Y hoy, sin más ni más, me ha entrado una incontenible nostalgia; la monotonía del lunes me ha herido en el segundo espacio intercostal derecho y sangro vacío y soledad a borbotones. Nada hay a mano para contener la hemorragia. Intento apretar la herida con una cataplasma de versos de Salinas y de Aresti, de Blas de Otero y de Celaya. Espero, espero no un milagro (no sea que se lo atribuyan a Juan Pablo II) sino una presencia. Sudo. Y me quedo quieto. Tal vez cuando llegue la noche el peligro haya pasado y me restituya de nuevo a la normalidad. Quizá mañana. Tal vez mañana. Mañana.
Autor: Anónimo
Joder, Herminio, tendrías que venir a ver a Palmira Plá. tengo que contarte cosas de Ponzán y muchas cosas, en general.
¡Viva Paco Ponzán !
Fecha: 18/04/2005 16:29.
Autor: Anónimo
Los versos son una buena cura, mejor las manos, mejor los ojos. Y es posible que nada reconforte: solo un paisaje, una mirada, una caricia, la belleza recordada.
Fecha: 19/04/2005 10:21.