En estos días las nubes sin lluvia se ciernen sobre nosotros. La crisis de Opel amenaza con sumirnos en una depresión colectiva. El mito del progreso capitalista una vez más ha hecho creer al público que se puede crecer sin límites. No nos bastó con las desgraciadas experiencias del siglo XIX. Pero como no leemos historia. Como nos hemos creído que eso del mafrxismo era un acné juvenil, pues eso, estamos cautivos y desarmados ante las necesidades del capital. Una vez más, el trabajo claudica y se somete, le hacen someterse las condiciones objetivas. Veremos en qué para todo, porque, como no me canso de repetir, nuestras fuerzas están agotadas, dispersas y sin ideas ni convicción; demasiados pasados al enemigo pensando en el fin de la historia.
Autor: carmen
Fecha: 23/09/2005 08:44.
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