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Montborg. Bitácora, weblog o blog de Herminio Lafoz Rabaza

La memoria

La memoria

Estos días recorre la red un rumor. Y también la prensa se ha hecho eco de él. Parece que el gobierno ralentiza la elaboración del proyecto de Ley de la Memoria para, se dice que ha dicho la vicepresidenta de la Vega, incluir también a los del otro bando, "para restañar heridas". Como el tema estremece de oirlo, yo no digo nada más (al menos de momento), pero transcribo una carta de una militante socialista, Belén Meneses, al presidente Rodriguez Zapatero, al compañero José Luis, con la que me siento plenamente identificado:

"Permíteme dirigirme a ti, no en tu calidad de presidente del Gobierno de España, sino como compañero de partido con quien comparto un sentimiento de lealtad y justicia hacia todos aquellos que dieron su vida por la causa republicana. Estoy convencida, que las palabras que pronunciaste el pasado mes de mayo acompañando a los españoles supervivientes del campo de concentración de Mauthausen, eran palabras sinceras pronunciadas por quien conoce bien lo que significa vivir con el peso de la ausencia de un ser querido causada por la barbarie humana. Recibid “mi homenaje, mi reconocimiento y entrega a vuestra causa”, proclamaste ante los excombatientes republicanos.
Por esa entrega a la causa republicana y ese reconocimiento a los principios que la inspiran, y porque por primera vez un gobierno democrático se ha comprometido a rescatar la memoria de los grandes olvidados de la Guerra Civil y la represión franquista, me ha desconcertado la alarmante noticia divulgada por diversos medios de comunicación, haciendo referencia al supuesto freno de la Comisión de la Memoria por parte de la vicepresidenta Mª Teresa Fernández de la Vega; me ha parecido, cuanto menos inquietante, no tanto por la ralentización del proceso como por la justificación que supuestamente (hasta que no se produzca una confirmación prefiero creer que estamos ante un supuesto) habría motivado esta decisión del Gobierno. Según la información aparecida en la prensa, el Gobierno socialista pretende acometer “un proyecto ambicioso que contente a los dos bandos y no sirva para reabrir heridas, sino para cicatrizarlas", cuando el propósito inicial, según las propias palabras de la vicepresidenta, era "reparar la dignidad y restituir la memoria de aquellas personas que fueron represaliadas por defender unos valores que hoy disfrutamos como sociedad democrática". No se trataba pues, y así lo entendimos quienes celebramos sinceramente esta iniciativa, de satisfacer o contentar a todo el mundo.
Francamente, no concibo cuanto más podemos hacer por “contentar” a quienes durante cuarenta años han sido homenajeados, indemnizados glorificados y elevados a la categoría de héroes. Los muertos del bando vencedor fueron localizados allá donde estuvieran sus cuerpos, repatriados sus restos a cargo del Estado si era preciso y sepultados por sus familias conforme a sus creencias religiosas. Del otro lado quedaron los fusilamientos indiscriminados, las persecuciones, las torturas, los abusos y las humillaciones como preámbulo a la depuración política que había de durar hasta los últimos días de vida del dictador. No alcanzo a comprender que más compensaciones podemos ofrecer a quienes han obtenido por parte del Estado reconocimientos, ayudas y atenciones. ¿Tal vez renunciar a la verdad y a la justicia para quienes siguen siendo considerados los derrotados del glorioso alzamiento nacional? Creo sinceramente que cuantas renuncias podían hacerse por parte de quienes perdieron la guerra, se han hecho ya con creces.
Entre la generosas concesiones que protagonizaron los desafectos al régimen franquista (como gustaba llamar el dictador a todos los que se opusieron a su sistema totalitario fundamentado en el terror) con el fin de favorecer una transición pacífica, cabe destacar la renuncia a realizar un proceso judicial al franquismo, pero el hecho de no emprender acciones judiciales contra quienes persiguieron, torturaron y asesinaron no significa renunciar a la justicia, y justicia, según la definición de nuestro diccionario, es “dar y reconocer a cada uno lo que le corresponde”, que nada tiene que ver con dar a todo el mundo lo mismo, lo merezcan o no. Sabes bien que no todas las causas son igual de nobles y no siempre la victoria está del lado de la razón. Ni todos son víctimas, ni todos verdugos.

Para equiparar a los dos bandos y unificar las atrocidades de unos y otros, ya tenemos a los farsantes revisionistas que se esfuerzan por reinventar la Historia a su conveniencia, justificando el golpe militar y minimizando los efectos de la Guerra Civil y la posterior dictadura. Si cometemos la injusticia de medir con el mismo rasero a quienes defendieron la legalidad constitucional vigente, con quienes pretendieron aniquilar los valores democráticos conquistados durante la República y a quienes lucharon por mantenerlos, estaremos institucionalizando estas posiciones sectarias y dando la razón a quienes abogan por el olvido y la amnesia colectiva, frente a los que defendemos la necesidad de rescatar nuestra memoria y desenterrar del olvido la página más negra de nuestra reciente Historia. No podemos meter en el mismo saco a víctimas y verdugos; a los que sufrieron con los que causaron el sufrimiento; a quienes defendieron la legalidad con los que se sublevaron contra ella; a quienes impusieron sus ideas con las armas a quienes abogaron por el respeto a la voluntad popular.
Con motivo de la modificación del Código Civil para reconocer el derecho a contraer matrimonio a los homosexuales, declaraste en el Congreso que estábamos “construyendo un país más decente, porque una sociedad decente es aquella que no humilla a sus miembros”. Y yo te pregunto compañero, ¿cómo podemos construir una sociedad decente, sustentada en el abandono y la indiferencia hacia aquellos que colocaron los cimientos de un sistema democrático que hoy constituye nuestro modelo de convivencia? ¿Cómo puede llamarse decente un pueblo que mantiene los cuerpos de miles de sus ciudadanos enterrados en fosas comunes, pudriéndose olvidados en cunetas y caminos dispersados por toda nuestra geografía? ¿Cómo un Estado decente mantiene un descomunal monumento funerario, destinado a custodiar el cuerpo putrefacto de un dictador y a ensalzar la humanidad de su persona y justificar su política del terror y los crímenes perpetrados, monumento que para burla y escarnio fue construido por los presos políticos convertidos en esclavos? Y hablando de humillaciones, ¿No es humillante que quienes defendieron un Gobierno legítimamente establecido fueran juzgados como rebeldes por los que apoyaron un golpe de Estado, sin que después de siete décadas ningún gobierno democrático haya reconocido institucionalmente la dignidad y reparado moral, social y jurídicamente el honor de aquellos hombres y mujeres? ¿Acaso no es una humillación para las víctimas del franquismo tener que convivir con los nombres y las estampas de los asesinos de sus seres queridos, treinta años después de enterrado el dictador?
No voy a recordar anteriores etapas de gobiernos del PSOE, quizás en otro momento. Únicamente señalar, que muchos socialistas nos sentimos decepcionados ante la pasividad del partido que en cuatro legislaturas nunca encontró el momento de ocuparse de las victimas del franquismo, pero después de ocho años de gobierno del Partido Popular en los que nada esperábamos, y con un partido en el Gobierno que en los años de oposición se ha implicado activamente, a través de acciones y resoluciones, en promover la recuperación de nuestra memoria histórica, se han creado unas expectativas que no pueden ser defraudadas de nuevo. Es el momento que el Gobierno que presides tome la iniciativa y se imponga este deber de memoria y justicia, sin ceder ante la presión y las intimidaciones de la derecha y toda su organizada caterva mediática. Si claudicamos ante quienes proclaman sin rubor que la responsabilidad por lo ocurrido en nuestro país es igual para todos, estaremos inflingiendo una nueva derrota, más dolorosa si cabe, a quienes ya fueron sometidos por las armas y condenados a vivir durante varias generaciones con el estigma de la derrota a sus espaldas.
Dices que “la principal seña de identidad de la izquierda tiene que ser la valentía”, que “hay que gobernar con principios”, que no crees en el pragmatismo porque “el pragmatismo es siempre un recurso para esconderse ante las dificultades”. Pues bien compañero, en tu mano está que la memoria histórica continúe siendo la gran asignatura pendiente de nuestra democracia, o se convierta en un referente de responsabilidad política para las generaciones venideras. De ti depende que nuestros hijos aprendan que gobernar para todos es tomar partido por los que más lo necesitan, y de ninguna manera significa permanecer imparcial ante las injusticias. No podemos transmitirles el legado de que merecen el mismo trato quienes luchan por la libertad que quienes la combaten. Es sin duda una gran oportunidad para poner de manifiesto la firmeza de tus convicciones; para demostrar tu integridad y el valor de tu palabra. Es mucho más que un compromiso electoral, es una obligación moral con quienes se dejaron la vida por defender unos ideales que hoy compartimos y defendemos.
Entre aquellos ciudadanos a quienes desde el Gobierno ilegítimo se les arrebató la vida y la libertad, muchos fueron simpatizantes y militantes socialistas. Tengo la certeza que si de alguna manera consiguieran hacernos llegar su parecer, sus voces se fusionarían en un único grito, dirigido al sucesor de aquel comprometido tipógrafo que hace 125 años fundó un partido político para ayudar a los más débiles a protegerse de las injusticias: ¡compañero, no!"

(En la foto, miembros de un proyecto de rescate de la memoria histórica canaria, entrevistando a un informante)

Suma y sigue

Hace dos días, la ministrica del ramo hizo unas declaraciones de guinda. Venía a decir que los del Avempace habíamos politizado los problemas políticos (sic). Como en los viejos tiempos. La maldita política se mete en todos los asuntos y lo estropea todo. El discurso: las cosas marchan bien; del España va bien hemos pasado a España va superbien. Pues como decía, somo unos políticos de mierda que utilizamos a los alumnos para conseguir nuestros malvados fines que no son otros que estropear los bonitos visillos que han puesto nuestros sociopares en la Comunidad. Pobre ministrica, ella no hace política, la borda; tiene una Dirección General de Política Educativa que supongo que no hace ni política ni educativa, sólo es un error semántico. Por cierto ¿qué hace la Dirección General de Política Educativa?
Esta mañana, como tutor de 2º de Bachillerato, he hecho la presentación ante mi grupo, de ¡32 alumnos! La clase a rebosar y dos de ellos sin asiento. Y eso que ha faltado una alumna. Pues esto es lo que hay. Sortearemos los asientos para que se sienten todos al menos una vez por semana. Y eso que somos de letras y ya se sabe que la Historia, con que se empolle, pues ya basta. ¿Qué es eso de utilizar las "nuevas" tecnologías?¿Qué es eso de ver lo que trae internet?¿Qué es eso de hacer una Historia que sirva para comprender el entorno? ¿Para qué sirve eso? Con que se sepan de memoria la lista de los reyes godos y no se hable de la guerra civil ni del franquismo, va bien. Ya vendrá la selectividad. Que dimitan todos.

Cuánto cuesta la democracia

Cuánto cuesta la democracia

Y esto viene a cuento de nuestro glorioso comienzo en el Instituto. Desde hace muchos años, los que han ocupado la administración educativa, de todos los colores y pelajes, no han hecho nunca prospectiva ni previsiones. Algo que hacemos con nuestros alumnos de 3º de ESO, estudiar el crecimiento de las ciudades, los movimientos especulativos, las construcciones de viviendas, etc.no es capaz de hacerlo una administración con arquitectos, inspectores y demás. La Margen Izquierda de Zaragoza, hace años que crece por encima de cualquier otra zona. Y nuestro Instituto desde hace por lo menos 10 años ha sufrido la falta de previsión. Aulas demasiado llenas, deplazamiento de profesores y alumnos a otros edificios, ratios imposibles... nada. Siguen pensando que la calidad de la pública consiste en que guardemos a los niños, no importa que no haya bibliotecas, ni salas de ordenadores, ni desdobles, ni laboratorios. Como si desde los años 70 no hubiéramos dicho ni hecho nada. Como si todo lo que ha llovido no fuera más que un soplo para nuestro Director Provincial que ha debido habitar otro planeta (La prensa transcribe su decisión: "El uso de los espacios es el adecuado a las necesidades del centro", en el Heraldo de Aragón de 10 de septiembre)O sea, que para lo que enseñamos, ya está bien con lo que tenemos. O, ¿cómo se puede interpretar sus presuntas palabras? Los medios visuales han mostrado laboratorios desmantelados y fondos de pasillo convertidos en aulas ¿Es este el ideal sociata de este servidor público? Pues apañados vamos. Esto es una muestra más de la funesta manía de los gobernantes de mostrar altivez cuando alguien opina distinto a ellos o pide algo. Para estos, el poder debe ser sin fisuras ni debilidades con los administrados. Ya está muy visto esto. Desde la izquierda debemos ser implacables con estos desmanes. El haber sido blandos nos condujo en esta ciudad y en esta región, por lo menos, a la pérdida de credibilidad y a todo lo demás que vino. ¿Esto es lo que quiere de nosotros Marcelino?¿Hacer caso a la derecha, al sedicente Biel, y atizar a la izquierda?¿Sabe Marcelino que el Avempace es un centro en el que predominan las ideas progresistas en lo didáctico, en lo social y tal vez en lo político? Este trato no es nuevo pero yo ya me estoy hartando de este juego. Elegimos a unos ciudadanos, les damos nuestro poder soberano y nos ningunean cuando no nos atizan y nos hacen callar. ¡Ya basta! Quiero y solicito la dimisión del Director Provincial. Y de la Consejera (que en la entrevista de costumbre de comienzo de curso, nos toca la lira angelical. Y dice que lo que quiere es seguir siendo Consejera con Marcelino y con Biel...). Y que conste que sé que todo es cuestión de ineptos. Pero me cansa que la izquierda ponga siempre a ineptos en puestos clave. Vale.

SEPTIEMBRE

SEPTIEMBRE

Antes de empezar todo, es mejor sumergirse en las badinas de los poetas. Y he recordado en este septiembre pegajoso, caluroso, a una poeta turolense, Teresa Agustín, a la que conocí hace mucho tiempo y a la que hace también mucho que no veo. De su hermoso libro La tela que tiembla, editado por Olifante, unos poemas dedicados a septiembre:

Como la hora del alba, nadie sabe. Como un navegante
entre el agua del río y el agua del cielo, la casa vacía
tras el verano. Y cualquier sombra pinta un cuadro del pasado
en las paredes blancas. Es como si los fantasmas
no supiesen cómo vestirse. Es como si el aire,
todavía cálido, se abrigara con el frío. La casa vacía
tras el verano, como un navegante entre el agua del río
y el agua del cielo, la casa vacía tras el verano.

Esperar. Soy solo una mujer que espera un tren.

En septiembre, en esta estación
que cruza el tren donde mi único consuelo
es un café caliente.

En septiembre soy sólo una mujer
que espera y espera un tren.

He vuelto a Sciascia. Hace tiempo que leí Sin esperanza no pueden plantarse olivos, un hermoso libro en el que subrayé muchas cosas. Para este fi de semana me llevo la siguiente: "La cultura ha sido concebida siempre como un ornamento, como algo que no tiene nada que ver con las condiciones de vida. Para mí, por tanto, entrar en una clase en la que había cuarenta niños, entre los cuales al menos treinta tenían hambre, y tenerles que explicar historia, limitándome sin embargo a la primera guerra mundial, sin ir adelante porque se debía hablar solamente del pasado en términos retóricos, no sólo era algo que me parecía absurdo, sino también un poco infame. En la actualidad las lecciones de la escuela son muy distintas. En un cierto sentido puede decirse que la escuela ya no existe. Tal vez, no lo sé, en la provincia, en ciertos pueblos, la misma asume aún un valor, ello hablando siempre exhortativamente, porque veo que aquí vosotros, en Santo Stéfano, tenéis un instituto con un enfoque lingüístico y pedagógico ¿Y la agricultura? Es algo absurdo que no exista un instituto con una especialización agrícola. Por tanto la escuela es un poco como en mis tiempos, a fin de cuentas. Es un pequeño ornamento. Entonces es un poco absurdo que vosotros estéis aquí oyendo al maestro que os habla de lingüística, cuando a vuestro alrededor tenéis tantos problemas reales. El oficio de enseñar y también el oficio de aprender en estas condiciones sigue siendo absurdo".

El final del verano

Pues, después de dos meses largos, ya estamos aquí de nuevo. Sorpresas de todos los veranos: los muertos que se van despacio, sin hacer ruido cuando todos estamos en otra cosa (Sebas López); y otros muertos que no acaban de irse, el franquismo por doquier. Ya no contentos con hacer libelos con todo lo madrileño, se meten en los blogs como este. Me he encontrado citado en un períodiquillo facha porque en este blog hablo de la SER. Supongo que tienen un resorte que cuando se dice SER saltan ellos y lo invaden todo. Un arma efectiva. Pero, que no me busquen, porque me encontrarán. A ver si cuando escribo que Jiménez Losantos (por cierto, qué apellido ¿no?) es un fascista, les salta la campana y me sacan en todos sus panfletos. Porque, ¿a quién sirve de verdad? ¿A los escuadrones negros que están presentes en nuestra historia contemporánea?¿Qué oscuros beneficiarios están detrás de este histrión?¿Quién paga todo este potencial mediático en el que se desenvuelve? Porque no nos creeremos ahora que es un tipo que trabaja solo, un comunicador que actúa frente al poder sociata y polanquista. Un héroe de la libertad de prensa y de la otra. ¿Nos lo podemos creer? ¿Es suficiente el pago de algunas fruslerías de ese adalid de la libertad que es Dª Espe?¿No se merece algo más?

Las cosas de la Iglesia están tomando unas proporciones tan monumentales que sería necesario empezar a pensar que hay que pedir a nuestro gobierno que revise (y lo digo por lo suave) el Concordato vigente. No podemos permanecer impasibles ante la ofensiva eclesial contra la sociedad civil Hagamos una plataforma, busquemos firmas, movilicémonos. Además, como ocurrió, y sigue ocurriendo, con la historia, que la derecha cuestiona los avances científicos de los historiadores profesionales, creando una masa amorfa de refrito, mentira e ideología fascista que llena las librerías, hace con los principios "científicos" expuestos el otro día en el Senado por Aquilino Polaino: la derecha dice que criticar las barbaridades que dijo este sedicente científico es atacar la libertad de expresión. Es decir, la libertad sólo es para criticar los que ellos consideran rojo. Todo esto es muy peligroso. Y nosotros, cerca del verano. Nuestros talentos políticos de izquierdas, tomando el sol. Para pasar el finde, no hay nada mejor que la viñeta de El Roto.

Mariano Coronas es un maestro. Un gran tipo. Y un experto en libros y en lectura infantil. Su trabajo, como ocurre siempre, no es demasiado conocido ni valorado aquí, por quien debería. Aunque trabaja para otras administraciones, como la Navarra. Todo su caudal de experiencias, de muchos años, de muchos ámbitos, sigue inédita para nuestra administración educativa. Pero él sigue. Para contribuir, modestamente, claro, a su conocimiento y difusión, hoy lo pongo en esta página que debemos leer dos o tres. Pero qué buenos lectores. Pongo una foto no muy buena (no tenía otra) de Mariano en la faena, y una entrevista donde habla de libros. Salud, Mariano. (¡Ah!, para quien quiera saber más de él, su dirección de bitácora: http://gurrion.blogia.com)

Cuando hablando de Bibliotecas Escolares citamos a Mariano Coronas nos estamos refiriendo a una de las personas pioneras en este campo cuya trayectoria profesional es reconocida en todo el estado. Así que en esta ocasión el equipo de la revista no dudó en desplazarse a las bellas tierras oscenses para mantener con él la siguiente charla

Cuéntanos algo sobre tu biografía que pienses pueda ser de nuestro interés.

Nací en Labuerda, un pueblecito de la comarca de Sobrarbe, en la provincia de Huesca. Mis horizontes en la infancia fueron las montañas: las Tres Sorores (con Monte Perdido a la cabeza), la Peña Montañesa y otras de más baja altitud que rodean mi pueblo.

Nací en 1954, en la habitación de mis padres. Mi padre estaba trillando. Mi madre, como es evidente, metida en otras faenas.

Hasta los diez años fui a la escuela de Labuerda. De ella guardo un recuerdo relacionado con la lectura. Con el maestro, D. José María (que un sábado de octubre falleció de "muerte repentina" dejándonos bastante huérfanos) ayudábamos a leer a quienes tenían dificultades o a quienes estaban aprendiendo. Me preparé el ingreso a bachillerato en Escanilla (el pueblo de mi madre); pueblo al que me llevaron mis padres porque había una buena maestra y estábamos cinco niños y una niña en la escuela. Con once años cumplidos empecé el bachillerato en el recién inaugurado instituto de L´Aínsa. Todos los días cogía el "coche de los estudiantes" para bajar de Labuerda hasta L´Aínsa. El bachiller superior y magisterio los hice en la capital de la provincia, en Huesca.

En septiembre de 1974 tuve mi primer destino como maestro. Me hice cargo, como tutor, de una clase de 5º de EGB con 33 niñas y niños en el pueblo de Boltaña (comarca de Sobrarbe, también). Guardo un recuerdo especial de aquellas criaturas y de aquel curso. Yo tenía veinte años y los alumnos once. Fue la ocasión en la que, por edad, estuve más cerca de la de mis alumnos y alumnas...

Estuve medio año en Tamarite de Litera (al finalizar el servicio militar) y cuatro cursos consecutivos en Canovelles, provincia de Barcelona. La escuela de Canovelles fue un extraordinario centro de aprendizaje y el lugar donde otros compañeros y yo empezamos ya a trabajar con un perfil innovador que -cada cual en su actual destino- no hemos abandonado. Ya teníamos biblioteca escolar, aunque con otro concepto.

Actualmente ¿dónde trabajas?

El 1 de septiembre de 1981 comenzó en Fraga una etapa de mi vida en la que aún sigo.

¿Qué recuerdos guardas de tus primeras lecturas?

Mis recuerdos lectores se remontan, como flashes inconexos a mis primeros años. Tengo grabados en mi memoria tres o cuatro recuerdos que me gustaría compartir. El primero es el momento en que mi padre me acompaña hasta la tienda de mi pueblo a comprar la primera cartilla. Yo creo que era una tarde-noche de febrero o marzo. Él fue quien en casa comenzó a acercarme las letras y las palabras, pues quería que en mayo me incorporase a la escuela.
El segundo recuerdo (fechado varios años más tarde) tiene que ver con los libros que había en mi casa cuando era pequeño; una edición ilustrada del Quijote, un diccionario ilustrado de la lengua (con más de mil páginas), una gramática castellana y un libro de corte y confección con patrones desplegables... ¡Hombre, no era el mejor material para animar a la lectura, pero también ayudaron! Especialmente el diccionario, del que leía palabras y significados y contemplaba las ilustraciones pequeñas y en blanco y negro; también el Quijote con dibujos muy interesantes.
El tercer recuerdo, la llegada de mi madre en el coche de línea de alguno de los viajes a Barbastro (la ciudad más próxima a mi pueblo, a unos 60 kilómetros). Siempre compraba el TBO y con mis hermanas y hermano pugnaba para ser el primero en localizarlo entre los paquetes y ser el primero, por tanto, en leerlo.
El cuarto recuerdo viene con una cama y un buen número de ejemplares del TBO y de Hazañas Bélicas para hacer más soportable el tiempo necesario para curar unas anginas, un resfriado o alguna de mis "debilidades", fruto de mi crecimiento y de mi delgadez en los años de la adolescencia.

Tampoco he olvidado las largas tardes-noches de otoño y de invierno en las que nos reuníamos en la cocina de la casa, con buen fuego y con pequeñas faenas para ir haciendo: desgranar judías o maíz; quitar la cáscara a las nueces o a las almendras ("escoscar", decimos en aragonés)... Se trabajaba pero no se paraba de hablar: de este o de aquella; se contaban cuentos; se recordaba a personas populares o a familiares... Las palabras transmitían alegrías, tristeza, sorpresa, ilusión... La transmisión oral se ponía en marcha.

¿Cómo empezaste en "esto" de las bibliotecas escolares? ¿Cuál es tu situación actual?
Antes de interesarme por la biblioteca escolar, me interesó que hubiera biblioteca en mi pueblo. Con otro compañero animamos al ayuntamiento a solicitar una "agencia de lectura". Hace más de veinte años de eso y aún sigo siendo "bibliotecario voluntario" de la biblioteca municipal de Labuerda.
A mediados de la década de los ochenta, ya en Fraga, comienzo a trabajar con otras compañeras y compañeros en una incipiente biblioteca escolar que no se materializará hasta comienzos del curso 1987-1988, momento en que en un nuevo edificio construido para eliminar unos barracones que servían de aulas de clase, encontramos el espacio para ello.
La biblioteca se amuebla con estanterías viejas y mesas y sillas también viejas. Todo era viejo menos los libros, el recinto y la ilusión. Tras unos trabajos iniciales de registro, clasificación, amueblamiento, etc., el 14 de marzo de 1988, la biblioteca escolar abre por primera vez sus puertas.
Desde entonces funciona también un Seminario de Biblioteca y Literatura Infantil que agrupa a un número indeterminado de maestras y maestros cada curso escolar y que son quienes dan aliento, quienes insuflan algo de vida a la BE. Desde entonces las preocupaciones han sido básicamente las siguientes: que estuviese abierta todos los días, que pudiesen participar niñas y niños en su gestión, que todas las clases acudiesen semanalmente hasta ella, que cada año aumentase y actualizase algo sus fondos, que desde ella se organizasen todos los cursos una o dos actividades de animación cultural partiendo de los libros, que el alumnado (orientado por el profesorado) aprendiese a manejarse en ella con autonomía...
Somos un grupo muy animoso. Nunca hemos recibido ni un duro de subvenciones oficiales. La única entidad que ha premiado nuestros esfuerzos ha sido el A.P.A. del centro que ha puesto dinero para comprar libros o para comprar nuevas estanterías cuando, después de diez años de funcionamiento pudimos cambiar la biblioteca de lugar, ganando espacio e iluminación.

¿Qué futuro auguras a las bibliotecas escolares en la sociedad de la información?

Las bibliotecas escolares, en general, tienen mucho futuro porque han tenido un precario pasado y viven un azaroso presente. No obstante su futuro depende de que se tomen algunas decisiones políticas, que hasta el momento no se han tomado. Si no se crea una red de bibliotecas escolares en cada Comunidad Autónoma, dotadas de personal con horario para atenderlas y con dinero para actualizar fondos, seguiremos con lo mismo, con la incertidumbre de si funcionarán o no, dependiendo de que quien se ocupe de ellas tenga realmente ganas de dinamizarla, de hacerla funcionar y apechugue como hasta ahora con una dosis excesiva de vocación y voluntarismo. A mí hace tiempo que me sorprendió que una sociedad que mayoritariamente ha crecido con el libro a su lado haya abrazado con tanta fe los medios audiovisuales y dejado de lado al libro y a la lectura, ¡País!...
Hay un dato que quiero señalar: después de organizar adecuadamente una BE y de hacerla funcionar durante un buen montón de años, bastaría un trimestre de indiferencia, de cierre... para que la labor realizada se fuera a pique. Igual encontráis esta opinión algo pesimista, pero en este tema no estamos para celebraciones ni para lanzar las campanas al vuelo. Hay que ser perseverantes y no dar pasos hacia atrás. Es necesario consolidar cada logro para no tener que estar siempre comenzando, una de las tareas más inútiles que uno puede llegar a imaginar.

¿Porqué consideras importante el desarrollo de estas medidas de apoyo a las bibliotecas?¿ Qué repercusión puede tener en el centro?

Creo (aunque la fe en estos asuntos es muy quebradiza...) que aquellos centros que disponen de una buena biblioteca escolar (bien nutrida, abierta y utilizada) están en mejores condiciones para afrontar los desafíos educativos. La BE tiene sentido, por otra parte, cuando el profesorado es dinámico e innovador y entiende que el libro de texto es prescindible o que simplemente sirve para consultar algunas cosas. Para quienes no se despegan del libro de texto, la BE es un incordio porque se sienten obligados a ir hasta ella de vez en cuando pero no saben qué se puede hacer con los materiales que alberga y piensan que después de varios siglos de enseñanza tradicional, ¡qué falta hace bajar a la biblioteca escolar o ir a la biblioteca pública!

¿Cuáles consideras que son las funciones de la Biblioteca Escolar en el Centro Educativo?

Creo que las bibliotecas escolares deben posibilitar cuatro grandes bloques de acción en un centro educativo:
- Acceso a fuentes de información diversificadas.
- Animación a la lectura.
- Animación o estímulo a la escritura.
- Dinamización cultural del centro educativo y de la comunidad.
En los cuatro enunciados anteriores caben tantísimas posibilidades de trabajo innovador y creativo que eso sólo es ya un desafío muy sugerente para que quienes trabajamos en la enseñanza podamos caminar por senderos nuevos y dibujemos nuevas perspectivas.

¿Tienen algo que ver entonces las bibliotecas escolares con las familias?

Por otra parte la biblioteca escolar debe ser un espacio abierto al alumnado, al profesorado y a las familias. En ese sentido, lo adecuado sería que la utilizasen los tres estamentos nombrados con total naturalidad. De hecho, hasta que no llegue esa "total naturalidad" seguiremos hablando y hablando de biblioteca escolar, de animación lectora... lo que pondrá de manifiesto que la cuestión aún no está normalizada.

¿Cuáles son tus principales aficiones?

A mí me gusta leer y guardo todos los libros que caen en mis manos. Me cuesta mucho deshacerme de un libro y me duele su pérdida. También me gusta escribir y crear espacios donde otros escriban para que exista comunicación. Es por ello que desde hace muchos años estoy metido en pequeños proyectos relacionados con el mundo editorial en pequeño: EL GURRION (revista trimestral que dirijo), AULA LIBRE (revista del Movimiento de Renovación Pedagógica del mismo nombre, que coordino) y otros títulos que desde siempre he ido impulsando en el aula, en el colegio. Y hablando de mirar y de leer, me gusta caminar, pasear por el campo, por los montes para leer los paisajes, las huellas en el suelo del camino o del bosque. La interpretación, la lectura de la naturaleza te ofrece puntos de vista desconocidos y necesarios.

¿Qué echas de menos en este mundo de las bibliotecas escolares?

En el mundo de las bibliotecas escolares echo de menos varias cosas. En primer lugar, la falta de voluntad para ponerlas en funcionamiento o para consolidar aquellas que funcionan aceptablemente. En segundo lugar, una mayor voluntad de todo el profesorado por conocer sus potencialidades y estimular su uso entre el alumnado. También hay cosas que sobran, como la enorme hipocresía de algunos responsables de cultura o de educación que, reconociendo que las BE son imprescindibles para ofrecer una educación de calidad no mueven un dedo para conseguir que funcionen.

Dentro de la serie de profesores de Primaria y Secundaria que investigan, además de ejercer la docencia, me gustaría hoy reseñar a mi amigo y compañero Ángel Longás Miguel (Ejea de los Caballeros) que ejerce su docencia como catedrático de Filosofía en el IES Avempace, de Zaragoza. Además de haber ejercido siempre su docencia con decoro y con sentido progresista, en los últimos años ha cristalizado su faceta investigadora primero accediendo al doctorado y, posteriormente, publicando algunos libros y artículos fruto de muchos años de reflexiones. Acerca, precisamente, de sus reflexiones filosóficas en el ámbito escolar utilizando la técnica de los diarios, publica su libro Paisajes del alma, rincones del aula (Zaragoza, 2001); en El ojo femenino de la historia (Zaragoza, Cuadernos del Aula, 2001), reivindica la mirada de la mujer acerca de la guerra civil y la posguerra españolas. En Paseo literario. Antología de textos de autores aragoneses (Zaragoza, 2002) pone al alcance de los escolares la impronta del pensamiento multidireccional de lo aragonés. En El lenguaje de la diversidad (Zaragoza, PUZ, 2004) reflexiona sobre los hilos de la realidad (identidad y diversidad, igualdad y diferencia) que tejen la lingüística, irisan la naturaleza, disfrazan la cultura y colorean la afectividad. El último libro, El límite de la identidad (Zaragoza, 2005) complementa la reflexión iniciada en el anterior. Según resume en la contraportada: "Sólo hay conocimiento en la diversidad, porque ella nos permite tener identidad: es un bucle que selecciona y mezcla biología y antropología.
La identidad es el límite de nuestra conciencia que se sostiene con la incertidumbre de sus fragmentos. Aunque la memoria fije nuestra alma, aquella es el resultado de la acción del tiempo. Junto al modelo de la biodiversidad, debe construirse el de la humanodiversidad. O lo que es lo mismo, la conciencia son las teselas de nuestra historia que juega con el pensamiento fragmentario; con la asimetría de lo local y lo global; con la inversión del contrato social y su sustitución por un contrato natural; con la sombra del destino que es, a su vez, la frontera del mestizaje; con la tierra de nadie donde se unen y se separan el otro y yo, la diversidad y la identidad".

Por otra parte, ayer se presentó en la Biblioteca de Aragón el libro de Rosalía Sender Nos quitaron la miel (cuya portada aparece en la fotografía) Rosalía Sender Begué narra en primera persona sus vivencias como hija de exiliados españoles en Francia, las vicisitudes y la lucha por la supervivencia en medio de la epopeya que arrastró a miles de refugiados a un exilio que duraría décadas. Asimismo da cuenta de las raíces de un firme compromiso político, de su militancia comunista en los años de lucha clandestina, de su empeño insobornable por restituir las libertades, acabar con la dictadura y construir un estado democrático y plural. Son las memorias de una luchadora antifranquista, hija de los que perdieron la Guerra Civil. A través de este testimonio vivo del exilio en Francia conocemos en directo la experiencia traumática de la derrota y, a la vez, la determinación con la que algunos núcleos prosiguieron la lucha y emprendieron la reorganización de la resistencia. Accedemos así a una parte de nuestra historia que había quedado en la penumbra. Además de sus peripecias como activista, se narran también las experiencias personales de Rosalía Sender, su participación activa en la recuperación de la democracia al final del franquismo y durante la transición. Se refleja en estas páginas toda una vida militante en la que destaca, asimismo, una dedicación y amor incondicionales por el arte, las letras y la cultura.

El abuelo de Javier Cercas

El abuelo de Javier Cercas

He escuchado esta historia en la SER, donde están recogiendo relatos de la guerra civil en los que se muestre la ayuda de alguien de un bando para con alguien del otro. Precisamente este relato tiene como protagonista a un abuelo de Javier Cercas, quien ni siquiera conocía estos hechos. Me ha parecido curioso y aquí lo pongo. Quien se dirige a la SER para contar la historia es Delia, la nieta del protagonista de la historia: "Mi abuelo (el de la foto) se llamaba Antonio. Durante la República fue el alcade de un pueblo de Cáceres. Al comenzar la guerra un grupo de militares moros vinieron al pueblo y se llevaron con ellos a todos los hombres de izquierdas, entre ellos a mi abuelo, al frente de Talavera de la Reina. Requisaron sus animales para ir tras ellos transportando su armamento y bajo esa humillación estuvieron los tres años de la contienda. Una vez terminada la guerra, los que habían sobrevivido regresaban al pueblo caminando. Uno de ellos era mi abuelo, muy debilitado por su edad y las penurias que tuvo que vivir...
Cuando aún no había dejado la provincia de Toledo pasó un camión de nacionales paisanos suyos que se encaminaban hacia el pueblo, y le invitaron a subir. Eran tales las ganas que tenía de llegar a casa que subió al camión. Dentro, un grupo que iba celebrando la victoria, intentó obligarle a que saludara con las consignas franquistas, pero él se negó. Quisieron obligarle a beber con la intención de tirarlo ebrio por el puente al cruzar el río Tajo y así librarse de él. Por suerte una persona escuchó lo que tramaban e intercedió por él y les dijo que mientras él estuviera allí a ese hombre no se le tocaba ni un pelo, ya que lo habían recogido para llevarlo sano y salvo a su casa.

Ese hombre maravilloso que salvó la vida de mi abuelo se llamaba Paco Cercas, y siempre había tenido una buena relación con él con independencia de las ideas políticas de cada uno. Ese hombre era el abuelo paterno de Javier Cercas, el autor del aclamado libro “Soldados de Salamina”. Desconozco si él sabe esta historia o si le agradará que os la haya contado. Pensé que una persona de su sensibilidad gustaría de conocer que más allá de lo narrado en su magnífico libro, alguien cercano a él fue protagonista de una historia tan humana y de gran valor."

Lunes al sol

En general los lunes tienen de cara al mundo del trabajo mala prensa. Todo el mundo los odia. Hoy es lunes y no lo odio, pero está tremendemante pesado porque es el resultado, con un sol de justicia, de varias resacas, ninguna de ellas etílicas, por cierto. El viernes fui al homenaje a Carlos Alegre en su jubilación. Supongo que tenía que estar. Pero no pude evitar sentirme todo el rato nada más que espectador. Vi a mucha gente, saludé a diestro y siniestro. Por cierto, ningún político en activo para saludar a Carlos, solo algunos mensajes del Presidente de la Comunidad, de algún alto cargo... Mucho bullicio del mundo de la acción social, terreno en el que se ha movido, y muy bien, Carlos. No faltó el PSA, como un solo hombre, Marraco incluido; Tayo hizo un discurso político hermoso, político y ético, de los que ya no se oyen. ¡Cielos, cuánto talento desperdiciado! Es cierto que, como decía Mariano Berges, el tiempo de cada uno es cuando es y luego pasa. Pero todos sentíamos el regusto amargo de la manera del pasar. Un punto de sensación de injusticia histórica con Carlos, pero también con cada uno de nosotros. Porque su expulsión del mundo de la política, y la forma en que se hizo (algún día habrá que contarla), nos expulsó también un poco a nosotros. Es verdad que nosotros pasamos y hemos de aceptarlo. Pero ellos, los que lo echaron, los que convirtieron al socialismo aragonés en una ciénaga, siguen. Y los que no siguen ya, están con el riñón bien cubierto. Esto es lo que yo creo que sobrevolaba en la noche: una suerte de rabia colectiva. No quisiera pensar que resignación.
El sábado, a Vistabella.Comida colectiva amable, con los compañeros del Instituto y comedias. Las piezas de Paloma Pedrero ante un público interactivo.
Por lo demás, la manifestación contra los matrimonios (civiles) entre homosexuales puso de manifiesto una vez más que a la Iglesia el sexo le hace daño en los ijares. Buena imagen la de los mosenes, monjitas, pijas y dirigentes (ultra) derechistas, todos juntos. Niños y peinetas con mantilla, la España sempiterna. Fraga y cierra España. Las elecciones gallegas. ¿Por qué nadie dice que el dinero ha corrido abundantemente esta semana por Galicia para comprar, o recordar a quién pertenecen, las voluntades? Esto sigue siendo la Corte de los milagros. Si Valle levantara la cabeza...

Es la razón la que está contra las cuerdas

EL PAÍS, 17-06-2005

La manifestación que se celebrará mañana en Madrid ha sido convocada por diversos grupos conservadores y por el Partido Popular "en defensa de la familia", pero, sin duda, se trata de una confusión, porque lo que los convocantes defienden es, simplemente, su idea de matrimonio. "Familia" es un grupo de personas emparentadas entre sí, que viven juntas. Nada tiene que ver el sexo de cada una. Obviamente, los manifestantes del sábado no pretenden defender la idea de la familia, que no está en peligro. Lo que quieren es que se reserve en exclusiva la denominación de matrimonio a la unión entre un hombre y una mujer. Es decir, se trata de defender el matrimonio tradicional, el rito que se ha venido manteniendo de generación en generación.

Por mucho que lo intenten disfrazar con lemas travestidos, lo que los convocantes del sábado quieren es que homosexualidad y heterosexualidad no sean consideradas equivalentes. No quieren que las dos inclinaciones eróticas, y su práctica entre adultos, merezcan el mismo trato, ni que se las considere "iguales en estimación, valor y capacidad". Por eso exigen que la unión entre homosexuales no se denomine igual que la unión entre heterosexuales. Tan simple como eso.

No sorprende que la jerarquía de la Iglesia católica comparta esa idea, porque es habitual que dedique más atención a cuestiones relacionadas con la sexualidad que a cualquier otra faceta de la condición humana. Más extraño resulta que el PP, que había mantenido hasta ahora una posición más tolerante respecto a cuestiones carnales, haya decidido alterar una imagen laica duramente ganada en los últimos 25 años y compartir la presidencia de una manifestación con el cardenal Rouco. (¿Qué hará Rajoy si algún día llega al Gobierno y la Conferencia Episcopal le exige que cambie la ley? ¿Anulará los matrimonios ya realizados?).

Es curioso también que la jerarquía católica esté dispuesta a combatir la nueva ley en la calle. O el tema del matrimonio tradicional es más importante para la Iglesia que cualquier otro, o se va a romper una tradición eclesial de décadas y a partir de ahora será posible solicitar a los cardenales que participen en manifestaciones contra, por ejemplo, la violencia doméstica o la pena de muerte. ¿Con qué argumentos se podrían negar?

Bromas aparte, la manifestación del sábado es importante porque responde a la larga preocupación de la jerarquía de la Iglesia por el imperio de la razón, lo que algunos de sus dirigentes llaman el fundamentalismo de las luces que impregna la sociedad occidental y que las religiones consideran, cada día más, su principal adversario, incluso su enemigo.

"El problema", escribe el profesor norteamericano de Ciencia Política Stephen Bronner en su carta a Benedicto XVI, publicada en la revista Logos (www.logosjournal.com), "no es el enfrentamiento entre civilizaciones (cristianismo frente a islam), sino entre partidarios de un Estado secular y partidarios de imponer las convicciones religiosas a los no creyentes". Lo que el Papa exige en la mayoría de sus textos es "recomponer" un equilibrio entre la razón y la fe religiosa. Lo que no acepta Benedicto XVI, como no aceptan los imanes o el presidente Bush, es la distinción entre fe y conocimiento. La jerarquía eclesiástica, sea católica o protestante, o los defensores del islamismo se niegan a que sus creencias sean consideradas asunto subjetivo. Lo que inquieta a Benedicto XVI, como a cualquier creyente chií o a los fundamentalistas de Cheney, es la idea de la separación entre razón y creencia.

"Fe, mito y dogma están en el corazón de la servidumbre y del autoritarismo", escribe Bronner. "Crítica, ciencia y tolerancia encarnan la pequeña esperanza que le queda a los sin esperanza. Hoy no es la religión, sino la razón la que está contra las cuerdas" (¿Tendremos que aceptar Guantánamo como campo de prisioneros? ¿Admitir que la tortura está justificada cuando son los occidentales quienes la aplican? ¿Abdicar de la razón?). "En un mundo de desinformación organizada, venganza entre comunidades e ignorancia santurrona, quizás sería útil para todos nosotros recordar las angustiadas palabras de Thomas Mann: "¡Como si alguna vez hubiera habido demasiada inteligencia!". Soledad Gallego-Díaz"

El cielo gira

Ayer estuve viendo esta película tan excelente que viene avalada, además de por el boca a boca de los amigos, por un notable, ya, palmarés de premios internacionales. Pensaba yo mientras la veía qué era lo que aparentemente la hace tan atractiva al público que la estamos viendo y creo que la respuesta está en el pasado campesino de gran parte de la población y, los de determinada edad como la mía, nuestra infancia vivida en pueblos y aldeas semejantes a la que aparece en la película. Del mismo modo que se muestra de una manera muy pedagógica el sentido de la memoria histórica de los habitantes de Aldealseñor (la reflexión sobre los poblados celtíberos, sobre el palacio que, por cierto sirve de referencte tanto a cristianos como a árabes), y es que el pasado del que se reclaman se remonta a los romanos, porque los dinosarios vivían solos, nuestra memoria histórica son ellos, en el ahora y también en unas fotos de postguerra. Ellos, pues, somos nosotros. Y después de muchas vueltas, de muchos mundos conocidos, volvemos a la patria de la infancia para recordar que el mundo, en realidad, se reducía al que veíamos por la ventana, por el ventanuco de nuestras casas, y que era comprensible no solo por lo abarcable, sino porque estaba sometido a unas leyes, a las estaciones (se suele decir, los trabajos y los días). No sé como se definirá o en qué quedará la cosa, pero algo tendremos que hacer ante el hecho evidente de que somos una generación en busca de nuestro ventanuco. Somos una generación, creo que todas las generaciones han pasado por lo mismo y creo que las venideras también, que necesita explicarse la paleta de sus colores primigenios porque en algún recoveco, en alguna autopista, en algún tren, de su vida perdió la respuesta (quizá también la pregunta) y para recuperarla es preciso regresar al principio. Así lo siente Llamazares, en El cielo de Madrid,así lo sienten muchos de los que escriben, de los que fotografían, de los que pintan y de los que hacen música, cine... crean, en una palabra. Y así lo siente Mercedes Alvarez: "Yo tenía tres años el día que mi familia se marchó de Aldealseñor, a finales de los sesenta. Aunque yo y mis hermanos mayores nacimos allí -y mis padres, y los padres de mis padres- y aunque hoy puedo contar sin mezcla de olvido la vida de antepasados a los que nunca llegué a conocer, ese día de finales de los sesenta, en el fondo tan cercano, no puedo recordarlo; es como si no perteneciera a mi memoria. En los libros he leído que el pueblo tenía a principios de siglo cuatrocientos habitantes, luego trescientos, más tarde doscientos cincuenta... Hoy la comarca presenta más de cinco pueblos abandonados o en trance de desaparición. Y en toda la provincia de Soria se despuebla el paisaje y se arruina la memoria desde hace siglos en un proceso imparable, acelerado en las últimas décadas".
En resumen, una excelente película que a mí se me antojaba llena de blasillos forgianos, de forgendros, que con sus silencios (los del pastor que nunca ha bajado a la aldea y cuyo profunda tristeza, equivalente a su profunda soledad de siglos se reflejaba en una mirada) y su reflexiones subrayaban el dramatismo de una tierra inhóspita para vivirla pero tremendamente blanda y acogedora para dormir en ella el sueño del olvido.

¿Hay que trabajar más?

Cuando todos dan por fenecido el movimiento obrero, y las clases sociales, cuando la caída del muro de Berlín ha amansado y tranquilizado tantas conciencias dentro del propio movimiento y en la misma izquierda, es preciso decir que nada está acabado y que, con las adptaciones estratégicas y tácticas pertinentes, los intereses objetivos de los trabajadores siguen vigentes frente a las agresiones cada más rudas del capital. Y no olvidemos que en el siglo XIX, la clase obrera se "globalizó" (proletarios del mundo, uníos), a la vista de que el capital estaba implantado en todos los países con conexiones evidentes. Entre todo lo que hay que seguir debatiendo, está sin duda la propia organización del movieminto obrero en estos comienzos del siglo XXI. Y también está la discusión, muy querida desde el siglo XIX, sobre si hay que trabajar más, o si las sucesivas conquistas han permitido que la jornada laboral sea cada vez menor, en beneficio del ocio y de la vida de los trabajadores. Hoy, se justifica la vuelta a las 40 horas con la amenaza de la reducción de puestos de trabajo. Pues bien, ¿hay que trabajar más? Es lo que se pregunta Ramón Jaúregui Atondo, portavoz del PSOE en la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados, en esta artículo publicado en el diario El Pais de 27 de mayo de 2005. Lean, lean y opinen:

"En su reciente visita a la cúpula empresarial, el presidente del Gobierno tranquilizó a la CEOE: "No habrá semana de 35 horas, en España hay que trabajar más". Ignoro si el presidente se expresó así en una reunión privada, pero ése fue el titular de un periódico que me impulsó a escribir sobre un tema que me parece vital, y nunca mejor dicho, porque hablamos del tiempo de vivir.

Ha sido una constante de la historia que los avances tecnológicos producían una reducción progresiva de la jornada laboral. Cuando, a finales del siglo XVIII, apareció la máquina de vapor, que había desarrollado el ingeniero escocés James Watt, la jornada laboral bajó hasta las 80 horas semanales, unas 3.500 horas anuales, cerca de un 70% del tiempo total de una vida. Dos siglos después, a comienzos de los noventa del siglo XX, las horas anuales trabajadas se situaban entre las 1.600 y las 1.800 en Europa.

Pero no han sido sólo los avances tecnológicos los que han determinado esta reducción. La reivindicación sindical para reducir la jornada laboral y liberar así más tiempo para el descanso, la familia, el ocio, la cultura, la formación, es decir, para la vida, está en el corazón mismo de la lucha del movimiento obrero desde finales del siglo XIX. La vieja reivindicación obrera de una jornada laboral de ocho horas, para tener otras ocho de descanso y otras ocho de vida, se convirtió en una bandera social internacional a raíz de la represión policial de Chicago que conmemoramos todavía en la fiesta del Primero de Mayo.

De manera que la máquina de vapor, el motor eléctrico, el fordismo como técnica de producción, y otros muchísimos avances técnicos que a lo largo de estos dos últimos siglos hemos ido incorporando a nuestro acervo tecnológico, han permitido atender y hacer viable la demanda socio-laboral de una progresiva reducción de la jornada y de la vida laboral en general, hasta llegar a una cifra aproximada del 30% de trabajo a lo largo de la vida en la sociedad industrial de la segunda mitad del siglo XX.

Desde hace algo más de diez años, está teniendo lugar un importantísimo debate sobre la jornada laboral. La crisis económica del 93-94 produjo una destrucción enorme de empleo (en España, por ejemplo, 1,5 millones de empleos desaparecidos en menos de dos años) y un notable incremento del paro (superando el 10% en Europa y el 20% en España). En ese contexto, la reducción de la jornada fue vista como una fórmula de reducir el paro. Bajo el influjo de aquel viejo y bello eslogan "Trabajar menos para trabajar todos", muchos creímos que en la reducción general de la jornada se escondía una pócima maravillosa contra el paro. En aquellos años, siendo consejero de Trabajo del Gobierno vasco, puse en marcha un decreto con ocho medidas de esta naturaleza, cuyos resultados, debo reconocer, no fueron extraordinarios.

Pero esta filosofía la aplicó legal y masivamente Francia a los pocos años, cuando madame Aubry, ministra socialista del país vecino, puso en marcha la Ley de las 35 horas, en cumplimiento de una de las medidas estrella del programa electoral de la izquierda plural (socialistas, comunistas y verdes), que venció en las elecciones francesas de 1998. Los resultados de esta ley son objeto, todavía hoy, de una fuerte controversia. Su aplicación, sólo en las grandes empresas, ha producido una verdadera ingeniería social sobre la organización del trabajo y ha incorporado a las empresas a la cultura laboral de la jornada reducida (35 horas a la semana y 1.600 horas al año). Las cifras de creación de empleo neto son discutibles, porque muchos de los casi 500.000 nuevos empleos que los socialistas franceses atribuyen a la ley son cuestionados por otras fuentes y, en cualquier caso, la aplicación de la ley obligó a fuertes desembolsos públicos para compensar a las empresas. Pero el Gobierno de derechas de Francia anuló la medida, sin atreverse a derogar la ley, por el procedimiento de aumentar, de hecho, la jornada, autorizando las horas extra sin recargo económico.

¿Ha fracasado la experiencia francesa? Desde luego, su desarrollo ha sido literalmente yugulado. Ningún otro país parece decidido a iniciar una experiencia semejante y, por el contrario, la globalización está impulsando la prolongación y el aumento de las jornadas laborales. La reducción de jornada como fórmula de lucha contra el paro ha quedado fuera de juego, incapaz de ofrecer resultados si su implantación se propone aisladamente, en países o zonas concretas y si se hace sin tener en cuenta su repercusión en los costes de competitividad internacional. Dicho de otro modo, los teóricos franceses que han defendido esta fórmula -Guy Aznar, Alain Caillé, Robin, Roger Sue y otros- siempre han exigido que la reducción de jornada debía de ser masiva, generalizada y sin afectar a la competitividad, es decir, con reducciones de salario y fuertes compensaciones económicas al empleo creado. La reducción de jornada compensada sólo, en términos de costes, con los incrementos de productividad no genera empleo.

Pero esta clarificación no explica otra paradoja que estamos sufriendo. Efectivamente, contra el sentido histórico de los avances tecnológicos, la revolución científico-técnica de finales del siglo XX, la combinación de la microelectrónica, la informática, las telecomunicaciones y la biogenética, siendo, como es, la más importante revolución tecnológica de la humanidad y produciendo notables incrementos de productividad, no está reduciendo la jornada laboral, como ha ocurrido en otros momentos de la historia, sino que, por el contrario, unida a la globalización y a la competencia internacional, está generando un incremento general de la jornada laboral real en todo el mundo.

Armando Gaspar, dirigente de Daimler-Chrysler en España, declaraba recientemente: "La tendencia es volver a 40 o más horas de jornada". Los sindicatos españoles y alemanes negocian más jornada y más flexibilidad laboral, como contrapartida a las deslocalizaciones. The New York Times denunciaba que el sector tecnológico de Silicon Valley se ha convertido, de paraíso, en un infierno laboral. Muchas empresas compensan a sus empleados sus largas jornadas laborales con cafeterías, gimnasios y juegos de ocio en las oficinas, aunque los críticos creen que se trata de un engaño para trabajar más sin cobrar horas extra. No hay que irse tan lejos para comprobarlo. En miles de empresas españolas, auditoras, bancos, pequeñas empresas de servicios de las capitales, se trabajan 10 o 12 horas diarias con toda normalidad y a nadie se le ocurre reclamar su pago. Es más, curiosamente, la tecnología no nos libera, sino que nos esclaviza al trabajo. Más de la mitad de los empleados se quejan de que el teléfono no tiene horarios y que la dependencia laboral se prolonga al domicilio y a los fines de semana, con el ordenador, la agenda electrónica y el móvil como instrumentos o herramientas de trabajo permanente.Nuestra vida laboral empieza a parecerse a la imagen mitológica del dios Cronos / Saturno devorando a sus hijos, que tan acertadamente recogiera el genial Goya de su última época. A tan grave diagnóstico se llega si tenemos en cuenta el otro gran fenómeno social de los últimos años: la incorporación masiva de la mujer al empleo formal. Es decir, al empleo fuera del propio hogar, lo que provoca un desajuste social, cada vez más patente, entre familia y trabajo; entre educación de los niños y trabajo; entre trabajo y vida. Una vida estresante, fuertemente competitiva, invadida por las exigencias del mercado y de la competitividad y en las grandes capitales, agobiada además por trayectos cotidianos de ida y vuelta al trabajo de más de 60 minutos de media.

Una joven madrileña escribía recientemente una carta al director de EL PAÍS, bajo el título La jornada laboral de 35 horas no es rentable, y se quejaba de las condiciones de trabajo y de vida de la gente de su edad (25 a 40 años). "Diez o doce horas de trabajo diario y 50 a 55 semanales: llegar a casa, cenar, ver la tele una horita y a dormir. La mayoría preferiríamos tener más tiempo a tener más dinero".

En conclusión. La reducción de la jornada laboral no es una política de empleo, pero la prolongación de la jornada laboral es un contrasentido histórico y un gravísimo desajuste social. Dicho de otra manera, la expresión "hay que trabajar más" debemos aplicarla a que haya más trabajadores con empleo, es decir, a aumentar nuestra tasa de actividad. Pero, a comienzos del siglo XXI, no deberíamos trabajar más horas, sino menos, porque la productividad aumenta sin cesar y porque las familias y la organización social de nuestra convivencia reclaman más tiempo libre para lo que Ullrich Beck llama el "trabajo cívico". Es decir, la reducción de la jornada laboral como embrión de una reordenación de nuestra vida personal y familiar y de una nueva concepción de nuestra responsabilidad con la comunidad y con la sociedad en la que vivimos.

Nuestra civilización nos ofrece la oportunidad de ahorrar tiempo de trabajo, pero el mercado y su mano de hierro, ese enorme motor de la economía, sin alma y sin ojos, nos impone una jornada laboral mayor y una vida laboral compulsiva y absurda. Los efectos que estamos observando en la actualidad son conocidos: crisis familiar, aceleración en los ritmos de la vida laboral con sus derivadas psíquicas y fisiológicas, disolución de los lazos sociales básicos y vaciamiento social y cultural. Por eso las preguntas surgen con fuerza: ¿cómo avanzamos hacia la reducción del trabajo que nos permite la tecnología? ¿Cómo organizamos el tiempo de esta nueva sociedad?

Es aquí donde volvemos a la política. A la política con mayúsculas. A la política de la utopía. Ni el robot ni el chip tienen por qué condenarnos al paro, a la desigualdad o a la insania del tiempo acelerado y en fuga. Nos están dando los medios para reequilibrar necesidad y libertad, para crear una utopía concreta y cotidiana que nos permita recuperar el tiempo que vivimos".

Mentiras convincentes

JULIÁN CASANOVA

Julián Casanova es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza

La historia de la Guerra Civil y de la dictadura de Franco continúa persiguiendo nuestro presente. Durante las dos primeras décadas de la transición, desempolvar ese duro pasado fue tarea casi exclusiva de un variado grupo de historiadores que revelaron nuevas fuentes, discutieron sobre las diferentes formas de interpretarlo y abrieron el debate a la comparación con lo que había ocurrido en otras sociedades. Esas investigaciones, difundidas en círculos universitarios, en congresos científicos, libros y revistas especializadas, modificaron y enriquecieron sustancialmente el conocimiento de ese largo periodo de la historia contemporánea de España, pero sus tesis y conclusiones no llegaban a un público amplio y rara vez interesaban a los medios de comunicación.

Las versiones de los vencedores de la guerra quedaron desfasadas, desmontadas, entre otras razones, porque se sostenían muy mal, con sus principales apologetas ya muertos o en retirada. Si se exceptúa la historia militar, un terreno en el que los autores franquistas siempre se sintieron a gusto, casi todo lo que se sabía a mediados de los años noventa, sesenta años después del inicio de aquella contienda bélica, era fruto o bien del trabajo de hispanistas, sobre todo británicos y norteamericanos, los primeros en desafiar con métodos científicos los mitos de la Cruzada, o de una nueva generación de historiadores profesionales llegados a las universidades españolas al final de la dictadura y en los primeros años de la transición democrática. Aquí no hubo "guerra de historiadores", como en Alemania, porque las responsabilidades colectivas eran menores y menos internacionales, y la renovación historiográfica, con sus luces y sombras, conllevó el abandono casi unánime de las ideas que sustentaron el edificio propagandístico de la dictadura de Franco.

Todo eso empezó a cambiar desde la segunda mitad de los años noventa, cuando salieron a la luz hechos y datos novedosos y contundentes sobre las víctimas de la Guerra Civil y de la violencia franquista. Aparecieron, como consecuencia del descubrimiento de ese pasado oculto, dos nuevos fenómenos. Por un lado, una desconocida dimensión social del recuerdo, mal llamado casi siempre memoria histórica. Descendientes de esas decenas de miles de asesinados, sus nietos más que sus hijos, se preguntaron qué había pasado, por qué esa historia de muerte y humillación se había ocultado, quiénes habían sido los verdugos y, en aquellos casos donde las víctimas no habían sido identificadas o se habían dado por desaparecidas, querían además saber dónde estaban enterradas.

Pero el registro del desafuero cometido por los militares sublevados y por el franquismo hizo también reaccionar, por otro lado, a conocidos periodistas, propagandistas de la derecha y aficionados a la historia, que han retomado la vieja cantinela de la manipulación franquista: fue la izquierda la que con su violencia y odio provocó la Guerra Civil, y lo que hicieron la derecha y gente de bien, con el golpe militar de julio de 1936, fue responder al "terror frentepopulista". Todas las complejas y bien trabadas explicaciones de los historiadores profesionales quedan de esa forma reducidas a dos cuestiones: quién causó la guerra y quién mató más y con mayor alevosía. La propaganda sustituye de nuevo al análisis histórico. Es la sombra alargada del franquismo, otra forma de vengarse años después. No hay nada nuevo en esa propaganda neofranquista y de revisión, pero funciona, con sus habituales tópicos sobre octubre de 1934, el terror rojo, el anticlericalismo, Paracuellos, las Brigadas Internacionales, las checas y el dominio soviético.

Son varias y poderosas las armas que utiliza esa propaganda. Están, en primer lugar, los seudohistoriadores, los encargados de transmitir en un nuevo formato, con libros bien cocinados y preparados para la divulgación, las viejas tesis franquistas que ya sólo servían para uso de la ultraderecha y de los nostálgicos de la dictadura. Para crear un nuevo espacio para sus maniobras, necesitan declarar a los cuatro vientos que la historia que hemos hecho los historiadores profesionales en las dos últimas décadas es revanchista, falsa y está al servicio de intereses políticos de los partidos de izquierda. Son relatos basados en fuentes secundarias y desprecian datos y hechos que no se adaptan a sus tesis. Sus conclusiones, además, son presentadas como novedosas por el marketing agresivo de sus editores, de quienes les hacen la publicidad y de quienes les dedican las reseñas, donde suelen destacar su valentía para enfrentarse en solitario a la dictadura de los historiadores universitarios. Aparecen, por último, en el tercer nivel de esa estrategia propagandística, los periodistas y tertulianos de los medios de comunicación que jalean y aplauden sus libros y opiniones e insultan y calumnian al contrario.

La propaganda, las técnicas agresivas de mercado y el poder de sus medios no explican, sin embargo, por sí solos el enorme éxito de público y de ventas que han tenido algunos de esos libros sobre los orígenes, mitos y crímenes de la Guerra Civil, un éxito nunca alcanzado por los historiadores profesionales. Lo que prueba ese éxito es que quedan todavía en España muchas personas agradecidas a Franco y a su dictadura, por su posición social, por sus creencias religiosas o compromisos ideológicos, por sus vínculos familiares con las víctimas de la violencia revolucionaria, que obtuvieron enormes beneficios, materiales y espirituales, de ese largo dominio y que, por supuesto, nunca sufrieron persecución alguna. Se habían acomodado ya a la democracia, habían acomodado su memoria a los nuevos tiempos, y de repente, como si de una nueva conspiración judeo-masónica se tratara, unos cuantos libros de historia sobre la violencia militar y falangista bendecida por la Iglesia católica, algunos documentales y la búsqueda de fosas comunes con los restos de los asesinados por el franquismo les han recordado su pasado y a los verdugos, que en paz estaban. Por eso quieren leer y escuchar la otra historia, la que ellos siempre habían conocido: que Franco y su dictadura resultaron beneficiosos para España, porque la libraron de algo mucho peor, la tiranía roja, y porque, al fin y al cabo, después del castigo normal por aquella guerra provocada por los republicanos, lo que trajeron fue desarrollo, modernización, carreteras y pantanos.

Da igual que historiadores, economistas y sociólogos presenten sólidas y rigurosas pruebas de lo contrario, de que la Guerra Civil la provocó un violento golpe de Estado contra la República y de que esa guerra y la posterior dictadura fueron desastrosas para nuestra historia y para nuestra convivencia. No se trata, para esos nuevos propagandistas, de explicar la historia, sino de cómo enfrentar la memoria de los unos a la de los otros, dos diferentes pasados de nuevo, dos formas de razonar sobre él, recordando unas cosas y olvidando otras, sacando a pasear otra vez las verdades franquistas, que son, como los mejores especialistas sobre ese periodo han demostrado, grandes mentiras históricas.

La mayoría de los historiadores profesionales, que ofrecen contribuciones positivas y contrastadas a los debates sobre ese traumático pasado, que estimulan nuevas investigaciones y llevan sus enseñanzas a las aulas y a congresos científicos, no parecen interesados en gastar energías en la crítica a esas nuevas versiones franquistas de la historia, algo que ya se hizo con quienes las construyeron por primera vez: Joaquín Arrarás, Ramón Salas Larrazábal o Ricardo de la Cierva. Habrá que pensar en ello, no obstante, porque la mentira sin respuesta se convierte en una forma simple de manipulación. Y hay dos maneras de evitarlo: utilizar el trabajo de acreditados historiadores para combatir la propaganda y confiar en el estudio riguroso de la historia para comprender mejor el mundo humano. Aunque sigamos por un tiempo rodeados de mentiras convincentes.

*Fuente : El País, 14 de junio de 2005

Ha fallecido Jesús Moncada

Día de San Antonio. He leído la, como siempre, hermosa página de Víctor Juan. Vuelve a su infancia. Yo también vuelvo porque S. Antonio era el patrón de mi barrio, el Barrio Jesús. En mi infancia (años 60), el Barrio Jesús era no sé si el principio o el fin de la ciudad. Mi madre decía que iba a comprar a Zaragoza, pues había que atravesar un puente para llegar al Pilar. Y en este Barrio, la educación se circunscribía al Colegio Nacional Hilarión Gimeno, vulgo "Las Eléctricas", que regentaban D. Alfonso y Dª Elisa, con sus hijos (uno de ellos, Fernando, compañero mío de Maristas; luego estaba Ana...), que lo mismo enseñaban que criaban pollos; estaba también la escuela de la señorita Nati (mi primera escuela en Zaragoza), vulgo "cagones"; y, finalmente, el colegio de los Padres Franciscanos, al que también asistí. Allí hice de monaguillo (me pagaba el colegio) y de cantor del coro. Allí me subí a la hermosa higuera del huerto. Allí conocí la bodad de Fr. José, ese campesino de la huerta de Valencia. Y también al Padre José Nemry, que solamente años más tarde supe que era un fascista de Degrelle, refugiado en España. Mi barrio primigenio, la sala de espera para los emigrantes. Algunos no llegarían al salón de la ciudad, se quedaron varados en los "environes" y en los "alentours". El plano de mi memoria era una calle, la calle, con sus juegos de ciclo (cada estación, un tipo de juego), con sus despertares a la vida, al sexo, a la obediencia, a la libertad. Una calle de casas sindicales, baratas del régimen, en las que nos sabíamos quién vivía en cada número: en el uno, esos comunistas, se decía en voz baja, mi amigo Rafaelito; en el trece, los Abrain; en el quince, nosotros. Historias de emigración, de sonidos. Esta calle limitaba con el confín de la huerta zaragozana: campos y campos de cereal; frutales donde robar fruta bien verde (que viene el hombre y... todos a correr). Mi barrio donde el mundo era un agujero de guá, y las clases se organizaban según la habilidad de jugador. Los estamentos y los estratos se ordenaban por la habilidad subiendo árboles, jugando al burro, a las chapas. El más allá era entonces la Central lechera y sus montones de botellas rotas y ese olor dulzón de la leche pasada; el aún más allá era el Cuartel de la Guardia Civil (el que volaría años después). Allí íbamos a ver a los amigos de mis padres, a las civilas; allí veía yo en la televisión "Guillermo Tell" y "Rin tin tín", con el pequeño cabo Rosty. Desde allí un día crecí y descubrí que había aún un más allá cuando mis padres me mandaron al Colegio de los Hermanos Maristas, a San Vicente de Paúl. Otras voces, otras gentes. Cuatro veces pasar el puente de Hierro al día. Casi la adolescencia. Pero estaba recordando a San Antonio. Le brindo a Víctor este otro canto, si cabe más antiguo, que cantábamos entonces:

Si buscas milagros, mira.
El mar, sosiega su ira,
miembros y bienes perdidos
recobran mozos y ancianos.

El peligro se retira,
los pobres van remediados,
díganlo los socorridos
cuéntenlo los paduanos.

Algo así.

José María Maldonado

Siguiendo la serie prometida de profesores de secundaria investigadores, le toca el turno hoy a José María Maldonado, que es profesor de Geografía e Historia en el Instituto de Educación Secundaria "Bajo Aragón", de Alcañiz. Su campo de trabajo en estos momentos, los bombardeos de la guerra civil en Aragón. Escribió un estupendo, y sorprendente, libro titulado Alcañiz, 1938. El bombardeo olvidado. Habrá que estar atento a sus próximos trabajos que prometen clarificar gran parte de lo que hoy no sabemos de las acciones de la aviación italiana fascista sobre todo. Añado la entrevista que Aragón Digital publicaba con este profesor alcañizano sobre su libro, a raíz de su participación en la jornada sobre la Guerra Civil española que tuvo lugar en el Centro de Congresos y de Interpretación de Arte Rupestre de la localidad turolense de Ariño, el pasado 13 de noviembre de 2004.

Pregunta.- ¿Por qué no se ha sabido nada de lo ocurrido en Alcañiz aquel 3 de marzo de 1938 hasta hoy?
Respuesta.- Los alcañizanos sí que habíamos oído cosas, pero nunca nos lo habían contado realmente. Hay personas que lo comentaban a los de su alrededor, pero no llegó a la mayor parte de la población.


P.- ¿Qué razones tenían estas personas para ocultarlo?
R.- Cada uno tiene sus motivos, pero la mayoría de los que lo vivieron coinciden en que no querían que su familia supiese el dolor por el que habían pasado.


P.- ¿Por qué conocimos el bombardeo de Gernika y no el de Alcañiz?
R.- El de Gernika no se pudo silenciar porque había periodistas extranjeros en ese momento. En el caso de Alcañiz fue diferente, ya que a los 11 días entraron las fuerzas nacionales, vieron lo que había ocurrido y se dieron cuenta de que eran culpables. Como no querían que la gente supiese lo sucedido, mintieron diciendo que habían sido los rojos los que lo habían hecho.


P.- ¿Qué hace especial al bombardeo de Alcañiz?
R.- Se produjo entre el final de la batalla de Teruel y el inicio de la ofensiva en Aragón. En ese intermedio, la población de retaguardia estaba desprevenida, y no pudo protegerse del bombardeo a pesar de los 38 refugios que había en la ciudad. Las 50 bombas de 100 kilos cada una y 120 bombas de 50 kilos que lanzaron los aviones italianos tenían como misión destruir lo más posible la población y la moral de los alcañizanos.


P.- ¿Se conoce el número total de heridos y muertos que provocó el bombardeo?
R.- No, y nunca lo conoceremos porque carecemos de un registro oficial. Las cifras que dan los testigos son tremendamente altas, hablan de más de 500 personas y llegan hasta pasar del millar.


P.- ¿Saldrán a la luz nuevos episodios que tuvieron lugar durante la Guerra Civil en el Bajo Aragón?
R.- Sí, porque fueron muchos los pueblos de esta comarca que sufrieron las consecuencias de los bombardeos de la aviación rebelde a cargo de los aviones italianos y alemanes. Caspe, La Puebla de Híjar, Híjar, Ariño, Alcorisa o Calanda son algunos ejemplos. La mayor parte de estos ataques se produjo durante la ofensiva militar y, afortunadamente para la población, sus consecuencias fueron menores.


P.- ¿Es difícil conseguir información sobre la Guerra Civil española?
R.- Sí, hay que perder el tiempo y rascar en los archivos de historia, una tarea complicada porque la documentación de la época es escasa, tendenciosa o simplemente inexistente.


P.- ¿Hay que olvidar hechos como este bombardeo?
R.- No, yo soy de los partidarios de que todo se debe de saber, siempre y cuando se ciña a la verdad. No consiste en que ganen la guerra los que la perdieron, pero es necesario saber qué pasó.

P.- ¿Se incluirá el bombardeo de Alcañiz en los libros de texto?
R.- De momento creo que todavía no aparece, pero sí en los libros de historia. “España en llamas. La Guerra Civil desde el aire”, aparecido en octubre del año pasado, es un ejemplo. Está escrito por los catedráticos Josep María Solé y Joan Villarroya, y en él nombran lo sucedido en Alcañiz como uno de los seis grandes bombardeos de España durante la Guerra Civil española.

Cuando, después de pasar interminables horas mirando el papel blanco en espera de que te venga la inspiración, garrapateas dos frases y doblas el papel para meterlo en la botella que surcará mares y océanos hasta llegar a un destino arbitrario, es difícil volver a escribir de nuevo las frases (que pueden ser: ¡Arriba los pobres del mundo!¡En pie, famélica legión!) y que, enseñándolas a alguien, pueda entender sin más su sentido. Pues eso. Si yo escribiera ahora esto, habría quién preguntara: Pero, ¿quiénes son los pobres del mundo? Otro, sorprendido, diría: ¡Ah, pero ¿hay pobres?. Una tercera se preguntaría que para qué hay que desempolvar estos versos que son un arcano. El siglo XIX pasó y ahora estamos en el XXI. Los pobres lo son porque no han querido trabajar (esto se dice así ya desde el siglo XVIII) y no merece la pena que nos molestemos por ellos. Bolivia estalla de pobreza (y de riqueza) y a nosotros no se nos rompen las costuras que pulcramente cosió una multinacional. Las contradicciones del mundo no parecen despertar ni un pensamiento inteligente. Hay que seguir acumulando, hay que seguir atesorando,deprisa, deprisa, repartir entre cuantos menos, mejor. Expulsando a cuantos más, mejor. Inmigrantes, pobres, maricones, mujeres, niños, estudiantes. Solos, arios, limpios, católicos, ricos, españoles de bien. Pues no conteis conmigo. Cantaré. Yo, cantaré.

JESÚS INGLADA ATARÉS

Inicio una serie de comentarios, artículos y documentos que ponen de manifiesto la labor investigadora de profesores y profesoras de Institutos de Secundaria, preferentemente, aunque no únicamente, en Historia. El objetivo es poner de manifiesto la calidad del trabajo y la dedicación de una serie de profesionales con los que, a menudo, no cuenta la Academia. Su esfuerzo investigador queda muchas veces en el limbo, por mor, en el mejor de los casos, del desconocimiento. Estrena esta serie Jesús Inglada, profesor de Historia del IES Montes Negros de Grañén (Huesca), con el que he compartido en alguna ocasión cursos, presentaciones de libros y largas conversaciones. Este es el resumen de parte de su trabajo que publicaba hace unos días el Diario del Altoaragon, de Huesca:

"Jesús Inglada, profesor del IES Montes Negros de Grañén, comenzó en la primavera de 2001 a investigar sobre los deportados de Monegros, a raíz de su amistad con Mariano Constante. Sus minuciosas indagaciones le llevaron a conocer la decisión de Francia de conceder ayudas a los hijos de fallecidos en los campos nazis, a las que pueden acceder los descendientes de los 250 altoaragoneses que murieron en Mauthausen. “Se puede optar por un capital de 27.440 euros en una sola entrega o por una pensión mensual vitalicia de 457,35 euros”, explica Jesús Inglada, que está realizando una importante y desinteresada labor para informar a todos los beneficiarios.

Según comenta Inglada, los posibles beneficiarios deben presentar la documentación que se requiere en el Consulado de Francia en Barcelona, que es el encargado de cursar las ayudas. “En total, 7.000 españoles entraron en Mauthausen y sólo salieron con vida sobre 2.000”, subraya, y apostilla que “hubo prisioneros españoles en 15 de los 22 principales campos de exterminio”.

Jesús Inglada explica los motivos que han llevado a Francia a conceder estas ayudas. “En los años 60, la Alemania democrática se sintió en la obligación moral de resarcir a las viudas de las víctimas de los campos nazis, al igual que algunas empresas como BMW o Siemens, que se habían beneficiado de mano de obra de esos campos de concentración. Ahora es Francia la que se siente responsable subsidiaria de lo que hizo el Régimen de Vichy, con el mariscal Petain al frente del Gobierno”. Prosigue recordando, que “quinientos mil españoles fueron a campos de refugiados franceses, pero, a partir de la primavera de 1940, primero voluntariamente y luego a la fuerza, se incorporaron a las compañías de trabajadores extranjeros, una especie de servicio militar sin armas para trabajos de fortificación”. Otros muchos fueron empleados también como mano de obra agrícola".

El Cárabo

Hace dos días estuve en Antígona viendo libros y encontré un ejemplar de una revista mítica, El Cárabo, en la Transición. Era el nº 5 y recordé que yo tenía los cuatro primeros números, así que la adquirí. El Cárabo (subtitulada: Revista de Ciencias Sociales) forma parte de un conjunto de prensa política (y efímera) que se difundió profusamente en el postfranquismo. Nombres conocidos actualmente; por ejemplo, el Director periodista, era Joaquín Estefanía Moreira que hoy escribe en EL PAÍS. En cuanto a los artículos, el lenguaje de aquella época se destila ya en el Editorial: "Las elecciones [se refiere a las de 1977] están convocadas por los hombres del franquismo, por los gestores de su remodelación. La oligarquía se ve obligada a convocarlas, aceptando compartir, con otras facciones burguesas, su hasta ayer exclusivo control del poder porque el pueblo con su lucha ha hecho inviable la continuidad de las formas dictatoriales de gobierno. En este sentido, la existencia de elecciones es una victoria popular". Se dedica el primer artículo a las "Elecciones 1931-1977. Ruptura o pacto"; otro artículo de Enrique Bustamante, "Estructura de la propiedad de los medios de comunicación en España". Otros, "El capitalismo monopolista de Estado en la URSS" y "Nacionalidad, nación e imperialismo". En fin, este era el tono, que nos resultaba tan familiar a algunos. Es cierto que podía resultar un poco pestiño, pero nuestra formación ideológica (¿te acuerdas de cuando hablábamos de ideológíca?) Hoy ya no hablamos de ideas sino de ocurrencias. Hoy ya no existe El Cárabo, ni nada. El estado de nuestra capacidad dialéctica está al nivel de las gambas (con gabardina). La raíz de la madre de todas las derrotas está en el olvido de la poesía.

PD. Hoy ¡se discute! en nuestro ilustre y heroico ayuntamiento el hacer hijo adoptivo al arzobispo Yanes. Sólo se ha mostrado en desacuerdo la CHA. En fín. Cosas veredes, amigo Sancho. Aquí lo dejo y me tomo una cerveza con mi amigo Marxtínez.