CARLOS CASTILLA DEL PINO - 01/06/2005
Durante siete años recorrí pensiones de Madrid con un compañero de curso de la Facultad de Medicina de Madrid. Nos considerábamos íntimos. Después de muchos años, indirectamente supe que era hijo de uno de los fusilados por los falangistas en el monasterio de San Marcos en León... Muerto Franco, grabé una entrevista a Concha Castillo (que publiqué en el primer volumen de mi autobiografía, Pretérito imperfecto), testigo de la matanza que moros y falangistas llevaron a cabo en San Roque en 1936: el miedo a hablar la paralizaba; los hijos la incitaban a seguir hablando, advirtiéndole que hacia dos años que había muerto Franco, que estábamos ya en democracia, etc. El silencio de los vencidos se prolongó hasta después de la muerte del dictador. No había necesidad de decirles que callaran: lo estaban desde hacía más de cuarenta años. Tenía, pues, su lógica (una lógica personal) que permanecieran en silencio. Pero hubo muchos a los que hablar, además de doloroso, les parecía inútil, porque ¿era posible hacerles comprender a los demás lo que realmente sintieron? Tengo la convicción interna de que el suicidio de Primo Levi fue motivado (lo infiero de sus textos) por la imposibilidad de hallar palabras para la descripción del universo que le fue dado vivir.
Fueron tantos los años de la dictadura franquista que muchos de los silenciados han desaparecido sin que hayan tenido ocasión de decir. Pero no se puede decir por ellos. No es posible hablar por otro de lo que, por las razones que fuera, calló. Que cada cual diga lo suyo. La memoria es personal; no hay otra. Y lo perdido, perdido está.
Como metáfora (impropia, por lo demás) se dice que la historia es la memoria colectiva. No lo es; por eso no sustituye a la memoria en sentido estricto que, convertida en discurso oral o escrito, se denomina testimonio. Mientras el testimonio lo es de la vida de uno, y por lo tanto drama, la historia es crónica, necesariamente despersonalizada, de una sociedad y en una época determinada. El testimonio, pues, no suple a la historia. Y sin embargo, ésta precisa y se nutre de testimonios. Estas líneas mías son, pues, una invitación no a recordar -seguro que nada de cuanto habría que decir ha sido olvidado- sino a testimoniar. El testimonio es una manera de seguir viviendo. Uno no muere del todo mientras reside en el recuerdo de los demás. Sólo cuando estos han desaparecido y nadie nos recuerda, nos hemos muerto definitivamente. Dar testimonio como respuesta a aquel silencio forzoso es un requerimiento que en todo caso nace de uno mismo para sobrevivir en sus palabras; y es también una obligación moral, la de hacer saber a los demás lo que es el miedo, el dolor, el sufrimiento personal, que así pueden transferir a los que se fueron sin contarlo.
He tenido el privilegio de oír lo que algunos contaban de aquellos años, los veinte primeros de franquismo, cuando una mínima ruptura del silencio (una imprudencia) entrañaba el máximo riesgo.Y he visto, y no me tenía que ser contado, el miedo a que se oyera la más leve crítica del régimen, o que se supiera de una amistad peligrosa, incluso a que, no ya no con palabras, sino por una forma de mirar se sospechase "desafección al régimen" (ésta era la temida calificación). No sólo no se podía decir; había también que disimular cuando se oía.
Porque, ¿qué hacer si alguien criticaba al régimen? ¿Asentir? Era un riesgo temerario y gratuito. ¿Callar? Podía ser una manera oculta de asentir. Se podrá aducir, en contra del paisaje de terror que describo, que jamás hubo suficiente policía para conseguir el silencio generalizado de los vencidos. No era necesaria, porque en funciones lo fue buena parte de la sociedad civil, que podía obligar a callar, o marcaba haciendo saber dónde parece que éste está, y dejarlo así en el punto de mira. Es cierto que pasados los primeros veinticinco años el riesgo inmediato disminuyó, pero (los mayores se encargaban de advertirlo) "¿y si la situación volviera a ser la de antes?". España en silencio...
Toda dictadura hace silencios, distintos silencios. Desde luego el de los vencidos, al que me acabo de referir. Pero también el de los vencedores, de otra índole, pero inquietante y desde luego perturbador. Si son pocos los testimonios de vencidos, los de los vencedores, en tanto que tales, no existen. (Los recuerdos de éstos se refieren a la época en la que eran también vencidos: refugios en embajadas, ocultaciones, etc.). Pero ¿qué nos dicen de ellos como vencedores? Nada. El libro de Ronald Fraser (Recuérdalo tu, Recuérdalo a otros) es una prueba del contraste, ya en las postrimerías del franquismo, entre el discurso dramático del vencido y el mutismo del vencedor. Si el discurso de los vencidos es el del perseguido o encarcelado, o el del hijo o la esposa del ejecutado, ¿cuál es el de los que, como vencedores, persiguieron, encarcelaron o ejecutaron? Después de terminada la Guerra Civil, los franquistas podían seguir gritando "Franco, Franco, Franco" en los actos del régimen (el último, en la plaza de Oriente, unas semanas antes de la muerte del dictador). Pero con cualquiera de ellos, a solas, apenas logré hacerles hablar de qué hicieron en la retaguardia durante aquellos años de la Guerra Civil. ¿Por qué no hablar si podían hacerlo? ¿Qué tenían que callar? Tenían que guardar silencio. Ojalá hubieran podido borrar o cuando menos olvidar su pasado. Serrano Súñer lo intentó, inventándoselo; Ridruejo también, pero calló dolorosamente lo que pudo; Laín nos invitó a aceptar que él ignoró.Son sólo ejemplos que podría multiplicar. El franquismo, que no acabó con la memoria, hizo callar, desde luego, a los vencidos. Pero, aunque parezca paradójico, provocó, poco después de su victoria, el silencio (de otro carácter, claro está) de los vencedores. A ese silencio le llamo mutismo. (Un ejemplo de ello, sobre otro lado del problema, fue La Muralla,de Joaquín Calvo Sotelo, de 1954. Pero es interesante saber acerca de la repercusión social que por entonces tuvo). En Casa delOlivo he descrito con alguna amplitud este tipo de silencio que viví en la intimidad de la consulta en muy contadas ocasiones. ¿Por qué el mutismo? La calma en la retaguardia franquista fue absoluta. Tras las bandas de ejecutores estaban las de los que ordenaban ejecutar; más atrás, las de los que señalaban a los que deberían ser ejecutados; a espalda de ambos, los que asentían sobre las ejecuciones. En esta pirámide social invertida se asentó la paz que el franquismo otorgó a todos los españoles. Porque una actividad tan frenética como la que acabo de describir no es obra de unos pocos, ni siquiera de las autoridades de entonces: es tarea de muchos. El franquismo tuvo, además, buen cuidado en complicar (aunque algunos no lo necesitaran) a cuantos más mejor en esa tarea de pacificación, de la que algunos comenzaron a distanciarse. De esta forma quedaron moralmente tullidos muchos miles de personas, y aún hoy los supervivientes lo están, pero en secreto (hace poco me enteré de las actividades de una persona que durante años he tenido cerca de mí). Pasados los años en los que se hizo lo que había que hacer, sin reproche social ostensible, incluso más bien como mérito, emergió un malestar interior ante el que no cabía otra defensa que el mutismo y el deseo de que lo supieran los menos posibles, de olvidar todo ante la repugnancia del recuerdo. Un silencio activo, un "aquello ya pasó y mejor no hablar"; o esa forma de defensa que es la disolución de la culpa en el grupo ("todos hicimos lo mismo"); o la de la obediencia debida ("hicimos lo que nos mandaban"). Porque los vencedores, pasados los años en los que se podía decir en voz alta que lo que se había hecho tenía que hacerse,y utilizaron su victoria como prueba de que la razón estaba de su lado, iniciaron su íntima reconsideración. No todos hicieron, ni todos hicieron lo mismo. También en esa dramática tarea hubo una división social del trabajo. La tarea de los vencedores hasta lograr el silencio absoluto y prolongado de los vencidos fue de tal magnitud que resulta ridículo pensar que fuera labor de unos cuantos... Si hablo de ello ahora no es con ánimo de un tardío ajuste de cuentas, sino para señalar la imposibilidad de completar, en la conjunción vencedor/vencido, la del vencedor, hasta ahora poco conocida, saber qué fue lo que este último hizo, sintió y pensó como para que, años después, no quiera o no pueda reconocerse en ese sector de su pasado. Si el vencido temía al de fuera, el vencedor ha temido siempre al de dentro,a su memoria, y a la memoria que de ellos puedan guardar los demás.
*Fuente : La Vanguardia, 1 de junio de 2005
Marco Aurelio. Meditaciones
Considera con frecuencia la rapidez con la que seres y acontecimientos pasan y desaparecen. Como un río, la sustancia fluye eternamente, las fuerzas cambian perpetuamente, las causas se modifican de mil maneras. Casi nada es estable, y los abismos del pasado y del futuro en los que todo se desvanece están muy próximos ¡Qué loco el hombre que en semejante contexto se desvanece o se desespera o se apesadumbra, como si algo le hubiera causado una perturbación durante un tiempo considerable!
Hago lo que debo hacer. Lo demás, cosas sin vida, irracionales, extraviadas, ignorantes de su camino, no me inquietan.
(Esto está escito hace casi dosmil años)
El verano se convierte en un valle entre dos orillas, entre dos vidas. Es un paréntesis entre la pérdida de un yo, que a menudo hemos detestado y la esperanza de yo nuevo, de una vida nueva. El verano es un desierto de soledad que hay que atravesar para llegar al deseo.
El historiador
Nada mejor para acabar la semana y rumiar durante el finde, que un texto que señala la finura con la que debe trabajar el historiador, algo que hoy desgraciadamente está demasiado ausente de lo que se publica como historia. Es de Georges Soria, y está entresacado de una entrevista que le hizo María Ruipérez en Tiempo de Historia, nº 48, noviembre 1978, páginas 16-25:
"Porque creo que la tarea del historiador es procurar ser honesto intelectualemente; es decir, explicar lo que ocurrió de verdad, cómo ocurrió y por qué. Porque el papel del historiador no es solamente recoger hechos, sino proponer al lector una interpretación de estos hechos. De otra manera, no sé qué podría quedar en la cabeza del lector cuando lee los relatos de las operaciones militares durante la guerra civil, donde se celebra el heroísmo, la valentía o el miedo de los combatientes. Eso forma parte de todas las guerras o revoluciones, pero no es lo más característico ni lo más importante de este periodo de la historia, que como todos los periodos de la Historia tiene que ser analizado".
Carmen Serna
Hoy me he encontrado en el ICE a una alumna de mi primer taller de la Universidad de la Experiencia, Carmen Serna, una mujer llena de vitalidad. Le hacen justicia esos líneas que se ponen en las contraportadas de los libros, generalmente para destacar virtudes que no encontramos en el interior. Sin embargo es cierto que Carmen es una mujer "inquieta, curiosa, buena lectora, luchadora, trabajadora y tenaz". Además, "procupada por todos los temas sociales ha estado involucrada en varios movimientos ciudadanos". Forma parte de ese humus, casi siempre anónimo y olvidado por la Gran Cultura, necesario para que la sociedad funcione. Ha publicado varios libros de poemas: Memorias de Ceniza y Esperanza (colección Poemas, Zaragoza, 1983), Fuego y Ceniza (colección El Juglar y la Luna, Barcelona, en dos ediciones, de 1988 y 1991), Poema Inacabado (colección Aula de Poesía Astro, Córdoba, 1992), Desvelada (colección Devenir, Madrid, 1995), Recuerdos en la noche (colección Devenir, Madrid, en dos ediciones de1997), Destellos de sombra (colección Devenir, Madrid, 2000). Últimamente presentó en Benabarre una de sus últimas obras (Recuerdos en la noche), en edición bilingüe, castellano-catalán. Una mujer valiente. Y para muestra de sus valores literarios, veamos alguna muestra:
ASSETJAR
No assetgis ma tendresa.
Espera pacient que brolli en una llàgrima,
potser en la fredor del meu gest
on es refugia com en una cuirassa
tot el sofriment que ens oprimeix
(No acoses mi ternura.
Espera paciente que surja en una légrima,
tal vez en la dureza de mi gesto
en donde se refugia como una coraza
todo el sufrimiento que nos oprime)
ÉS EL MEU DESTÍ
Estimar-te és el meu destí
En els camíns, en l'anar i en el venir
s'anà teixint
la xarxa que ens uneix i ens envolta.
La màgia, els sentits,
sotgen el passat
que apressa el seu descans fins a l'oblit.
No ho sé, ni m'importa
si no sents la meva angoixa ni la meva trucada,
si sóc fosc record en la memòria,
llamp fugaç xocant
en les dures campanes de l'espant.
Nomes sé que estimar-te és el meu destí
(Amarte es mi destino.
En los caminos, en el ir y venir,
se fue tejiendo
la malla que nos une y nos envuelve.
La magia, los sentidos
acechan el pasado
que apresura su descanso hacia el olvido.
No lo sé, ni me importa,
si no oyes mi agonía y mi llamada,
si soy recuerdo oscuro en la memoria,
relámpago fugaz chocando
en las campanas duras del espanto.
Sólo sé que amarte es mi destino)
Carmen Serna Montalbo nació en La Puebla de Híjar el 15 de julio de 1924.
Es como una marea viscosa. He visitado Google para buscar datos sobre Largo Caballero, y me he encontrado con una inundación de literatura planfletaria y fascista. Desde multitud de sitios, blogs, y demás se lanzan insultos de lo más cuartelario contra Largo Caballero, los socialistas y demás compañeros de viaje. La verdad es que a mí todo esto no sólo me indigna sino que me preocupa. Todos, los responsables, los representantes de los partidos de izquierda, elegidos por dudosa democracia, mirando hacia un horizonte de ficción, amasando sus negocios y colaborando sin tapujos con un capitalismo salvaje; todos los mandamases del PSOE local y supralocal imaginando escenarios irreales, mientras la derecha más ramplona le canea los tobillos y la derecha negra anega sus bodegas. Y mientras, la izquierda sociológica, los militantes críticos son echados a patadas del gran festín. Me harto de esperar que la historia coloque a cada uno en su sitio, porque a lo peor ya no queda historia.
Jesús Moncada
Como estamos en viernes, y suelo dedicarlo a la literatura, hoy quiero recordar a Jesús Moncada, nuestro último Premio de las Letras Aragonesas. Yo supe de él cuando vino a nuestro Instituto a presentar su Camino de sirga. Leí el libro y me entusiasmó. Luego vinieron otros libros, que leí en castellano y en catalán. Aparte de sus valores literarios objetivos, por primera vez el catalán de la Franja llegaba a la mayoría de edad literaria. Ha sido un galardón, en mi opinión, muy merecido. Leámoslo. Además de su producción literaria, está el libro que el Gobierno de Aragón ha editado con motivo del Premio: "Cierzo y bochorno". Para hacer boca, transcribo aquí un fragmento del Epílogo de Camino de sirga : "Los párpados irritados, abotargados, se entreabrieron penosamente como dos heridas a medio cicatrizar; las rojizas claridades de la madrugada que encendían la atmósfera tibia y estadiza del dormitorio, tiñeron las pupilas. Carlota de Torres vio reflejada en el espejo la mesilla repleta de frascos de medicinas, la figura de Carmela, cubierta con un edredón, que dormía en una butaca al lado de la cama. Acabó de abrir los ojos legañosos, intentó disipar la niebla de su cerebro. Desde el día de su cumpleaños, a partir de la ardiente punzada en la cabeza, cuando el salón, las criadas, Graells, los preparativos del convite y el retrato de su padre comenzaron a girar de repente en un espantoso remolino que se oscureció hasta acabar en la negrura total, había sido incapaza de establecer fronteras entre días y noches en su mente, en medio de la cual flotaba siempre aquel punto negro. Lo descubrió al recuperarse del primer mareo; desde entonces lo tenía siempre delante como una simiente desconocida y horrible que contenía las oscuridad que la envolvía durante los desvanecimientos".
Los días 16 a 18 de mayo han tenido lugar en la Biblioteca de Aragón unas actividades para conmemorar el 60 aniversario de la liberación de Mauthausen, organizadas por las tres fundaciones: la Bernardo Aladrén, de la UGT; Sindicalismo y Cultura, de CCOO y la de Investigaciones Marxistas "Rey del Corral". Ha hablado Julián Casanova, de forma brillante en mi opinión, como el gran historiador que es, hemos visto el documental "Francisco Boix. Un fotógrafo en el infierno" y, hoy, se presentará el libro de Eduardo Pons Prades "El holocausto y el exterminio de los republicanos españoles. Estamos satisfechos de la asistencia, pero no podemos estarlo de la asistencia (más bien de su falta de) de nuestros compañeros, de nuestras bases sindicales. Un problema que lleva mucho tiempo ocurriendo pero al que no sabemos, o no queremos, poner remedio. Hacer cosas que llevan mucho esfuerzo para poca gente y que luego el máximo de gente ignora.
Casi solapada con estos actos, la presentación del libro Los años del silencio, de Carmen Angás, en el Centro Pignatelli, en olor de multitud. Muchos amigos y amigas presentes en la celebración de este alumbramiento. Muy hermosas las presentaciones de Carmen Magallón (a la que ví con una madurez física e intelectual muy notables) y de nuestra esforzada eurodiputada Inés Ayala Sender, que hizo un discurso lleno de sinceridad y de ternura. Saludé a amigos y amigas que suelo ver de vez en cuando y a otros que hacía años que no veía: Antonio Yáñez, Maruja Arrondo, Pilar Maldonado, etc. Un gozo que compartí con Antonina Rodrigo (que me regaló su biografía de Margarita Xirgú) que quiso estar presente también.
Y además, ayer tuve carta de Palmira Plá, en la que contesta a algunas preguntas que le hice algunos meses. Un día inolvidable.
Los acontecimientos de estos días nos permiten reflexionar sobre una de las cuestiones más interesantes de nuestra sociedad y sobre la que se ha tratado poco fuera del ámbito científico. Me estoy refiriendo a la impostura, a raiz del caso de este hombre, Enric Marco, que falsificó su estancia en Mauthausen. Y es que, ¿cuántos miles de españoles estuvimos en París en mayo del 68? ¿Cuántos no hemos falsificado un pasado lleno de cárceles para hacer carrera política? Y lo que es peor, ¿cuántos mostramos nuestra verdadero ser a quienes nos rodes? ¿Cuánta impostura hay en nuestra acciones, en nuestras conversaciones, en nuestro compromiso? La impostura nos permite cargar un drama sobre dramas ajenos y a veces redimirnos a través de la compasión. Dejo para otras consideraciones el daño que esta impostura ha causado al colectivo de los exconfinados en Mauthausen.
Estamos de resaca. La que nos ha dejado el debate sobre el estado de la Nación. Después de estos días de intensas palabras, dichas más para nosotros que para sus señorías, una sensación me embarga: estamos metidos en muchos problemas, y la derecha se descarría por el monte, según la costumbre. Espero que el aparato espabile, porque queda mucho por hacer. No podemos estar políticamente siempre a la sopa boba. Aunque la altura de nuestros políticos locales da más pánico aún que la derecha. Esperaremos acontecimientos.
Boris
Me han regalado un libro de José Antonio Rey de Corral, Balada ibérica, editado por el ayuntamiento de Zaragoza en 1999 y que yo no conocía. Recordaba que unos días antes de fallecer, lo habíamos llevado al instituto con Rosendo Tello y alguien más que ahora no recuerdo (tal vez el editor Joaquín Casanova). Yo luego me fui a presidir un tribunal a Madrid y a los pocos días de estar allí, mayo de 1995, me enteré de que José Antonio, "Boris" había muerto. Fue una pérdida intelectual y humana. Y hoy, ha perecido devorado por los aniversarios solo de las personas que tienen que ser recordadas. Un poema:
La cosa pública
Cuánto catorce en un sólo catorce.
Cuánto catorce ha habido en la existencia
César Vallejo
Entre todas las fechas de la Historia
no quiero recordar evento alguno,
sólo un catorce, abril del 31,
tan sólo ese catorce sea memoria.
Recordar su doliente moratoria,
nadie diga catorce inoportuno,
que entre tanto catorce no hay ninguno
que pueda celebrar tanto la gloria.
¿Oyen su número, su gran pregunta
a cuya punta adjunto esta postdata?
Abrileño y catorce pide asunto
y al catorce presente le pregunta
por qué siendo catorce nunca trata
de ser Catorce cierto y no presunto.
Palmira Plá
Que ya tiene 91 años. Su recuerdo y su ejemplo permanece en nosotros. Larga vida
Ayer asistí, no lo he hecho durante estos dos últimos años, a la clausura del Seminario de Historia Oral en el CPR 1 de Zaragoza que desde por lo menos 1997 hemos ido manteniendo. Han acabado un precioso trabajo en CD, que han titulado "Nos queda la palabra", sobre la Transición desde Aragón (1970-1982), y que llevarán al Congreso que se celebrará en Pamplona en el otoño. Otro de los trabajos desconocidos, realizados por enseñantes con modestia pero con gran efectividad social, y que sin embargo debería contar con apoyo institucional para que tenga significación en un futuro no demasiado lejano. Crear documentos para la historia, en este caso orales. Pero hoy, ¿a quién le interesa la historia?. Felicidades a todos los esforzados "seminaristas", y sobre todo a Mercedes Díaz-Plaza y Javier Vicente por su trabajo. Y el agradecimiento al CPR 1 y a nuestra coordinadora Mª Ángeles Méndez.
PD. ¿A quién se le ha ocurrido la brillante idea de dar el nombre a la condecoración máxima a la educación en Aragón de [San] José de Calasanz? ¿No hay otros referentes? ¿Y los Insticionalistas, republicanos, etc.? Hombre, y además quitarle el santo para disimular.
Como todos los viernes, lo que más me apetece para desengrasar la semana es la poesía. Traigo hoy un poema de un escritor sueco llamado Lars Huldén (de un libro colectivo titulado ¡Crea, creador!, editado en la colección "Papeles de Tarazona" por la Casa del Traductor para conmemorar el día 23 de abril, día de San Jorge y del Libro)
Me preguntan, no inesperadamente
por qué escribo.
Sé lo que debería contestar:
Escribo porque amo
a la humanidad y quiero
que mejore la situación de los hombres
y que puedan vivir juntos
en paz, libertad e igualdad.
Con mis poemas quiero en la medida
de mi escaso talento, contribuir a alcanzar
esa noble meta.
Pero contestar de esa manera
sería pura palabrería.
Escribir es hundir la mano
en tinta, en alquitrán o en tinta de imprenta
y estamparla en una pared
por amor a la impresión,
por el solo motivo de la impresión
de la mano.
Lo más negro que hay
donde hundir la mano
es la miseria del mundo.
Salvador Berlanga
Si hoy cumpliese con el rito de rememorar aniversarios, diría que hace 45 años que murió mi abuelo Martín Rabaza (por cierto, hoy mismo he visto un anuario de Aragón, Rioja y Navarra de 1931 y en Cantavieja aparece mi abuelo dentro del apartado de Comestibles); también hace 60 años de la liberación por los aliados del infierno de Mauthausen, donde estuvieron confinados miles de republicanos españoles, declarados apátridas por el Funeralísimo. Pero no es de aniversarios de lo que quiero hablar. Hoy me ha llamado Salvador Berlanga, al que hacía mucho tiempo que no oía. Salvador es uno de esos productos típicos del magisterio de mi generación, que creció huérfana de maestros pero con una gran capacidad de intuición para dedicarse a la educación. Salvador, además, ha ejercido siempre en el mundo rural y turolense (en Alcorisa), donde varias generaciones de niños y niñas ha tenido la suerte de pasar por sus manos. Siempre a la cabeza de la innovación (¡Dios, qué palabra!), estuvo desde el principio en el proyecto de los CRIET que, al amparo de la LOGSE, se montaron en la provincia de Teruel para paliar, aunque solo fuera temporalmente, el aislamiento de alumnos y profesores de escuelas que se estaban quedando pequeñas y que no tenían posibilidades de acceder a equipamientos de los que sólo era posible disponer en centros más grandes. Tras una veintena larga de años en los que han crecido generaciones de alumnos y, como es nuestro deporte nacional, sin evaluar sus resultados por la administración educativa, tan cortica de miras en Aragón en estos y otros terrenos, me dice que van a desaparecer. Pero Salvador no se amilana. Está haciendo su Tesis Doctoral y olisqueando en los entornos de Alcorisa para saber por dónde vienen los vientos. Seguro que encontrará un camino para continuar por otros derroteros, siempre con su optimismo histórico, que signifiquen, desde un punto de vista progresista, desarrollo económico y espiritual para su pueblo. Salud, compañero.
De cultura pequeña
A veces, muchas, pienso que solamente sabemos de cultura grande. Es decir, de cultura institucional que navega entre las representaciones históricas y los coros y danzas. Y además, con dinero público. Pues, además, hay una cultura pequeña, hecha desde las personas, los grupos, los colectivos. Y dentro de esta cultura pequeña, apenas sin que nadie, que no sea de su entorno, la valore, existe la labor del Teatro Avempace, salido de profesores, alumnos y personal no docente del IES Avempace, que lleva ya muchos años ofreciendo alimento cultural a su comunidad. No quiero hablar de los numerosos montajes que lleva poniendo en pie durante los últimos 20 años (entre otros, por ejemplo, Dios, de W. Allen; El establo de Augias, de Dürrenmatt), solamente de los tres últimos, que lo han sido para el programa Invitación a la Lectura, del Departamento de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón. Estos tres espectáculos se han hecho en presencia de los autores, de los "dramaturgos". El Gernika, de López Mozo, representado en plena guerra de Irak y por lo tanto acentuando su dramatismo; El delirio del amor hostil, de Francisco Nieva, una de las obras más importantes de los últimos tiempos, representada, con mucha gloria, pero sin que se percatasen las "autoridades", en el Teatro Principal de Zaragoza, en uno de los llenos más importantes de los últimos años (La Sra. Consejera de Eduacación, Cultura, etc., sin enterarse); Terror y miseria del primer franquismo, de Sanchis Sinesterra, que el Teatro Avempace representó por segunda vez (la primera representación la hicieron otro grupo de teatro de Institutos de Madrid. Mañana estrena ante Paloma Pedrero un espectáculo compuesto por tres piezas de esta autora; la primera es una adaptación del texto de Paloma Yo no quiero ir al cielo, donde se nos hace un recorrido por la vida y la obra y los "demonios" de la autora, y dos obritas pertenecientes a las Noches de amor efímero, obras en las que la autora "mira a la calle con ojos sabios y pinta el amor tierno y cruel". En fin, mucha mierda para Ana Pola, Teresa Callau, Lola Martínez, José Vitoria y Antonio Muñoz. Y también, el reconocimiento Pepe Berné, Enrique Cambra, Isabel Cólera, Rubén Enciso, Eusebio Rodriguez, Marisa Martínez, y sobre todo al director y alma del teatro, Simeón Martín Rubio (aclarar que la expresión ¡mucha mierda! en el mundo del teatro se refiere a mucha suerte). Dicho sea para cuando los dioses del Olimpo dejen de estrujarse las meninges para buscar el aquel de la cultura, que suele pasar casi siempre por mucho dinero encima y bajo la mesa, burocracia e incompetencia.
Ayer, como estaba anunciado, en el Centro de Formación "Arsenio Jimeno", sede de la Fundación "Bernardo Aladrén", presentamos el último libro, el número 4, que ya habíamos presentado en Teruel y Alcañiz (Se trata de 50 años del PSOE en Teruel. Escritos y comentados por unos de sus fundadores, de Pascual Noguera). Nuevamente vino Jorge Noguera, con su familia, a dar testimonio de la memoria de su padre. Pilar de la Vega, nuestra vicepresidenta, presentó el acto a falta de Jesús Membrado, que perdió el tren. Estuvo valiente, comentando la decepción que tenemos en la Fundación por no haber recibido respuesta de las Cortes a nuestra petición hecha en la Comisión de Peticiones y Derechos Humanos para restaurar la memoria de los represaliados por la guerra civil y el franquismo, nada menos que en diciembre de 2003. Hablé yo y cerró el acto el secretario general de la UGT, Julián Lóriz. Acto entrañable y minoritario, como es normal. Luego, un vino, la amable conversación, las presentaciones, los encargos (tengo uno para hablar el día 26 a los maestros jubilados)y el viaje a casa con Javier Gil, pasando por el Heraldo para ver a Antón Castro.
Hoy, además, me gustaría dejar dos frases, a modo de reflexión. Una es de Günter Grass, del Diario de un caracol : "Soy socialdemócrata, porque el socialismo sin democracia no me importa nada y porque una democracia que no es social no es democracia. Una frase tan reseca como inflexible. Nada para entusiasmar y tirar gorras al aire. Nada que agrande las pupilas. Por eso sólo espero éxitos parciales. No tengo nada mejor, aunque sé de cosas mejores y me gustaría tenerlas". Bueno, siempre el deseo de autojustificación. Pero la verdad es que ahora, a estas alturas, casi tiene otro componente, más sereno, más firme. Hay que detener la ruleta alguna vez.
Por otro lado, Eugenio de Andrade dice: "No soy un hombre de partido, me niego a pensar por cuaderno de encargos, como decía Pessoa. La izquierda a la que pertenezco rechazará siempre la iniquidad y todas las formas de represión: tendrá en cuenta las nuevas realidades, no sólo del hombre con el hombre, sino también del hombre con las cosas; redistribuirá con mano justa no sólo los bienes de la Tierra, sino también las verdades y los poderes. La izquierda a la que pertenezco sabrá que una de esas verdades es el cuerpo, que uno de esos poders es el deseo. Y nunca olvidará que el hombre tiene derecho al placer".
Bueno, buen material para rumiar estos días de pausa.
Rosendo Tello
Aún no he dicho que este blog se llama Montborg por Rosendo. De cuando compartimos un año inolvidable en Borja, en el Instituto, los dos de profesores. Allí, en algunas noches en casa de Pilar y Simeón, cuando aún me asomaba aterido a la vida, oí su voz, llena, rotunda, recitar sus poemas. Él pensó este nombre, Montborg, para hablar de Borja. Desde entonces me aficioné a leerle, aunque lo que más me guste es escucharle; esto me pasa frecuentemente, que me gusta escuchar, saborear los colores de la voz, los matices de la emoción, los silencios. Es un placer también encontrarnos perdidamente por los bares y cafeterías (así, al menos, fue la última vez) y reirnos, pues tiene una risa rotunda este hombre de Letux cuyo padre llevaba mi mismo apellido (Pedro Tello Lafoz). Y cuando no me lo encuentro pregunto por él a Tomás, que siempre tiene noticias de Rosendo. O escucho la grabación de alguno de sus poemas en la recopilación de versos que hizo Pepe Gastón de los poetas que frecuentaron el Niké. Ahora que las noticias que oigo en la escuchadera acerca de lo que de verdad no ocurre, no me interesan, quiero compartir con los que vean este blog a este poeta inmenso. Ahí va una muestra:
EPÍSTOLA A MIS AMIGOS
A pocos admiré. No se nos da en la vida
elegir los amigos, pues son como esas flores
silvestres que aparecen a destiempo
de lugar y estación. Yo no supe elegir,
pero si, en la medida de mis fidelidades,
acercarme a los fuertes, esos pocos que aún saben
que la sabiduría es fruto de unas horas
pasadas en olor de silencio o al rito
de un fuego en claridad, como se oye la música.
Una especialidad. Un arte que se aprende.
Y retenerlos siempre y reforzar los lazos
que ellos desanudaron desde su intimidad,
y hacer nuestros sus males y cadenas,
sin exigir a cambio otro don que la luz
bordada por sus frentes laboriosas.
También la inteligencia tiene su corazón
contra lo que parece, o la potencia anímica
que salva otras potencias más discordes.
Recuerdo algunos viajes que me hicieron feliz,
como aquel a las cuevas de Turquía
donde arrojé las piedras de todos mis demonios,
o aquel otro a Florencia y su plaza encantada
de estatuas florencientes, o aquella parusía
de unificados dobles, bajo el cielo de Río,
en pródiga taberna. Siempre será un milagro
saber que en esos cambios de amistad se afianza
un sentido común que aplaza otros sentidos.
Pero el viaje mejor y más profundo,
el viaje más arcano, el que nos reconcilia
con la vida y el mundo, lo he vivido en la casa
de unos pocos amigos, frente a la noche hermética.
A la luz de las lámparas.
(De su libro Confesiones en vísperas de domingo, editado por el IES José Manuel Blecua en 1996)
Entre las muchas notas y noticias de hoy, quiero destacar la reseña de un estudio que ha pasado hasta ahora desapercibido, pero que tiene visos de ser imprescindible para reconstruir la historia de la represión de los docentes españoles tras la guerra civil. Me refiero al estudio de Jaume Claret Miranda sobre la Universidad que fue presentado como tesis doctoral a comienzos de año y que se publicará en castellano con el título de El atroz desmoche, en recuerdo de la frase con que Dionisio Ridruejo definió lo que el franquismo había hecho con la clase intelectual y científica, en la editorial Crítica. Poco a poco vamos cerrando el círculo. No me extraña que no quieran que "abramos las heridas"
Y después del 23, viene el 25. Hoy hace 31 años que se escuchó aquella canción de José Afonso, Grandola, vila morena que era el preludio de una revolución que tanto nos cambió también a nosotros. Como en el París de 1968, varios cientos de millones de españoles estuvieron allí. Sin embargo, mientras las símbolos religiosos se recuerdan con fuerza, de las fechas revolucionarias, al cabo de pocos años, nadie se acuerda, no sea que comprometan las biografías recién alicatadas. Habría que estar escribiendo continuamente nuestras memorias para impedir a los impostores que sigan utilizando, que sigan apropiándose de estas pequeñas revoluciones.
Una vez más, la memoria. Ahora resultará, según se oye por la derecha, que la culpa de que los fascistas vuelvan a la calle la tienen todos aquellas que están abriendo "las heridas del pasado". Lo malo que no sólo lo piensan los de derechas.