Manolo me dice que no escribo en el blog. Tiene razón, pero hay tanto dolor aún acumulado. No ha sido un buen comienzo de curso. Alfredo, el compañero Alfredo, el camarada Alfredo Matute, nos ha dejado. Brutalmente. No es fácil después de 20 años de cotidianeidad dejar que las cosas ocurran así. No nos han educado para aceptar la vida... ni la muerte. Siempre nos parece injusta. Y sin embargo, ahí está, cobrándose constantemente su tributo. Y luego queda la ausencia, el lugar vacío, las voces que ya no oiremos. Yo aún recuerdo su sonrisa, pero temo que poco a poco se me irá borrando, como su cara. Sólo en el pliegue más interno del alma, donde guardamos los años perdidos de la infancia, las fotografías de nuestros muertos más queridos descansan. En las tardes de lluvia, en las tardes melancólicas del otoño zaragocí, volver a pasar las yemas de los dedos por las superficies, hablar de ellos, recordarles, rememorarles, les harán prologar una vida de la que ahora carecen.
En fin, héme aquí de nuevo. Y desde hace días quería manifestar mi acuerdo con Antonio Skarmeta cuando se duele: "¿Cómo es el amor en los tiempos del cólera?¿Cómo se puede ser izquierdista en los tiempos de la beatificación mediática del neoliberalismo?
O, puesto de otra manera: ¿se puede ser socialista sin que se enojen los empresarios y los políticos socialistas?". Pues eso.
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Autor: jose
Fecha: 05/10/2007 23:29.
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Autor: Inés
Fecha: 08/10/2007 10:41.
Autor: Víctor Juan
Fecha: 09/10/2007 20:28.
Autor: Mariano
Fecha: 29/10/2007 15:29.
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Autor: Diego
Fecha: 22/04/2008 01:51.
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