
Pues nada mejor que algo de abuelo cebolleta. Aquí está el recuerdo-reflexión de Antonio Martínez. Creo que nos servirá para meditar un poco. No tendría nada más que decir.
Otro aniversario.
30 años de la desaparición física del dictador, y recalco lo de física, pues su larga sombra sigue campando entre nosotros. En los últimos meses, han sido varios los aniversarios: de la Revolución de Octubre, de Mauthausen, etc... que han concitado diversos actos que podríamos enmarcar en lo que se denomina la “recuperación de la memoria histórica” . Para quienes la perdieron, pues otros no hemos olvidado nunca. Otros importantes eventos se encuentran en ciernes: el de la sublevación de Jaca, el del inicio de la guerra civil, etc... En definitiva fechas de calendario que nos dan la excusa o la posibilidad de recordar hechos y dichos que no pudieron conmemorarse durante mucho tiempo, mientras año tras año, la autoridad competente, militar por supuesto, nos obligaba a celebrar, el 1º de Abril el Día de la Victoria, el 18 de Julio el Alzamiento Nacional, el 1º de Octubre el Día del Caudillo, y colaborando entusiasta, la autoridad eclesiástica, católica por supuesto, el 12 de Octubre la Virgen del Pilar y patrona de la Guardia Civil, Santiago Apóstol , la Inmaculada Concepción , la Semana Santa con sus procesiones, visita de monumentos y cierre de cines y establecimientos de diversión, el Corpus Christi , San José Obrero, Navidad y Reyes, etc... etc... año tras año fueras agnóstico, budista o mahometano, durante los cuarenta largos años de dictadura franquista , nacionalcatolicista. Pero querría volver al más inmediato. Al de la muerte de Franco: el día 20 de Noviembre de 1975 ,a las seis de la mañana, no sé si con viento de poniente como diría Trillo, mi suegro Octavio, delineante en la empresa Loscertales donde entró de tallista, al que le tocó combatir en las filas republicanas en el frente pirenaico y afiliado a la CNT de entonces, nos despertó sobresaltado con la noticia de la muerte del dictador que repetían por las emisoras de radio, en boletines que interrumpían la solemne música sacra que presagiaba el aviso . Llevábamos cerca de un mes durmiendo en casas y camas ajenas, de familia, de amigos, pues así se había establecido como norma de seguridad en nuestra organización política, el PCE, para evitar detenciones masivas que se preveían cuando falleciera el dictador. En mi caso, existía el precedente de que en diciembre de 1973, al día siguiente de saltar por los aires el presidente del Gobierno , Almirante Carrero Blanco, asesinado por ETA, un grupo de guardias civiles del cuartel del barrio de Santa Isabel, se personaron en la fábrica en la que trabajaba, Laguna de Rins, buscándome ,para nada bueno supuse, a pesar de lo ajeno de mi actividad y de la mi organización a ningún tipo de prácticas terroristas. No me encontraron. La noche anterior, el Comité Local del PCE tomó la decisión de que algunos de sus componentes, entre ellos yo, no nos presentáramos al trabajo el día posterior , por temor a algo parecido. Al oir la noticia del fallecimiento del dictador, después de un mes largo de agonía, la primera sensación fue de alivio, después de alegría por un acontecimiento que , a pesar de lo inexorable de la vida , siempre se veía como muy lejano, y por último de preocupación . Preocupación y un cierto miedo por lo que podía desencadenarse en esos días inmediatos. No hacía ni dos meses escasos que se había fusilado a cinco miembros de ETA y del GRAPO sin que las protestas internacionales hicieran modificar al régimen en su decisión. Llegó matando, y siguió haciéndolo hasta el final. Fue un día extraño. La gente recogida en sus casas. Las calles medio vacías. En toda España se agotaron las existencias de cava y de champán, pero las presumibles celebraciones se hacían en la intimidad, sin ruido, sin bullicio, algo en lo que ya éramos unos grandes expertos los españoles : el disimulo y el silencio.
Nos quedamos expectantes mientras la maquinaria de la dictadura seguía su curso, y dos días después, Rodríguez de Valcárcel hacía jurar en las Cortes franquistas al nuevo rey de España, Juan Carlos I, las Leyes Fundamentales del Reino y del Movimiento Nacional. Ese mismo día, los comunistas nos manifestábamos en toda España pidiendo la salida de los presos políticos de las cárceles. Cuando recuerdo aquel día, tan anhelado por varias generaciones, pienso en mi abuelo Angel, que enfermo ya terminal, no hacía más que repetir que lo que más sentía era morirse sin ver hacerlo antes a Franco. Lo mismo dijeron muchos otros en la misma situación. También pienso en que a pesar del alivio y la alegría, jamás le tuve odio a aquel siniestro personaje, ni a los que le apoyaron y nos amargaron la vida tantos años. Y me parece un gran triunfo, porque siento que he sido mejor persona que ellos. Y además, aunque en esto el mérito es sólo de la naturaleza, ¡le he sobrevivido ya, treinta años!.Antonio Martínez Valero
Noviembre 20, 2005
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Autor: Rafael del Barco Carreras
Fecha: 20/11/2007 10:59.
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