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Montborg. Bitácora, weblog o blog de Herminio Lafoz Rabaza

EN LA UNIVERSIDAD (I)

EN LA UNIVERSIDAD (I)

Siguiendo mi buceo en mi pasado entre versos, lo próximo que me encuentro es un cuaderno-libro con tapas negras en donde no hay título. Sólo, en blanco, las firmas de los autores. Abriendo el cuaderno me encuentro con lo que debe ser el título HONDURA, los autores (Rafael Luyanda, José Luis Rodríguez y Herminio Lafoz) y la fecha: Zaragoza, 2 de abril de 1970. Recuerdo que hicimos una tirada en hojas a multicopista, encuadernadas posteriormente en tamaño cuartilla. Yo ocupo el centro del libro. Y lo único que merece la pena es este verso:

Mañana. No.

Hoy vendré

a tí, y moriré

en tus labios

como el cierzo

muere en las rendijas.

Y ya todo será

nieve blanca

en tus mejillas.

Mañana. No.

Hoy vendré

a tí y te amaré.

No sé de qué cuaderno de todos habla, pero quiero transcribir una carta de mi amigo Eduardo Pons Herbera, que fecha en Barcelona a 21 de julio de 1970.

Querido Herminio:

Tengo tu cuaderno aquí junto amí, cerca de un transistor que suena la canción más pachanguera, lo apago y estoy contigo:

¡Quién pudiera estar en tu mundo, cálido, extático (sic), si que una pasión te mueva el rostro!

Mira te quedan algunas cosas de colegial, como lo de preocuparte por los campos de Castilla o de donde sean, pero en este cuaderno se ve que tu poesía va siendo más intimista. Yo pienso que evolucionar es cosa de tiempo y que las influencias exteriores (gen. 98) está  muy bien siempre que no ahogue la verdadera personalidad.

Ante este trabajo de dos años todo el mundo debe quitarse el sombrero (el sombrero de la suficiencia, claro). Dices:

Estoy amando a bocanadas

con fiereza, con ausencia,

esperando que tras una esquina

te encuentre sola, desierta.

mas tu ya sabes que no amas así, tú estás siempre fuera de ese horno de pasión que yo bien conozco, estás en la habitación anterior de la panadería donde están los moldes para el pan, las obleas blancas y donde por las mañanas se refugian los niños que no pueden dormir y los viajeros que encuentran un lugar con la temperatura igual a la que debieron estar en el vientre de su madre.

Yo conozco lo acogedoras que son esas habitaciones a la madrugada, quizá llenas de nostalgia y melancolía.

Te encuentro en:

Tienes los ojos tristes

de tristeza llenos

etc.

Sí, yo también siento como tú esa tristeza esencial "la lejanía del océano". A veces he pensado que tú te conformabas con poco o que el mundo no te interesaba, tienes una forma bien de niño o de una perfecta madurez a la que yo no he llegado ni llegaré. Y terminas:

(No temo

la lejanía

del océano,

tengo tu palabra.)

Te has cenbtrado en ese amor que estabas dispuesto a ofrecer desde hace tiempo y por eso puedes pararte sensualmente ante la tristeza:

Se fue para siempre

cabalgando en un  suspiro

(Aquella tarde llovió

sobre la alameda)

Tus poemas están parados, maravillosamente extáticos (sic), para tus versos el tiempo no existe, están parados.

Si supieses la angustia del tiempo.

Ya ves, me dices que te diga lo que me parecen tus versos y lo digo a salto de mata, sin ningún  orden, ni concierto.

Me gusta ese poema que dice:

La lluvia arpegia en los cristales...

El final es bellísimo, una vez ví en la lectura algo parecido en la vida de R. Tagore y era el Poema del Rey y la Reina, o algo así

Que dice:

Mujer, abre la puerta,

soy tú misma.

Bueno, Herminio, ya ves que todavía existo por aquí y que si me descuido viviré todavía una porrada de años, no estudio, trabajo de mala gana, no escribo y me aburro, esa es mi vida.

Dale recuerdos a estrella de mi parte.

Vine aquí el domingo. Espero que me scribas tú y me cuentes lo que haces. Hoy es un día para mí francamente aburrido, no sabes lo que es saber que dentro de 5 horas (son las tres) tengo que ir a trabajar. Por fin lo de Loly se arregló y seguimos saliendo; sin ella me encuentro vacío.

Escríbeme y no seas gandul.

Un abrazo de tu amigo

Eduardo.

Recuerdo a Eduardo con mucha nitidez, aunque tengo casi la certeza de que ha desaparecido...

En la Universidad, pues, seguí mi actividad, ahora ya encarrilada con otros. Mis tardes en el Café de Levante, que empecé frecuentar cuando hacía 5º de Bachiller, estaban dedicadas a la poesía. Con un triste café (solo), podía estar horas leyendo, escribiendo y hablando. Es verdad, en los primeros años, cuando todo el mundo se incendiaba, yo permanecía como en un compartimento estanco, fuera del ruido.

Escribía en cuadernos pensamientos profundos como este: Mi vida es un caracol. Todo se reduce a una espiral maldita, a una cama mullida donde, cuando más cansado estoy, no puedo acostarme (17 noviembre de 1970). O este otro verso que tengo fechado en 26 de febrero de 1970:

Ayer por la tarde

me encontré con Dios.

No me preguntes.

No me preguntes.

 

Sólo sé que me miró.

 

Pero, como decía, conocí a otros poetas. Ya he hablado de Julián Jesús Casabón Gracia. De él guardo un dibujo, que puese en mi anterior comentario y un libro de Alberti. Tuvimos una buena amistad. Guardo de él un curioso librito colectivo titulado POEMAS y fechado en junio de 1971 (se tiraron 500 ejemplares en Gráficas Los Sitios). Comparte el libro con Federico Jiménez Losantos, Javier Delgado, Francisco José Boisset y María Luhísa Oliva. Otro libro, menos bonito, eso sí, lleva por título POESÍA UNIVERSITARIA, editado por el Departamento de Literatura de la Universidad. Lo prologa la entonces catedrática, María Pilar Palomo. Es de 1975. Y se trata de un libro que resume una serie de recitales que se hacían periódicamente en alguno de los cuales creo que participé recitando algunos versos (no recuerdo de quién. Tal vez de Adolfo Alonso). Sus nombres: Ramón Acín Fanlo, Adolfo Alonso, Luis Bazán Aguerri, Francisco Fernández Romeo, Angel Guinda Casales, Benedicto Lorenzo de Blancas, Carlos Lorenzo Lizalde, Bonifacio Martín Escurin, Héctor Martínez Ferrer, Francisco Ortega Suárez, María Pilar Pallarés Dukar, Jesús Rubio Jiménez, Joaquín Sánchez Vallés.

Bueno, por hoy, vale.

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2 comentarios

Anónimo -

Hola,
el Eduardo Pons que comentas, era de Zaragoza y vivió en Barcelona?
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Ramon -

Herminio, tocaste la guitarra acompañando a Adolfo Alonso mientras recitaba. Aún oigo los acordes y te veo.
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