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ANTONIO MARSA BRAGADO

ANTONIO MARSA BRAGADO

Antonio Marsá Bragado (1877 - 12 de Octubre de 1965), estudió Derecho en Madrid y Barcelona, y realizó sus estudios de Doctorado de la mano de ilustres profesores como Fernández Prida Ureña, Azcárate y Francisco Giner de los Ríos. Su actividad política comienza colaborando con Francisco Pi y Margall en el Partido Federal y poco después con Nicolás Salmerón en Unión Republicana, donde defendía reformas políticas y sociales en aras de un espíritu innovador, liberal y democrático.

En 1905, siendo Concejal de Sanidad del Ayuntamiento de Barcelona, funda en Tarrasa la "Casa del Pueblo" más antigua de España.

En Barcelona con Layret, Marcelino Domingo y Luis Companys constituyen el Partido Republicano Catalán y su órgano, el diario La Lucha.

En 1926, con Alejandro Lerroux y un grupo importante de personajes de la época, fundan Alianza Republicana. Militante entusiasta del Partido Radical, intervino en todos los movimientos que preparaban el advenimiento de la República.

En 1933 y hasta el 25 de Mayo de 1934, Antonio Marsá ocupa el cargo de Fiscal General del Estado de la II República. En ese mismo año, se admite su dimisión de la fiscalía y se publica en la Gaceta su nombramiento como Consejero Permanente del Estado, responsabilidad que ocupará durante los tres años siguientes, hasta que el 21 de julio de 1936, tras el "Alzamiento Nacional", es destituido del cargo. Permanece entonces escondido en Barcelona junto a otros miembros de su familia, hasta finales de enero de 1939. En 1942, de nuevo en Madrid, es acusado de masonería y comunismo.

Antonio Marsá Bragado, como la mayoría de sus hermanos terminaría estableciéndose en Madrid capital, sintiéndose madrileño pese a ser hijo de catalanes y haber pasado en Cataluña su primera juventud. Contrae matrimonio en 1902 con Josefa Vancells Carreras, una joven perteneciente a la burguesía de Tarrasa.

La situación económica de la familia, sin preocupaciones pecuniarias, le facilitó su militancia política. Antonio fue el menor de ocho hermanos. Tras él aún nacería una niña. Su padre, constructor próspero con relaciones en la Administración, fue quién suministró la piedra para levantar la Biblioteca Nacional en Madrid o los puentes del tendido ferroviario Ferrol-Gijón.

Atraído por un entorno natural privilegiado y la proximidad del Puerto de Navacerrada, Antonio Marsá adquiere en Collado Mediano, junto a su hermano Miguel, unos terrenos de labranza a pocos minutos de la estación de ferrocarril. La finca, que con el paso de los años convirtieron en un pequeño vergel, sería muy frecuentada por los profesores y alumnos de la Institución Libre de Enseñanza con los que participaban en excursiones al puerto de Navacerrada, subiendo al puerto a pie y a caballo, ya que entonces no existía el funicular que años después facilitaría la ascensión.

Sus relaciones con la prestigiosa Institución Libre de Enseñanza que fundara D. Francisco Giner de los Ríos con otras personalidades comprometidas con la renovación educativa, cultural y social en España, hizo que, siempre que la política se lo permitía, interviniera cuidadosamente en la educación de sus hijos. Les instruyó en astronomía y geometría, llegando a escribir en las paredes de su cuarto, con grandes caracteres, el teorema de Pitágoras; les relataba la historia de Grecia y Roma de la que era gran experto y estudioso.

El hijo primogénito de Don Antonio, Graco Marsá, en posiciones políticas más progresistas que su padre, participó en su juventud en revueltas estudiantiles contrarias a la dictadura de Primo de Rivera, necesitando, en más de una ocasión, para salir de la cárcel, la ayuda de su profesor y amigo Don Manuel Bartolomé Cossío, quien pasó los tres últimos veranos de su vida, hasta su muerte en 1935, en la finca colindante con Fuenterroca.

Graco Marsá fue encargado, en diciembre de 1930, por un comité revolucionario en Madrid, junto a Casares Quiroga, de detener la sublevación de la guarnición de Jaca y advertir a Galán y García Hernández de que Madrid no se iba a sublevar. El contacto no pudo hacerse y los capitanes rebeldes fueron ejecutados. Graco Marsá, con ayuda de unos colaboradores, consiguió, a pesar del invierno, atravesar los Pirineos y refugiarse en París hasta el advenimiento de la República en abril de 1931. La sublevación militar del General Franco contra la República, el 18 de julio de 1936, sorprende a D. Antonio en su finca de Collado Mediano, donde, ese mismo mes, se reunirá con Azaña y Alberto Martín Artajo, entre otros políticos. Finalmente se desplazará a la Ciudad Condal donde permanecerá hasta el final de la contienda.

Terminada la guerra Antonio Marsá es desterrado a Pamplona durante tres años. Su hijo Graco condenado a 20 años de cárcel por socialista y masón, enfermo de tuberculosis muere en 1946. Marco, su segundo hijo que era funcionario, es desposeído.

D. Antonio Marsá, defensor del estado y la sociedad laica, que no quiso bautizar a sus hijos: Graco, Oritia, Marco, Plutarco, Marina, Héctor (que muere recién nacido), y Licinio; tras su destierro en Pamplona y la convivencia con los frailes franciscanos en los años grises de la posguerra, acabó haciendo votos de pobreza y volviendo a la senda del buen católico, convertido en terciario franciscano. A su regreso a Madrid, es hombre que todas las tardes reza el rosario en familia y limpia el pie del Niño Jesús de Medinaceli los primeros viernes de cada mes. Muere el 12 de octubre de 1965 habiendo enviudado y perdido años atrás a sus dos hijos mayores, Graco y Marco.

 

[Archivo Fuenterroca. Paseo María Cristina, s/n.
28450 Collado Mediano (Madrid)]

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