Granada, y a cuantas les sea simpático el movimiento obrero que hoy se efectúa en el seno de la Asociación Internacional de Trabajadores, sean o no obreras, nacionales o internacionales, se sirvan ponerse de acuerdo con la que suscribe respecto del sistema de propaganda que conviene adoptar, cada una en su respectiva localidad, para hacer salir de la indeferencia y miserable situación a nuestras hermanas, sin menoscabo y dentro siempre de la pureza de los principios colectivistas.
Dirigirse al Ateneo Catalán de la clase obrera, Mercaders, núm. 12, Barcelona.

Barcelona, 28 de Julio de 1870.- Salud y redención.- Elisa Huigon"

Agustín Gómez-Arcos

Agustín Gómez-Arcos

Tal vez no os diga nada este nombre. A mí tampoco hasta hace unos años cuando mi amigo José Gómez me habló de él. Era su tío. Y entonces recordé que había visto una reseña de su muerte en El País. José me dejó un libro suyo, Un pájaro quemado vivo, y un libro sobre él, Agustín Gómez Arcos: un hombre libre (Diputación de Almería, 1999). Con ellos conocí un excelente talento. He aquí una reseña de este escritor maldito pero imprescindible para recuperar nuestra cultura de postguerra (de M.J. López Díaz, El País, edición Andalucía, de 6 de octubre de 2004):

Bajo el título Momentos en la vida de Agustín Gómez Arcos el Ayuntamiento de Enix (Almería) ofrece una exposición que culmina una serie de actos en homenaje al escritor nacido en este pueblo y que se exilió a Francia en los años sesenta. Gómez Arcos (Enix, Almería, 1933-París, 1998) fue galardonado en dos ocasiones con el Premio Nacional de Teatro Lope de Vega, además de ser finalista cuatro veces del Premio Goncourt. La exposición recoge una serie de fotografías del escritor y documentos personales cedidos por su sobrino, Antonio Gómez Delfa. Entre los documentos aportados se refleja el respeto de quien fuera presidente de la República Francesa François Mitterrand hacia el autor español.
En su casa natal se lee desde el viernes una placa que reza: "En esta casa nació Agustín Gómez Arcos. Hombre libre". Fue un tributo más a su memoria, junto con la presentación de las bases del Premio Anual de Novela Agustín Gómez Arcos auspiciado por el Instituto de Estudios Almerienses y la calle que lleva su nombre. El profesor José Heras Sánchez, biógrafo del autor, ha sido el artífice de la "testimonial" exposición que podrá visitarse en octubre en la Casa Consistorial. Heras advierte de que para comprender la obra literaria del escritor hay que aceptar que su intención no es otra que la de "denunciar la dictadura y la represión social que atenazan las libertades individuales y sociales en el extenso período comprendido entre la rebelión del general Franco contra el poder de la República y su muerte en noviembre de 1975".
El exilio de Gómez Arcos motivó que casi toda su obra se editara en francés y que en España esté casi inédita la mayoría de su producción. Su reivindicación política y su crítica mordaz a la sociedad de la época le depararon varios desengaños hasta la marcha de su tierra natal. El primero de ellos sería en 1960, con la presentación al Primer Festival Nacional de Teatro Nuevo de su farsa Elecciones Generales. Pese a resultar ganadora, la censura le retiró el premio y no permitió su representación. Un año más tarde presentó su obra Diálogos de la herejía al Premio Lope de Vega. A pesar de que también resultó premiada, su concesión generó una fuerte polémica y a la postre quedó anulado.
"Día a día la amargura va minando su fortaleza hasta que decide el exilio. También contribuyeron la cicatería y el egoísmo de la élite del mundo del teatro y de la cultura oficial. Por esos años, en España y principalmente en Madrid, la escena se hallaba acaparada por un reducido grupo de escritores que cuentan con el beneplácito de las instituciones del régimen y con el aplauso de un gran sector del público", reflexiona Heras.
La suerte del almeriense cambió para siempre cuando, transcurridos ocho años de su exilio, directivos de la Editorial Stok le pidieron que escribiera una novela. "Aceptó y se marchó a Atenas, cuna del mejor teatro clásico, donde quedó enterrada la que había sido su gran pasión -el teatro-, para ver nacer al narrador cuyos relatos le darían, en breve tiempo, la fama que la dramaturgia le había negado", describe el profesor Heras.
L’agneau carnivore (El cordero carnívoro)
es el título con el que apareció su primera obra narrativa en 1974 publicada por Stok y que mereció el Premio Hermes. Su segunda novela, María República, aparece en 1976 y su autor resultó seleccionado para el Goncourt. La afirmación de su talento llegó al año siguiente, 1977, con la novela más traducida y premiada, Ana non. Con ella consigue nuevamente ser finalista del Goncourt. Confirma el éxito de esta novela el hecho de que en 1985 se habían vendido 300.000 ejemplares. Fue traducida a 16 idiomas.



En estos últimos tiempos, al menos a mí, cuando se habla de la memoria histórica, me asaltan dos sensaciones. Por un lado, hay un guirigay creciente de gentes dedicadas, a veces sin orden ni concierto, a la búsqueda de datos, al consumo de libros sobre la guerra; van y vienen, forman asociaciones, vienen y van, pero no acabo de ver claro a dónde va todo este esfuerzo. Quizá tenga su explicación en la otra sensación (bueno, más que sensación, certeza), de que todo esto, lo de las víctimas, lo del sufrimiento, lo del reconocimiento, a los poderes públicos, al menos a los aragoneses, les importa poco, si acaso si hay que salir en la foto. Con la que está cayendo, en otras comunidades hace tiempo que han empezado a trabajar en una misma dirección, véase el caso de Extremadura, donde Gobierno Regional, Diputaciones Provinciales y Universidad firmaron un acuerdo para trabajar en la recuperación de la memoria histórica; en Andalucía, el proyecto todoslosnombres, va, según  sabemos, razonablemente bien, gracias a la colaboración de expertos, universitarios o no, Gobierno Regional y CGT. Este proyecto tiene asesores de lujo como Josep Fontana o Julián Casanova. Y mientras tanto, aquí ¿qué? Mucho ruido. Quizá lo más trabado, pero veremos en qué dirección, sea el programa de Monegros. El Gobierno, con su "Amarga Memoria" (que, por cierto, fue un programa que propuse yo y en lo que conozco no se parece en nada a aquel que razonadamente expuse), IU y PCE, con CCOO y Fundación de Investigaciones Marxistas, fundado una Asocación por la Memoria Histórica; la Fundación Bernardo Aladrén con lo suyo; la Asociación Pozos de Caudé y los del "frente de Teruel", también a lo suyo... Y, mientras tanto, los reales, los familiares, vagando y mendigando noticias que a veces es imposible adquirir, precisamente por falta de un lugar común, liderado y financiado por el poder público. Aunque si nos hace tanto caso como a la proposición que hizo la Fundación Bernardo Aladrén en las Cortes Aragonesas hace casi dos años en favor de los represaliados por la guerra civil y el franquismo, que no han sabido, o querido hacer un pronunciamiento, aunque fuera muy neutro. Intereses ¿políticos? siempre por encima de la voluntad de los ciudadanos. Componendas para no ofender a la caverna que, por otra parte, cuando quiere, vuelve a intentar el comienzo de los sacrificios ¡Cuándo aprenderemos! Eso nos pasa por no controlar, desde las organizaciones, a quienes nos van a representar ¿o si controlan algunos? Todo es muy inquietante y nuestro plus de fe decrece peligrosamente. Y no digamos la de los ciudadanos de a pie. La derecha trabaja, nosotros soñamos con no molestarla. La derecha miente públicamente y sin ningún rubor sobre todo tipo de asuntos importantes para la vida colectiva y nosotros desmovilizamos nuestra capacidad de reacción no fuera a ser que nos pasáramos y algún pez gordo se sintiera ofendido por nuestras apreciaciones. Cómo recuerdo aquélla reunión del Club Naútico de la intelligentsia (?) zaragozana y aragonesa para dar apoyo a estos sociatas que hoy ni tienen el detalle de convocarnos para darnos alguna explicación de sus proyectos o escuchar nuestras observaciones. Nada. Sólo tienen ojos para el amigo parista. Ya vendrán otra vez y les daremos lo que merecen: ¡butifarra!